Funesto proceder
La actitud asumida por la presidenta de la República, Mireya Moscoso, de hacer propaganda política las 24 horas del día a favor del candidato oficialista, sienta un precedente funesto para la incipiente democracia en nuestro país. Aunque le asista el derecho, como ella aduce, por integridad y respeto al pueblo, debe abstenerse de hacerlo. Hay posiciones encontradas sobre el artículo 130 de nuestra Constitución Política, y como no soy abogado, no voy a hacer un análisis jurídico ni a entrar en legalidades sobre la materia. Pienso, más bien, que el asunto es cuestión de moral, de ética y de respeto al pueblo, características que este gobierno ha pisoteado en sus cuatro años de gestión. Lo cierto es que si de la interpretación del espíritu del artículo 130 se concluye que el Presidente puede hacer política partidista a favor del candidato oficialista las 24 horas del día, entonces es un deber ineludible reformar nuestra Carta Magna, ya que de ser así, qué sentido tiene haber prohibido exhibir en los despachos públicos la foto del mandatario de turno si no es a éste a quien se le está haciendo propaganda. Supongamos por un momento que fundamentado en el argumento de la presidenta Moscoso, el próximo gobernante de este país siga su ejemplo desde que asume el cargo, cuánto derroche de recursos del Estado no podría hacerse para beneficiar al candidato oficialista escogido por el partido gobernante para sucederle en el cargo. Daríamos al traste con la alternabilidad del poder que propugnan y debe existir en las democracias.
Me ruboriza el desparpajo con que la presidenta Moscoso ha dicho que ni los ex presidentes Guillermo Endara ni Ernesto Pérez Balladares hicieron uso de este "derecho", pero que ella sí lo va a hacer. ¿Qué mensaje le estamos enviando a los funcionarios con esta posición? De alguna forma se influye en ellos. Existe el argumento de que los funcionarios electos por el voto popular (como alcaldes, legisladores, representantes de corregimiento y presidente de la República) pueden hacer propaganda política a cualquier hora del día, pero por ética y para evitar tentaciones deben evitarlo.
La utopía de que no se utilicen los recursos y la maquinaria estatales a favor del candidato oficialista, cuando el Presidente se siente con el supuesto derecho de hacerle propaganda a toda hora, no se la cree nadie. Eso es, sencillamente, faltarle el respeto al pueblo.
Existen mil maneras de utilizar muy disimuladamente los recursos del Estado en proselitismo político partidista, y eso lo saben quienes llegan al poder. Y hasta en la supuesta democracia más prístina del mundo, Estados Unidos, es una verdad de a puño. Pero comparar los controles que se pueden ejercer, en esta materia, en un país desarrollado y con sólidas estructuras de gobierno, con los que se puedan poner en marcha en un país como el nuestro, donde la falta de credibilidad es la tónica en nuestros órganos de poder, es querer comparar las habilidades físicas de un atleta con las de un fumador y bebedor de cerveza.
Hasta ahora se había mantenido cierta distancia, o al menos discreción, entre las funciones del Presidente de la República y su obligación para con el país y el pueblo que lo eligió, con las de su actuar como miembro del colectivo político al que pertenece. La actual mandataria parece haber olvidado que ella es presidenta de un país y que, en el ejercicio de este cargo, su papel debe estar por encima de su inclinación política y gobernar a favor de todos los panameños.
Causa extrañeza que a un viceministro se le quiera enjuiciar y separar del cargo por, supuestamente, usar tiempo del Estado en proselitismo y a la Presidenta, máxima magistratura del país, se le diga que sí puede hacerlo. El ejemplo debe venir de arriba hacia abajo. Pero vuelvo al punto de otros escritos que he publicado, en este gobierno se han trastocado los valores, y lo que antes era malo hoy es bueno; lo que se criticó del gobierno pasado ahora se hace con mayor descaro. Raya en la desfachatez que se critique tanto al PARLACEN; sin embargo, la Presidenta dice que no pretende renunciar a su derecho de pertenecer a este organismo y ahora, en una contradicción sin límites, diga que se debe eliminar. Igual, que si sus dos predecesores en el poder no hicieron uso del "derecho" de hacer política partidista las 24 horas del día, ella sí lo va hacer.
Me asalta una duda: si el candidato oficialista estuviera en una posición de ventaja en las encuestas, ¿asumiría la mandataria igual comportamiento? Creo que no, lo que lleva a concluir que la actitud de la Presidenta denota desesperación en las filas de "Visión de país" y de alguna forma, hay que subirle el perfil al candidato por esa alianza.
Los arnulfistas parecen no aprender; la presidenta Mireya Moscoso, al igual que el ex presidente Guillermo Endara, han tenido en bandeja de oro la oportunidad de hacer un gobierno que abra, en transparentes procesos electorales, la mejor de las posibilidades de dejar en manos de otro copartidario suyo las riendas del país. Moscoso, por ser la primera mujer en la historia de Panamá en llegar a tan alto cargo; Endara, por haber asumido las riendas de un país devastado por una dictadura y haberlo reconstruido. Ambos han fallado, de Endara lo dice el arribo al poder del PRD en las elecciones del "94, y de Mireya Moscoso, el descontento popular con su gestión y que estamos seguros se hará manifiesto el 2 de mayo próximo.
