Frustraciones y amarguras
No podemos negar que los que idealizamos un país en el cual todos viviríamos sin limitaciones económicas, con el pasar de los años nos hemos frustrado y lo que es peor, la amargura ha sido parte de nuestro diario desenvolvimiento.
Pensar que vamos a cambiar el modo de actuar de quienes dirigen la nación desde sus confortables oficinas, pretendiendo ser los altruistas que todo lo dan, es más que incongruente, si tomamos en consideración que todo lo que se promete se convierte en sofismas y nunca habrá la redención que tanto se espera.
Cuando veo lo que acontece alrededor de nosotros y escucho las expresiones ilusionadas de los que nada tienen, que piensan que llegó el cambio, me siento a meditar y mis pensamientos recorren retrospectivamente todo lo que ha acontecido a lo largo de más de tres décadas, llegando a la conclusión que nuestro pueblo no ha explotado porque ha sido sumamente paciente. Y así, después de la vuelta a la democracia podemos decir que nada ha mejorado a partir de lo que podríamos llamar la "nueva era". El pueblo que es la mayoría es más pobres cada día y el resto de la población que son los menos, viven holgadamente, lo cual no es justo.
La ciudadanía no ha podido sobreponerse al trauma que le causó la dictadura. Mientras que la exorbitante deuda externa pese sobre las espaldas del contribuyente, no podemos pensar que la situación mejore.
Se llega al poder y se tiene muy buenas intenciones más, si analizamos lo que hay que pagar por el servicio de la deuda externa, que no permite amortización a capital, más el despilfarro constante de los dineros del Estado, que pertenecen a toda la ciudadanía, sabemos que estamos condenados en un círculo vicioso al que difícilmente podemos superar.
El país se siguen debatiendo entre los problemas de salud, vivienda, educación y lo que es peor en una crisis de desempleo que se hace crónica con el pasar de los días.
Parte del proyecto de gobierno de uno de los grupos perdidos debiera tomarse muy en cuenta, especialmente en lo referente a dineros que se pagan a los favoritos del régimen de turno. El gobierno que inicia su gestión a partir del primero de septiembre venidero puede adoptarlo como idea suya.
¿Cuánto paga la nación a los cónsules favoritos que se hacen ricos o más ricos con esas entradas en los cinco años de los suyos en el poder? ¿Se podría eliminar esta lacra administrativa y que esos dineros sirvan para mejorar la salud del pueblo?
¿Cuánto se ganan los corredores de seguros para lo concerniente a los valores asegurables del Estado, y por qué el gobierno mantiene estas canonjías a particulares cuando podrían manejarse a través del Ministerio de Economía y Finanzas y que éstos entren a formar parte de los ingresos corrientes?. ¿No ayudaría a resolver problemas ingentes de la nación?.
Se ha hablado de cambios y hay que realizarlos. Se pueden hacer tomando en cuenta lo bueno del futuro gobierno, más lo que sea aceptable de las recomendaciones de los adversarios. Si esto se logra, hay esperanzas de que se cumplan las proyecciones de mejores días; de lo contrario el pueblo seguirá frustrado y amargado.
Pensar que vamos a cambiar el modo de actuar de quienes dirigen la nación desde sus confortables oficinas, pretendiendo ser los altruistas que todo lo dan, es más que incongruente, si tomamos en consideración que todo lo que se promete se convierte en sofismas y nunca habrá la redención que tanto se espera.
Cuando veo lo que acontece alrededor de nosotros y escucho las expresiones ilusionadas de los que nada tienen, que piensan que llegó el cambio, me siento a meditar y mis pensamientos recorren retrospectivamente todo lo que ha acontecido a lo largo de más de tres décadas, llegando a la conclusión que nuestro pueblo no ha explotado porque ha sido sumamente paciente. Y así, después de la vuelta a la democracia podemos decir que nada ha mejorado a partir de lo que podríamos llamar la "nueva era". El pueblo que es la mayoría es más pobres cada día y el resto de la población que son los menos, viven holgadamente, lo cual no es justo.
La ciudadanía no ha podido sobreponerse al trauma que le causó la dictadura. Mientras que la exorbitante deuda externa pese sobre las espaldas del contribuyente, no podemos pensar que la situación mejore.
Se llega al poder y se tiene muy buenas intenciones más, si analizamos lo que hay que pagar por el servicio de la deuda externa, que no permite amortización a capital, más el despilfarro constante de los dineros del Estado, que pertenecen a toda la ciudadanía, sabemos que estamos condenados en un círculo vicioso al que difícilmente podemos superar.
El país se siguen debatiendo entre los problemas de salud, vivienda, educación y lo que es peor en una crisis de desempleo que se hace crónica con el pasar de los días.
Parte del proyecto de gobierno de uno de los grupos perdidos debiera tomarse muy en cuenta, especialmente en lo referente a dineros que se pagan a los favoritos del régimen de turno. El gobierno que inicia su gestión a partir del primero de septiembre venidero puede adoptarlo como idea suya.
¿Cuánto paga la nación a los cónsules favoritos que se hacen ricos o más ricos con esas entradas en los cinco años de los suyos en el poder? ¿Se podría eliminar esta lacra administrativa y que esos dineros sirvan para mejorar la salud del pueblo?
¿Cuánto se ganan los corredores de seguros para lo concerniente a los valores asegurables del Estado, y por qué el gobierno mantiene estas canonjías a particulares cuando podrían manejarse a través del Ministerio de Economía y Finanzas y que éstos entren a formar parte de los ingresos corrientes?. ¿No ayudaría a resolver problemas ingentes de la nación?.
Se ha hablado de cambios y hay que realizarlos. Se pueden hacer tomando en cuenta lo bueno del futuro gobierno, más lo que sea aceptable de las recomendaciones de los adversarios. Si esto se logra, hay esperanzas de que se cumplan las proyecciones de mejores días; de lo contrario el pueblo seguirá frustrado y amargado.