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Fundamentalistas en América


El extremismo islámico no se circunscribe a Oriente Medio, su expansionismo criminal llega a todos los continentes. La demostración más devastadora de esa siniestra presencia fue el 11 de septiembre del año anterior, cuando en Estados Unidos se perpetraron atrocidades sin precedentes. En Buenos Aires, la Embajada de Israel y la Asociación Judía, en 1992 y 1994, respectivamente, fueron blanco de atentados, atribuidos a Hezbollah, que dejaron centenares de víctimas y grandes destrucciones materiales.
¿Se podrá descartar la vinculación de los terroristas musulmanes con los narcoterroristas colombianos, aún más si se considera sus comunes e implacables odios, la identidad en cometer incalificables acciones y los universales nexos con el narcotráfico? Los países limítrofes con Colombia deben intensificar esfuerzos para descubrir estas ramificaciones virulentas que, por su naturaleza, crecen ocultas.
Jamás se puede justificar posiciones ambiguas o indolentes frente a la violencia que acecha al continente americano y, sobre todo, a las naciones andinas, debido a su cercanía con la República de Colombia donde el terrorismo se desborda, indeteniblemente. Lo que sucede en las zonas fronterizas con Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil, demanda hechos oportunos y persistentes, para evitar que el flagelo terrorista contamine a estas patrias que deben ubicar a la paz como su máximo patrimonio actual, a fin de que se la defienda con responsabilidad y energía.
No se debe olvidar que las FARC tienen conocidos vínculos con grupos delictivos y armados de por lo menos dieciocho naciones. La solapada presencia de ETA en territorio colombiano no es para estrechar los históricos vínculos entre Iberia y América Latina sino para fomentar el terror. A raíz de la detención de tres irlandeses, pertenecientes al IRA y acusados de entrenar a los narcoguerrilleros en el manejo de explosivos, la prensa colombiana informó que esos ciudadanos habían estado probando, en el Caguán, la eficacia de una superbomba calificada, por sus devastadores efectos, como pequeño artefacto nuclear, en vista de su capacidad para matar en segundos a cientos de personas y destruir un búnker. ¿Se podrá afirmar categóricamente que el fundamentalismo musulmán ha rechazado intervenir en una república de tanto conflicto como la colombiana, donde mueren, por efectos de la virulencia armada, tres personas cada hora? ¿Si se ha detectado que tan sólo Al Qaeda, la organización del infame Osama bin Laden, opera en cuarenta y cinco países de los dos hemisferios?
Señales sobre el particular no faltan. Por hoy, deseo singularizar lo que está aconteciendo en Brasil. De acuerdo a lo publicado por periódicos de ese país, el ciudadano libanés Mikhael Youssef Nassar y su esposa, Marie Noel Nassar, fueron emboscados y asesinados en Sao Paulo, acusándose de estos homicidios a Hezbollah y Siria, por cuanto este grupo y los sirios odiaban al empresario victimado, en razón de que prestó servicio militar a la milicia cristiana Fuerza Libanesa que combatió a las huestes musulmanas, en la guerra civil de 1975-1990; luego, ya en el Brasil, desde l997, contrabandeaba armas para la indicada Fuerza y la ex República de Yugoslavia, las milicias antimusulmanas de los Balcanes y diversos grupos radicales.
Se conoce que en Ciudad del Este, donde confluyen las fronteras de Brasil, Argentina y Paraguay, se refugian y se mueven esta clase de células del mal, junto a varios de sus financistas. Se ha publicado que, en esta explosiva zona, hay establecimientos de extremistas árabes que difunden propaganda fundamentalista islámica e incluso campamentos de entrenamiento terrorista.
Hay varios acusados de mantener esta clase de vínculos y de realizar actividad para Hezbollah, como los libaneses Jack Karim Diab (Paraguay) y Assad Ahmad Barakat (Foz de Iguazú, Brasil). A este último, inclusive se le ha incriminado en pretender matar a otro empresario libanés residente en la Triple Frontera, Ali Ahmad Zaioun, mediante el pago de cincuenta mil dólares a una joven que le denunció: "El quería que sufriera, matarlo directamente no basta, Barakat dijo que matar a Ali Zaioun era ayudar a la causa de Dios y a la comunidad árabe" (ABC Color, Asunción, 13-3-02).
El terrorismo no tiene fronteras de ninguna especie, por ello se lo debe enfrentar en ámbito continental y ecuménico, de lo contrario los esfuerzos exclusivamente nacionales serían insuficientes.
Analicemos nuestras posibilidades de contribuir en esta tarea, sólo así podremos enterarnos de cuán útiles resultamos cuando se unan esos esfuerzos que hoy el país requiere para dar más tranquilidad a todos, ofreciendo mejor seguridad a quienes día a día llevamos adelante el progreso de la Nación.

101 años de Panamá América

 
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