Fugas de nuestras cárceles
En más de una ocasión hemos sostenido que no es fácil que en las cárceles se produzcan fugas de prisioneros sin la cooperación de los propios custodios.
En la reciente fuga frustrada los reclusos se habían excavado ya 25 metros y fueron descubiertos cuando les faltaba poco por llegar al calculado punto de salida.
Las autoridades han manifestado que se descarta que haya habido custodios ligados a la misma.
Nosotros abrigamos serias dudas sobre el particular. El acomodo de 90 fundas o sacos contentivos de la tierra, que fueron descubiertos en la celda de los reclusos, tapados con sábanas y debajo de las camas que ellos habían juntado era, a simple vista, motivo de sospecha para cualquiera. Por tanto, el saber cómo se obtuvieron los instrumentos que se usaron para las excavaciones no tiene mayor importancia. Lo que sí es preciso investigar con esmero, es cómo entraron a la celda, entre fundas y sacos, las 90 unidades que se usaron para almacenar la tierra. Tuvieron que ser introducidas poco a poco y en muy pequeña cantidad cada vez puesto que, aunque vacíos, constituyen bultos que no podrían escapar de ser descubiertos a la entrada. Eso solo podría llevarse por una o más personas no sujetas a registro.
Esperamos que no se nos tenga por suspicaces; ello no puede pensarse, puesto que la sospecha de muchos se cierne implacablemente frente a las circunstancias.
Ojalá el recién designado director del Sistema Penitenciario, pueda investigar, ubicar y expulsar del sistema, a las unidades de custodios y policiales, que se han prestado para ésta y otras trampas.
En la reciente fuga frustrada los reclusos se habían excavado ya 25 metros y fueron descubiertos cuando les faltaba poco por llegar al calculado punto de salida.
Las autoridades han manifestado que se descarta que haya habido custodios ligados a la misma.
Nosotros abrigamos serias dudas sobre el particular. El acomodo de 90 fundas o sacos contentivos de la tierra, que fueron descubiertos en la celda de los reclusos, tapados con sábanas y debajo de las camas que ellos habían juntado era, a simple vista, motivo de sospecha para cualquiera. Por tanto, el saber cómo se obtuvieron los instrumentos que se usaron para las excavaciones no tiene mayor importancia. Lo que sí es preciso investigar con esmero, es cómo entraron a la celda, entre fundas y sacos, las 90 unidades que se usaron para almacenar la tierra. Tuvieron que ser introducidas poco a poco y en muy pequeña cantidad cada vez puesto que, aunque vacíos, constituyen bultos que no podrían escapar de ser descubiertos a la entrada. Eso solo podría llevarse por una o más personas no sujetas a registro.
Esperamos que no se nos tenga por suspicaces; ello no puede pensarse, puesto que la sospecha de muchos se cierne implacablemente frente a las circunstancias.
Ojalá el recién designado director del Sistema Penitenciario, pueda investigar, ubicar y expulsar del sistema, a las unidades de custodios y policiales, que se han prestado para ésta y otras trampas.