Fuera la politiquería del IDAAN
El crecimiento de Panamá en los últimos decenios ha sido extraordinario. Su población se duplicó y las viviendas se expandieron, cambiando el viejo concepto del multifamiliar al de unifamiliar en un radio muy amplio de lo que antes constituían barriadas de altos edificios apiñados en la urbe capitalina. Con este desarrollo aumentaron también las exigencias de mayores servicios públicos: electricidad, teléfono, transporte y agua. El cuerpo humano está constituido en más de un 80 % de su anatomía en agua y necesita de este vital líquido para poder subsistir. Se puede prescindir de luz eléctrica, teléfono, y de muchas otras comodidades que hoy nos proporcionan los avances científicos logrados, principalmente, después de la II Guerra Mundial, pero no del agua, pues moriríamos en corto tiempo.
Cuando Panamá asumió la responsabilidad de dotar de agua a su población en nuestras ciudades principales -Panamá y Colón- lo hacía en sus inicios a satisfacción general. Por muchos años esto fue así. Teníamos gran cantidad y excelente calidad. Con el deterioro causado por el pasar de los años y a las malas administraciones, todo fue cambiando. La calidad desmejoró hasta llegar a niveles peligrosos y la cantidad se hizo insuficiente. Imperó el desgreño y no la eficiencia. Así tenemos que hoy el suministro de agua en Panamá constituye un completo desastre.
El gobierno anterior quiso, responsablemente, corregir la falta de agua en casi todas las barriadas aledañas y buscó afanosamente medidas para lograrlo entre ellas, inclusive, la privatización del IDAAN. Desafortunadamente se dio inicio prematuramente a la campaña política; el Presidente terminó su período y todo quedó como estaba. Hoy día, después de muchos titubeos, el Gobierno Nacional ha decidido por fin afrontar la solución de la carestía presente y futura del agua.
Ha llamado a la Asamblea Legislativa para que apruebe un proyecto que la ciudadanía todavía no conoce por no haber sido divulgado, pero que sus voceros aseguran que busca solucionar este problema de una vez por todas. El llamamiento por una semana a sesiones extraordinarias de la Asamblea nos parece muy corto y peligroso, porque el intento puede fracasar. El reglamento de la cámara legislativa exige un primer debate para el estudio, análisis y recomendación del proyecto por parte de la comisión correspondiente. Hoy, el PRD haciendo mayoría con sus aliados, ayer verdes y hoy azules, podría dilatar allí, con toda clase de subterfugio, la discusión del proyecto.
La necesidad obliga a muchos centenares de miles de panameños que hoy carecen de agua a exigir una respuesta rápida, sin tomar en cuenta cuáles van a ser las soluciones que se encuentren. La paciencia de los afectados está llegando a su límite y no permitirán que la clase política, por egoísmo sectario, interfiera en la solución de este prioritario problema.
Este asunto del IDAAN es de una prioridad nacional que, desafortunadamente, se ha enfocado con un criterio sectario muy pequeño. El financiamiento que el IDAAN requiere para la obra, abre un abanico de opciones y posibilidades, pero se requiere, eso sí, voluntad, desprendimiento político y elevación de nuestra clase política para encontrar la forma que más beneficie el interés nacional.
Es indispensable, cualquiera que sea la fórmula de financiar las necesidades multimillonarias del IDAAN, que se le dé a éste una total independencia administrativa; que su consejo directivo esté constituido por profesionales y gente seria que inspire confianza en los círculos financieros y, por supuesto, en la comunidad. Que deje de ser esta institución un botín político. Si no se dan los cambios profundos en sus estructuras, no importa cuántos millones se destinen en su ampliación, en un par de lustros quedaremos con las mismas limitaciones de hoy.
Es lamentable que quienes ayer propugnaron por medidas extremas, incluyendo su privatización, hoy sean los mismos que, ahora utilizando una retórica que disfraza sus verdaderas intenciones políticas, hayan asumido una actitud negativa frente al problema del IDAAN. Después de lo sucedido con el SIACAP que dio al traste con el ahorro nacional, se pueden esperar otras contradicciones que demuestran de algunos poca intención de despojarse del sectarismo frente a la agenda nacional. El gobierno, por su parte, debe comprender que sólo uniendo criterios y actuando con amplitud se puede encontrar la solución a esta gravísima crisis. Prudente sería el que, antes de hacer el llamado a estas sesiones extraordinarias, se hubiera tratado previamente de lograr en un esfuerzo consensuado, la fórmula para solucionar la escasez del agua, al igual que se deben hacer otros asuntos vitales para la nación que deben ser discutidos en el diálogo nacional que tendría la mediación de la Iglesia Católica, como son el desempleo, el ensanche del Canal y la corrupción, entre otros.
