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Fujimori y Milosevic


Varios miles de kilómetros, al igual que sustantivas diferencias culturales, separan a la República del Perú de la República Federativa de Yugoslavia que en vida de su creador, el Mariscal Tito, estaba formada por seis repúblicas y dos regiones autónomas y que ahora ha quedado reducida a las de Serbia y Montenegro.
La Yugoslavia de Tito se sostuvo sobre tres pilares: el Partido Comunista, el Ejército Federal y el indiscutido liderazgo del mariscal. Después de su muerte, las repúblicas que la conformaban evidenciaron su propósito de seguir caminos separados y, a pesar de la resistencia a sus esfuerzos por parte del señor Milosevic, sucesivamente se separaron Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Macedonia.
A pesar del desmembramiento de la antigua Yugoslavia y aunque internamente su piso político se había debilitado considerablemente, después de 13 años en el cargo, el señor Milosevic se aferró al poder del que ahora ha sido desplazado por una alianza heterogénea de fuerzas políticas que coincidieron en el denominador común de rechazar al dictador.
En principio, puede considerarse que con la salida de Milosevic Yugoslavia se encamina hacia un régimen democrático. La asunción del cargo por su vencedor en las elecciones federales, el señor Kostunica es el primer paso en esa dirección, pero el futuro es todavía muy incierto.
En el caso del Perú, el presidente Fujimori después de 10 años en el cargo, a pesar de haberse adjudicado el triunfo en las elecciones de su país, no pudo consolidar un gobierno con capacidad de gobernar efectivamente y, luego, de los últimos escandalos protagonizados principalmente por su más cercano colaborador, el señor Montesinos, es sólo cuestión de tiempo para que tenga que dejar el poder. Cuando esto se produzca, el Perú comenzará su retorno a la democracia, pero el futuro es también incierto.
Las circunstancias históricas y políticas por las que han transitado el Perú y Yugoslavia son de naturaleza diferente, pero en ambos casos, la vuelta a un régimen verdaderamente democrático depende más de la capacidad de los opositores a Fujimori y Milosevic, que de sus salidas del poder.
En Yugoslavia, el nuevo presidente está apoyado por una coalición de 18 partidos políticos que tendrá que ponerse de acuerdo para darle un apoyo lo suficientemente fuerte que le permita superar los rezagos de poder todavía en manos de los aliados de Milosevic. Y si a ese reto, de por si difícil, se agrega el hecho de que esos aliados del presidente derrotado mantienen el control del gobierno de Serbia, que es la parte más importante de la República Federal, es evidente que todavía habrá que recorrer un largo camino para que ese país vuelva a la normalidad democrática.
En el caso del Perú, frente a las próximas elecciones han comenzado a aflorar más aspiraciones de las recomendables para suceder a Fujimori. Si sus opositores que, unidos y con el apoyo de la comunidad internacional pudieron crear las condiciones que lo obligarán a dejar el cargo, no comprenden que su división podría dar al traste con el proyecto democratizador, el camino del retorno a la democracia en el Perú se vislumbra plagado de más riesgos que posibilidades.

101 años de Panamá América

 
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