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¡Fuera el batallonero Colamarco!


Quienes más fuimos perseguidos durante los aciagos de la dictadura hemos sido los que más capacidad de reconciliación hemos demostrado después del 20 de diciembre de 1989. Hoy vemos que los que hacían negocios a diestra y siniestra con los militares y que durante esos años, que algunos nos fajamos a diario poniendo en riesgo nuestras profesiones y a nuestra familia, ellos nada hacían. Ahora, son los que más golpes de pecho se dan señalando, cuales políticos impolutos, haciendo las veces de modernos fariseos y mercaderes del templo, nombramientos como el de Benjamín Colamarco, el Jefe de los Batallones de la Dignidad.
Porque conozco a los tres nuevos ministros, creo que alguien debe salirse de la línea del insulto y de la hipócrita crítica, a más 16 años de la invasión norteamericana, para decirle al Presidente Torrijos, que viendo los nuevos nombramientos en la balanza de lo bueno y lo malo, y lo productivo y lo que no, el país sale ganando con los mismos. Carlos Vallarino en el MEF, Olga Gólcher en Gobierno y Justicia, y Benjamín Colamarco en Obras Públicas, donde reemplaza a Vallarino, en mi humilde opinión, constituyen acertados nombramientos. Digo esto a sabiendas de las críticas que recibiré por externar estas opiniones, pero seguro de que lo hago sin esperar nada a cambio y seguro que, de encontrar algo malo de ellos en el camino, seré el primero en denunciarlo, tal como le hecho en los más 40 años de vida pública ciudadana que he tenido.
Para nadie que no fuera los que se hicieron ricos durante la dictadura, aunque a costa de prestar hasta sus cónyuges y hasta aguantar insultos y vejámenes de personas carentes de educación y cultura, fue fácil los 21 años de bota militar que vivimos en Panamá. El 4 de enero de 1990 tenía que estar en Smith Collage, en el Estado de Massachussets, en los Estados Unidos, donde me habían ofrecido un trabajo de profesor invitado. Por órdenes superiores, se me habían cerrado todas las puertas para ejercer mi profesión y mi familia no toleraba la situación, siguiéndonos el G-2 adonde íbamos, vigilando las 24 horas nuestro apartamento, para quedar detenido el 27 de noviembre de 1989 cuando regresábamos de la OEA en Washington y de dar una conferencia en Munich. Como en mi último viaje me habían retenido el pasaporte, quizás hubiese tenido que viajar por Howard para poder salir del país. Sin embargo, anteponiendo nuestros sentimientos a la construcción de la convivencia nacional que había necesidad de crear, procuramos sumar a todos los que quisieron a ese esfuerzo, así como lo hicieron ex guerrilleros en Colombia, como Antonio Navarro Wolf, y Teodoro Petkoff en Venezuela, hoy uno de los precandidatos presidenciales opositores para defenestrar del poder al lunático de Hugo Chávez.
Olga Gólcher, además de haber sido mi alumna en la Facultad de Derecho en la Universidad de Panamá, me hizo saber la clase de persona de convicciones que era. Al ser nombrado Alcalde de Panamá, ella estaba allí como Vice Alcaldesa. Por conocerla, le ofrecí quedarse conmigo y, aunque quizás lo hubiese necesitado, me dijo que no, porque su línea política era otra. Carlos Vallarino, al inicio del gobierno de Endara y siendo Rubén Darío Carles Contralor, durante varios meses actúo como Sub Contralor encargado, a pesar de ser un funcionario importante del antiguo régimen, cargo que desempeñó con especial dedicación, prestando valiosa ayuda a la construcción de la democracia que con tanto esfuerzo se hacía. Dejo a Benjamín Colamarco de último porque de los tres fue el único que estuvo preso por su directa participación en los Batallones de la Dignidad. Siendo Alcalde lo ví en la cárcel; al salir de allí estuvo en nosotros en el programa de TV que dirigía con Mario Rognoni. Lo conocí como alguien que miraba hacia delante como yo; quizás ambos éramos fichas de un juego más grande que lo que nosotros podíamos pensar: de los gringos o de los militares Como dije al momento de anunciarse la unión electoral del Partido Popular y del PRD: "Lo único que no cambian son las piedras". Hace unos meses, cuando vi que el entonces Director Catastro del MEF, daba una charla a los socios del Club Unión, me pregunté: ¿Quién ha cambiado: Colamarco o los socios del Club Unión?
Creo que la respuesta es muy sencilla: Todos los que quieren que el país siga hacia delante y nos dejemos de hipocresías vacías y de slogans que ya perdieron su vigencia por el tiempo transcurrido, hemos cambiado para bien; lo hacemos por el país. A los demás, que en el poder han demostrado estar llenos de lacras peores que las encontradas en la dictadura, le decimos que sigan diciendo: ¡Fuera el batallonero Colamarco!.
El autor es docente universitario.
(gcochez@cableonda.net)

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