Reitero, la mandataria ha perdido la oportunidad de oro de hacer una digna representación de la mujer panameña como Presidenta de la República para caer en actitudes que chocan con las expectativas del pueblo y echan por tierra futuras pretensiones del mal llamado sexo débil para ocupar nuevamente tan alto cargo. Lejos de trascender el puesto, éste la ha trascendido y con su actitud, marca un hito funesto que abre las puertas a un proceder político sumamente perjudicial para la nación.
Me ruboriza el desparpajo con que la presidenta Moscoso ha dicho que ni los ex presidentes Guillermo Endara ni Ernesto Pérez Balladares hicieron uso de este "derecho", pero que ella sí lo va a hacer. ¿Qué mensaje le estamos enviando a los funcionarios con esta posición? De alguna forma se influye en ellos. Existe el argumento de que los funcionarios electos por el voto popular (como alcaldes, legisladores, representantes de corregimiento y presidente de la República) pueden hacer propaganda política a cualquier hora del día, pero por ética y para evitar tentaciones deben evitarlo.
La utopía de que no se utilicen los recursos y la maquinaria estatales a favor del candidato oficialista, cuando el Presidente se siente con el supuesto derecho de hacerle propaganda a toda hora, no se la cree nadie. Eso es, sencillamente, faltarle el respeto al pueblo.
Existen mil maneras de utilizar muy disimuladamente los recursos del Estado en proselitismo político partidista, y eso lo saben quienes llegan al poder. Y hasta en la supuesta democracia más prístina del mundo, Estados Unidos, es una verdad de a puño. Pero comparar los controles que se pueden ejercer, en esta materia, en un país desarrollado y con sólidas estructuras de gobierno, con los que se puedan poner en marcha en un país como el nuestro, donde la falta de credibilidad es la tónica en nuestros órganos de poder, es querer comparar las habilidades físicas de un atleta con las de un fumador y bebedor de cerveza.
Hasta ahora se había mantenido cierta distancia, o al menos discreción, entre las funciones del Presidente de la República y su obligación para con el país y el pueblo que lo eligió, con las de su actuar como miembro del colectivo político al que pertenece. La actual mandataria parece haber olvidado que ella es presidenta de un país y que, en el ejercicio de este cargo, su papel debe estar por encima de su inclinación política y gobernar a favor de todos los panameños.
Causa extrañeza que a un viceministro se le quiera enjuiciar y separar del cargo por, supuestamente, usar tiempo del Estado en proselitismo y a la Presidenta, máxima magistratura del país, se le diga que sí puede hacerlo. El ejemplo debe venir de arriba hacia abajo. Pero vuelvo al punto de otros escritos que he publicado, en este gobierno se han trastocado los valores, y lo que antes era malo hoy es bueno; lo que se criticó del gobierno pasado ahora se hace con mayor descaro. Raya en la desfachatez que se critique tanto al PARLACEN; sin embargo, la Presidenta dice que no pretende renunciar a su derecho de pertenecer a este organismo y ahora, en una contradicción sin límites, diga que se debe eliminar. Igual, que si sus dos predecesores en el poder no hicieron uso del "derecho" de hacer política partidista las 24 horas del día, ella sí lo va hacer.
Me asalta una duda: si el candidato oficialista estuviera en una posición de ventaja en las encuestas, ¿asumiría la mandataria igual comportamiento? Creo que no, lo que lleva a concluir que la actitud de la Presidenta denota desesperación en las filas de "Visión de país" y de alguna forma, hay que subirle el perfil al candidato por esa alianza.
Los arnulfistas parecen no aprender; la presidenta Mireya Moscoso, al igual que el ex presidente Guillermo Endara, han tenido en bandeja de oro la oportunidad de hacer un gobierno que abra, en transparentes procesos electorales, la mejor de las posibilidades de dejar en manos de otro copartidario suyo las riendas del país. Moscoso, por ser la primera mujer en la historia de Panamá en llegar a tan alto cargo; Endara, por haber asumido las riendas de un país devastado por una dictadura y haberlo reconstruido. Ambos han fallado, de Endara lo dice el arribo al poder del PRD en las elecciones del "94, y de Mireya Moscoso, el descontento popular con su gestión y que estamos seguros se hará manifiesto el 2 de mayo próximo.
Reitero, la mandataria ha perdido la oportunidad de oro de hacer una digna representación de la mujer panameña como Presidenta de la República para caer en actitudes que chocan con las expectativas del pueblo y echan por tierra futuras pretensiones del mal llamado sexo débil para ocupar nuevamente tan alto cargo. Lejos de trascender el puesto, éste la ha trascendido y con su actitud, marca un hito funesto que abre las puertas a un proceder político sumamente perjudicial para la nación.