Futuros ciudadanos
El actual estado de nuestra sociedad ofrece un panorama tan vergonzoso como lastimoso. El niño de hoy crece en un ambiente de violencia, irrespeto a la ley y corrupción. En el colegio recibe una educación deficiente y desde tierna edad se levanta escuchando obscenidades, y a tal extremo, que aprende y usa en gran escala un lenguaje de caño que espanta y lo aprendió tanto en la calle como en su propio hogar.
Ese jamás será un ciudadano pulcro y menos aún, virtuoso. Esto nos coloca frente a la urgentísima necesidad de contribuir a forjar un nuevo ciudadano. Y eso sólo puede lograrse empezando en la escuela primaria. En ella tenemos que restablecer la enseñanza de la urbanidad e inculcarle a los párvulos el respeto al derecho ajeno, a la ley, a sus padres, maestros y superiores. No debemos perder de vista que lo que se absorbe a temprana edad, perdura en el resto de la vida.
La forja de un nuevo ciudadano sería un gran éxito tanto en nuestro país como en el resto de Latinoamérica de habla hispana si adoptáramos como catecismo las máxima de Simón Bolívar en un congreso.
Durante la larga vida que ha querido el Todopoderoso permitirnos alcanzar, jamás la lectura de libro alguno, aparte de la Biblia, nos ha resultado tan esperanzador, tan útil y encomiable, como un conjunto de las máximas de Simón Bolívar; cada una de ellas, es de gran sabiduría. Ofrecemos aquí dos de palpitante actualidad: “ El ignorante siempre está expuesto a envolverse en el lodo de la corrupción y luego se precipita infaliblemente en las tinieblas de la servidumbre. “ La corrupción de los pueblos, nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos.”