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Fundamentalismo de la corrupción



Algunos estudiosos han pensado que la sociedad se formó por un contrato social entre los individuos, otros han pensado que ha sido por leyes naturales y otros, los teólogos, que se debe a concesión divina. En lo que han coincido todos es en que existe una ley de convivencia entre los humanos que dice que para que la sociedad sea estable y beneficiosa todos debemos cooperar en la medida de nuestras posibilidades y fuerzas; unos tienen más inteligencia, otros tienen más fuerza y otros tienen el factor suerte, lo que se conjuga para indicar que en la sociedad cada individuo es mutuamente dependiente y mutuamente debe protegerse colaborativa y solidariamente creando un fondo común para beneficio de todos, por lo tanto nadie debe tomar más de lo que necesite y dejar a los otros sin nada con qué suplir sus necesidades. Sin embargo en esas sociedades surgieron hombres que tuvieron ideas para someter a sus semejantes de manera impositiva por lo que aparecieron otros que se opusieron, y nacieron los fundamentalismos. La Historia ha enseñado que siempre ha existido el fundamentalismo político de izquierda y de derecha. Asimismo los fundamentalismos religiosos que aún persisten.

Textos encontrados indican que desde el inicio de la Historia las autoridades implantaron normas que establecían que su quebrantamiento conllevaría castigos mediante el ojo por ojo, diente por diente, mutilación de mano, brazo y hasta la cabeza del transgresor, para mitigar el daño.
Siempre habrá quienes crean ser más astutos, inteligentes y superiores que el resto de la sociedad y, con la ostentación del poder gubernamental, sustraer lo que no deben, sin castigo.
La razón que lleva a la gente a la corrupción es la visión de una vida llena de lujos y de placeres, sin necesidades apremiantes; el de navegar sobre una ola suave como un barquito hecho de cáscara de nuez.
Actualmente por los aires de América vuela el organismo patógeno del fundamentalismo de corrupción que infecta todo lo que tiene cerca. Lo grave de ese fundamentalismo es que aparece acompañado por otros: el de la indiferencia y el de la resignación.
La noticia que publica el diario brasileño "Folha" es sobre el fundamentalismo cínico que nos quiere imponer la empresa brasileña Odebrecht - enferma de nacimiento por el gen de la corrupción - entregando a los gobiernos, donde corrompieron, los nombres de sus principales corruptos.
Los representantes de la compañía hicieron la propuesta de "armisticio" a los fiscales de Argentina, Colombia, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Venezuela durante un reciente encuentro en Brasilia, señaló el periódico, que cita como fuente a abogados de Odebrecht.
Como contrapartida, la constructora espera que cesen las "medidas hostiles" contra ella. Esto implica que le permitan terminar las obras iniciadas y las aún por iniciar para pagar las multas y acuerdos de delación premiada a los que llegaron. Si el Gobierno panameño aceptara esta oferta, sería el peor ejemplo de complicidad, inmoralidad e impunidad que se pueda tener en nuestra historia.
Es una falacia la premisa que están abanicando los más interesados en aceptar esta oferta cual es que esa empresa es la única que tiene la experticia en la construcción de las obras que lleva a cabo. Son los que promueven el lema de “caiga quien caiga” porque ellos seleccionarán a los chivos más molestos. Parece que la cárcel no amedrenta a los delincuentes, pues saben que algún día terminará el periodo del castigo, saldrán y gozarán el remanente de lo robado, se ponen una concha y no les hace mella el escarnio público; confían en que la gente se le olvida lo que malhicieron.
El castigo no debe ser tras los barrotes, sino en la calle prestando el servicio de recoger basura, considerado de importancia, auxiliar y previsión de la salud. Se les debe condenar a casa por cárcel. No en sus lujosas casas, sino en barriadas, señaladas por la justicia, de las consideradas más pobres e insalubres, sin agua, para que aprendan a vivir en pobreza, con vecinos pobres, que sepan que esa vida existe por su corrupción. Sus familias deben acompañarlos en esa condena, porque ellas, viendo el cambio de vida de medianía a la opulencia sin justificación, y aceptándola, se hacen cómplices y así todos aquellos que sabiendo lo que se está robando no lo denuncia a tiempo.
El fundamentalismo de la indiferencia es el que proclama que lo que está pasando es entre los poderes económicos, los políticos y sus secuaces y como la política es sucia, no se embarran, por eso no se mete en nada.
El fundamentalismo de la resignación es el del cobarde. Se la pasa lloriqueando que siempre ha sido así y no sucederá nada, culpando al pueblo de flojo porque no se levanta y protesta. Parece que espera el turno de su sacrificio en el matadero. Es el que mira al cielo y espera resignado que la justicia divina se encargue. Se la pasa en las iglesias rezando para que aparezca otro mesías.
Queda al ciudadano que no transita en ninguno de esos fundamentalismos protestar encolerizada y continuamente hasta que caigan todos los corruptos.

Docente universitario

101 años de Panamá América

 
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