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Fuga de las prisiones


Con tantas debilidades gubernamentales cómo no entender la preferencia opositora de los votantes. Aunque se haya perdido la cuenta de las fugas ocurridas en los centros carcelarios del país, puede afirmarse que nunca antes este fenómeno había sido tan recurrente. Una de dos, o el gobierno es malo y los delincuentes han demostrado mayor inteligencia, o la intencionalidad del hecho encuentra asidero en una premeditada negligencia oficial.

Aunque no hay nada concluyente, lo cierto es que cada vez que se fuga algún preso de la Joya, o la Joyita, una ciudadanía estupefacta mira hacia al gobierno, y hacia todo lo que lo representa, pasado o futuro.

Lo que más llama la atención es que, pese a lo repetido del hecho, desde el gobierno no pareciera provenir esfuerzo alguno, y al cabo de algunos meses de ocurrida una fuga, otra vuelve a registrarse. Nadie cree, sin embargo, que sea por falta de capacidad. Por el contrario, la recurrencia es tal que esto ya se percibe como intencional, lo que deviene en una herencia negativa, un mal recuerdo, gran daño a la popularidad del gobierno que está por terminar y reto descomunal al que debe elegirse el 3 de mayo.

101 años de Panamá América

 
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