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Fundamentalismo, hipocresía y relativismo moral


Araíz de un texto que publiqué en este diario ("La intolerancia y los presos de conciencia", 20 de septiembre de 2004), recibí la curiosa visita de un amigo, quien vino a verme a mi oficina con el expreso propósito de impugnar, desde su punto de vista (marxista), mi supuesta falta de objetividad moral y mi manifiesta "ingenuidad" en dicho escrito.
Según mi amigo, la situación de tener presos de conciencia en Cuba se fundamenta en el supuesto imperativo de defender el bien de la colectividad y de su proyecto sociopolítico, asediado por Estados Unidos (EU). Este punto de vista no es nuevo. Ayer, sirvió para enviar a millones de inocentes a los Gulags, para invadir a Hungría y a Checoslovaquia, para sostener los excesos aberrantes de la Nomenklatura corrupta y para imponer un régimen totalitario y pseudo-justiciero, que terminó desmoronándose por sí solo, con los consabidos resultados actuales. Y aún hoy, estos argumentos siguen empleándose para defender hipócritamente contrasentidos como los secuestros y el tráfico de drogas o el cercenamiento de libertades y derechos de millones de personas, a nombre de la causa reivindicativa "de los pobres".
Curiosamente, este tipo de "racional" justificadora de la arbitrariedad, me recuerda muchísimo el discurso cotidiano de George Bush, quien echa mano de los mismos argumentos del fundamentalismo ideológico (esta vez, desde la derecha) para justificar sus acciones. Su visión mesiánica, en donde asume como misión personal el conducir una supuesta lucha global contra el terrorismo, le ha llevado a contrariar caprichosamente los mandatos de la legalidad internacional y a desoír la voz de todo el planeta (incluso de sus propios aliados), optando por el unilateralismo y por la incendiaria teoría de las "guerras preventivas". Las propias palabras de Bush ("o están con nosotros o están con los terroristas...") son el mejor ejemplo de ese estrecho, irresponsable y equivocado modo de discurrir (y de actuar). Esta lógica, contradictoria y acomodaticia, lleva a que algunos presidentes de EU (especialmente, republicanos) hayan promovido aberraciones y negaciones a la esencia misma sobre las cuales se fundó su propia república democrática. Ahí están Abú Grahib y Guantánamo, como testigos vergonzosos de lo que ha sido este equivocado unilateralismo.
Curiosamente Bin Laden y sus secuaces asesinan cobardemente a nombre de una causa mesiánica. Los talibanes imponían su régimen totalitario y sanguinario, supuestamente defendiendo los valores del "verdadero islamismo". Un judío ortodoxo fanático asesinó a Yitzak Rabin, a nombre de una "causa superior", que él sentía agraviada. Al final de cuentas, todos los extremismos comparten su naturaleza rabiosamente intolerante, sus fines pseudosalvíficos y, en mayor o menor medida, hasta muchos métodos arbitrarios y brutales.
El español Juan Luis Cebrían, en "El Fundamentalismo Democrático" (2004), trata de esta aberración común, de este vicio en el que convergen las actitudes de los dogmáticos de izquierda y de derecha, cristianos o musulmanes, ateos o creyentes, en fin, ortodoxos intolerantes de cualquier tipo. Dice que: "...fundamentalista es, en realidad, todo aquel que entiende que existe una única manera de ser y una única manera de hacer, para una única manera de pensar...".
Casi siempre, este fundamentalismo se arropa en un supuesto altruismo: librarnos de los opresores capitalistas, de los enemigos de la democracia, de los terroristas musulmanes, etc. Cada bando dice tener la razón ética, moral, histórica, política, teológica, en fin, para hacer lo que hacen, en contra de la voluntad y de los derechos de los demás. Nos obligan a tragarnos su "medicina" a la fuerza, pues según ellos, es por nuestro propio "bienestar". En base a la imposición, vulneran atrozmente la dignidad de terceros, convirtiendo aspectos básicos como los derechos humanos y sociales o la verdadera democracia, en meros asuntos de interpretación acomodaticia y circunstancial. Sobre esto, sostiene que "...Un intento de comprensión (de este fenómeno) nos puede llevar a suponer que este fundamentalismo responde a un afán bien intencionado de perfeccionismo, a un esfuerzo por hacer coherente lo que se vive con lo que se piensa o cree...". Luego, "...un fundamentalista (de izquierda o de derecha) es, en definitiva, un integrista, alguien tan convencido de que tiene la razón que está dispuesto a imponerla a los demás, para el bien de ellos y que no ha de reparar en métodos (aún brutales) a la hora de hacerlo...".
Hoy vivo convencido de la necesidad de luchar contra ese pernicioso modo de pensar y de actuar de los intolerantes fundamentalistas que ven el mundo en la medida de lo que ellos consideran correcto, según sus intereses. Me ratifico en la urgencia por guardar coherencia individual, para con algunos simples principios que resumen nuestra condición humana: Nuestro deber de difundir y preservar los valores universales de los derechos humanos, del respeto a la diversidad, de la tolerancia y auténtica democracia representativa y participativa. Nuestra suprema obligación de luchar por la sagrada defensa de la vida. Nuestro imperativo moral de salvaguardar la dignidad, la igualdad y la libertad de las personas, todas, sean quienes sean y estén en donde estén. Como el poeta Raúl Rivero, a quien envío un saludo y un abrazo, en su amarga e injusta celda.
(luis.wong@eudoramail.com)
El psiquiatra forense del Instituto de Medicina Legal, Alejandro Pérez, estimó que Julissa Ortega podría ser una mitómana y por ello ha dado a las autoridades varias versiones sobre la desaparición de la niña Mónica Serrano.
Sin embargo, estimó que se debe realizar una serie de evaluaciones psiquiátricas y sicológicas para determinar su estado mental, pues en estos casos es recomendable efectuar un análisis integral.
Pérez detalló que es muy difícil para una persona fingir demencia, ya que un especialista capacitado rápidamente advierte cuándo un paciente está simulando un estado emocional que no corresponde con su realidad.
También detalló que en sus 10 años de experiencia ha manejado una gran cantidad de estados patológicos de pacientes involucrados en la comisión de diversos actos delictivos, quienes han tratado de burlar a la justicia.
La aplicación de las prueba de ADN puede ser determinante para hallar indicios y evidencias de quiénes participaron en estos hechos.
Hace poco el Ministerio Público suscribió con la empresa española Genómica-Ibadesa S.A., un contrato para la instalación de un laboratorio de ADN, que permitirá el análisis de muestras biológicas recabadas en el lugar del crimen.
En el contrato la empresa española Genómica Ibadesa, se compromete a instalar una unidad de análisis biomolecular.
También laboratorios de huella genética, serología forense, fibras y pelos y un banco de datos de ADN que servirá para cotejar las muestras obtenidas con la de posibles delincuentes.
El director del Instituto de Medicinal Legal, Humberto Mas, aseguró que los equipos permiten la investigación de casos graves en donde resulta difícil ubicar a los sindicados en la escena del crimen. Precisó que la prueba de ADN tiene un 99% de certeza y ello hace posible identificar a una persona responsable de un crimen, a pesar de la ausencia de testigos.

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