Ganar o perder: los frentes deciden
Cuando en 1979 se organizo el PRD, se pensó en un partido que nadie pudiera comprar, manipular o atribuírselo. Para ello, se establecieron estructuras donde todos los sectores de la sociedad panameña encontraran una instancia de participación y liderazgo. Así nacieron los históricos frentes de masas: estudiantil, de la juventud, femenino; de los trabajadores, educadores, profesionales y empresarios.
Sus dinámicas propias producían una constante evolución en cada sector en donde le correspondiera actuar, en los organismos sociales, las federaciones y asociaciones (sindicales, de maestros y profesores, de mujeres profesionales e independientes), los colegios de abogados, economistas, asociaciones médicas, ingenieros, arquitectos, industriales y de comercio. De esta forma se nutría de lo más preciado y valioso de cada sector.
Los derazgos obedecían a una constante militancia y reconocida trayectoria por parte de las distintas organizaciones que conformaban el movimiento popular. Testimonios de sus fortalezas y capacidades fueron los tratados Torrijos - Carter y su cumplimiento, a pesar de la invasión y de haber estado en oposición al régimen neoliberal de Guillermo Endara, Arias Calderón y Guillermo Ford. Y derrotarlos en las elecciones parciales de 1991-1992, y en las generales de 1994.
222Cuando se ha pretendido variar los mecanismos y alterar la dinámica y fuente de los liderazgos, soslayando las bases naturales de apoyo, hemos experimentado los sinsabores y malestares de la derrota (1998-99).
Hasta entonces fueron sus propias estructuras las que organizaron internamente los frentes de campaña de todo los eventos electorales, fueran éstos parciales o generales. Ello correspondía al liderazgo sectorial y a sus organizaciones naturales. Su poder de convocatoria y mística en las bases eran el reflejo de sus aspiraciones de grupo. Porque se luchaba por un objetivo concreto, las políticas para cada sector obedecían a la estrategia acordada para el desarrollo del país.
No había lugar ni motivos para deserciones, y mucho menos para improvisados o arrimados. Los independientes participaban de las tareas en las organizaciones naturales de base y sus liderazgos se reconocían a nivel de las distintas estructuras del partido.
Cuando se ha pretendido variar los mecanismos y alterar la dinámica y fuente de los liderazgos, soslayando las bases naturales de apoyo, hemos experimentado los sinsabores y malestares de la derrota (1998-99).
La política partidaria es una carrera que reviste intereses de grupos sociales, profesionales y empresariales. Desconocerlos e ignorar sus aportes y espacios es igual a capitular el futuro de sus liderazgos y desencadenar un fraccionamiento que tiene su expresión más caracterizada en el abstencionismo silencioso y castigador. ¿Fraccionamiento para imponer banderías e intereses personales sobre las aspiraciones de los sectores y bases del partido? Ello equivale más a un peligroso y aventurado "eufemismo", que al desarrollo de un objetivo proceso de evolución torrijista.
La historia ha reconocido la capacidad de lucha, organización, movilización del PRD en todos los momentos y circunstancias trascendentes del país. Subestimar su conducta y autonomía, pretendiendo acuerdos, negociando principios y aspiraciones colectivas es exponerse a su desprecio. No hay un partido nuevo en el 2003, ni distinto; sólo existe el de 1979, vanguardista por las ideas y pensamientos del general Omar Torrijos.
Si se quiere triunfar en las elecciones de 2004, forjemos una unidad sincera, organicemos los frentes de masas antes de las próximas primarias, y con la base y sus liderazgos naturales caminemos hacia el triunfo electoral.
Sus dinámicas propias producían una constante evolución en cada sector en donde le correspondiera actuar, en los organismos sociales, las federaciones y asociaciones (sindicales, de maestros y profesores, de mujeres profesionales e independientes), los colegios de abogados, economistas, asociaciones médicas, ingenieros, arquitectos, industriales y de comercio. De esta forma se nutría de lo más preciado y valioso de cada sector.
Los derazgos obedecían a una constante militancia y reconocida trayectoria por parte de las distintas organizaciones que conformaban el movimiento popular. Testimonios de sus fortalezas y capacidades fueron los tratados Torrijos - Carter y su cumplimiento, a pesar de la invasión y de haber estado en oposición al régimen neoliberal de Guillermo Endara, Arias Calderón y Guillermo Ford. Y derrotarlos en las elecciones parciales de 1991-1992, y en las generales de 1994.
222Cuando se ha pretendido variar los mecanismos y alterar la dinámica y fuente de los liderazgos, soslayando las bases naturales de apoyo, hemos experimentado los sinsabores y malestares de la derrota (1998-99).
Hasta entonces fueron sus propias estructuras las que organizaron internamente los frentes de campaña de todo los eventos electorales, fueran éstos parciales o generales. Ello correspondía al liderazgo sectorial y a sus organizaciones naturales. Su poder de convocatoria y mística en las bases eran el reflejo de sus aspiraciones de grupo. Porque se luchaba por un objetivo concreto, las políticas para cada sector obedecían a la estrategia acordada para el desarrollo del país.
No había lugar ni motivos para deserciones, y mucho menos para improvisados o arrimados. Los independientes participaban de las tareas en las organizaciones naturales de base y sus liderazgos se reconocían a nivel de las distintas estructuras del partido.
Cuando se ha pretendido variar los mecanismos y alterar la dinámica y fuente de los liderazgos, soslayando las bases naturales de apoyo, hemos experimentado los sinsabores y malestares de la derrota (1998-99).
La política partidaria es una carrera que reviste intereses de grupos sociales, profesionales y empresariales. Desconocerlos e ignorar sus aportes y espacios es igual a capitular el futuro de sus liderazgos y desencadenar un fraccionamiento que tiene su expresión más caracterizada en el abstencionismo silencioso y castigador. ¿Fraccionamiento para imponer banderías e intereses personales sobre las aspiraciones de los sectores y bases del partido? Ello equivale más a un peligroso y aventurado "eufemismo", que al desarrollo de un objetivo proceso de evolución torrijista.
La historia ha reconocido la capacidad de lucha, organización, movilización del PRD en todos los momentos y circunstancias trascendentes del país. Subestimar su conducta y autonomía, pretendiendo acuerdos, negociando principios y aspiraciones colectivas es exponerse a su desprecio. No hay un partido nuevo en el 2003, ni distinto; sólo existe el de 1979, vanguardista por las ideas y pensamientos del general Omar Torrijos.
Si se quiere triunfar en las elecciones de 2004, forjemos una unidad sincera, organicemos los frentes de masas antes de las próximas primarias, y con la base y sus liderazgos naturales caminemos hacia el triunfo electoral.