Tratemos, aunque conlleve un gran esfuerzo, de encontrar entre todos una fórmula inteligente y beneficiosa para los miles de panameños que viven en la desesperanza de no tener agua. El tiempo apremia, el pueblo no aceptará más excusas y condenará a quienes quieran hacer política con el IDAAN.
Cuando Panamá asumió la responsabilidad de dotar de agua a su población en nuestras ciudades principales -Panamá y Colón- lo hacía en sus inicios a satisfacción general. Por muchos años esto fue así. Teníamos gran cantidad y excelente calidad. Con el deterioro causado por el pasar de los años y a las malas administraciones, todo fue cambiando. La calidad desmejoró hasta llegar a niveles peligrosos y la cantidad se hizo insuficiente. Imperó el desgreño y no la eficiencia. Así tenemos que hoy el suministro de agua en Panamá constituye un completo desastre.
El gobierno anterior quiso, responsablemente, corregir la falta de agua en casi todas las barriadas aledañas y buscó afanosamente medidas para lograrlo entre ellas, inclusive, la privatización del IDAAN. Desafortunadamente se dio inicio prematuramente a la campaña política; el Presidente terminó su período y todo quedó como estaba. Hoy día, después de muchos titubeos, el Gobierno Nacional ha decidido por fin afrontar la solución de la carestía presente y futura del agua.
Ha llamado a la Asamblea Legislativa para que apruebe un proyecto que la ciudadanía todavía no conoce por no haber sido divulgado, pero que sus voceros aseguran que busca solucionar este problema de una vez por todas. El llamamiento por una semana a sesiones extraordinarias de la Asamblea nos parece muy corto y peligroso, porque el intento puede fracasar. El reglamento de la cámara legislativa exige un primer debate para el estudio, análisis y recomendación del proyecto por parte de la comisión correspondiente. Hoy, el PRD haciendo mayoría con sus aliados, ayer verdes y hoy azules, podría dilatar allí, con toda clase de subterfugio, la discusión del proyecto.
La necesidad obliga a muchos centenares de miles de panameños que hoy carecen de agua a exigir una respuesta rápida, sin tomar en cuenta cuáles van a ser las soluciones que se encuentren. La paciencia de los afectados está llegando a su límite y no permitirán que la clase política, por egoísmo sectario, interfiera en la solución de este prioritario problema.
Este asunto del IDAAN es de una prioridad nacional que, desafortunadamente, se ha enfocado con un criterio sectario muy pequeño. El financiamiento que el IDAAN requiere para la obra, abre un abanico de opciones y posibilidades, pero se requiere, eso sí, voluntad, desprendimiento político y elevación de nuestra clase política para encontrar la forma que más beneficie el interés nacional.
Es indispensable, cualquiera que sea la fórmula de financiar las necesidades multimillonarias del IDAAN, que se le dé a éste una total independencia administrativa; que su consejo directivo esté constituido por profesionales y gente seria que inspire confianza en los círculos financieros y, por supuesto, en la comunidad. Que deje de ser esta institución un botín político. Si no se dan los cambios profundos en sus estructuras, no importa cuántos millones se destinen en su ampliación, en un par de lustros quedaremos con las mismas limitaciones de hoy.
Es lamentable que quienes ayer propugnaron por medidas extremas, incluyendo su privatización, hoy sean los mismos que, ahora utilizando una retórica que disfraza sus verdaderas intenciones políticas, hayan asumido una actitud negativa frente al problema del IDAAN. Después de lo sucedido con el SIACAP que dio al traste con el ahorro nacional, se pueden esperar otras contradicciones que demuestran de algunos poca intención de despojarse del sectarismo frente a la agenda nacional. El gobierno, por su parte, debe comprender que sólo uniendo criterios y actuando con amplitud se puede encontrar la solución a esta gravísima crisis. Prudente sería el que, antes de hacer el llamado a estas sesiones extraordinarias, se hubiera tratado previamente de lograr en un esfuerzo consensuado, la fórmula para solucionar la escasez del agua, al igual que se deben hacer otros asuntos vitales para la nación que deben ser discutidos en el diálogo nacional que tendría la mediación de la Iglesia Católica, como son el desempleo, el ensanche del Canal y la corrupción, entre otros.
Tratemos, aunque conlleve un gran esfuerzo, de encontrar entre todos una fórmula inteligente y beneficiosa para los miles de panameños que viven en la desesperanza de no tener agua. El tiempo apremia, el pueblo no aceptará más excusas y condenará a quienes quieran hacer política con el IDAAN.