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Galgos o Podencos


Mientras una larga lista de tareas pendientes que esperan respuesta urgente se acumula en la agenda del gobierno, algunos políticos han decidido mantener a la opinión pública entretenida discutiendo sobre la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Aparentemente no han quedado satisfechos con el largo y desgastador debate que se inició con el referéndum para continuar con las elecciones que acaban de celebrarse, y quisieran proseguir enfrascados en una eterna disputa electoral.
Sería conveniente recordarle a estos líderes que luchan por conservar su vigencia en los medios de comunicación, que ha llegado la hora de trabajar para atender los graves problemas que afectan a la población. Los panameños y las panameñas escogieron a sus gobernantes para que resuelvan cuanto antes la falta de empleo, el crecimiento de la pobreza, la deficiente educación, el déficit de vivienda, y en general, la deuda social que se ha ido acumulando sin encontrar una respuesta satisfactoria.
La reforma constitucional constituye un tema importante de Estado pero no un tema urgente de gobierno. Su manejo debe procurarse con lentitud y prudencia, tratando de encontrar consensos para evitar traumas sociales que detengan la actividad económica. Dentro de una comunidad empresarial de la que depende la principal responsabilidad en la generación de empleo, cualquier posible cambio en las reglas de juego puede interpretarse como muestra de la inseguridad jurídica que paraliza y aleja la inversión tan necesaria en este difícil momento para nuestra economía.
Además, el momento resulta inoportuno para dividirnos en dos bandos. El riesgo de graves enfrentamientos de poder que se corre al transitar por los difíciles caminos de una Asamblea Constituyente podría poner en entredicho la imagen de unidad que debemos proyectar ante la comunidad internacional frente al desafío que asumiremos dentro de muy pocos meses con relación al Canal. El mundo entero tiene su mirada puesta en nosotros y no faltan los enemigos de la reversión que preferirían ver un gran desorden nacional para utilizarlo como excusa que justifique la incapacidad de los panameños con relación a la eficiente administración de la vía interoceánica.
Los políticos deberían entender que si continuamos empleando nuestras energías en controversias, terminaremos como los dos conejos en la conocida fábula de Iriarte que murieron en las fauces de los perros mientras perdían el tiempo discutiendo si los ladridos que se escuchaban eran de galgos o de podencos.


101 años de Panamá América

 
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