Ganaron también las encuestas
Tanto empeño por desmeritar a las encuestas electorales, hizo pagar un alto precio a los incrédulos que, dándoles la espalda, se echaron a la aventura política a ciegas. Ellas fueron también ganadoras de las elecciones del 2 de mayo. Durante más de un año, sea mensualmente, sea trimestralmente, las encuestadoras serias venían registrando las preferencias políticas de los ciudadanos. Y siempre fueron objeto de mofa y burla por quienes no resultaban favorecidos, aunque algunos, con mejor juicio y madurez, preferían callar y seguir trabajando.
Ellas venían repitiendo que, a la cabeza de las preocupaciones ciudadanas, se ubicaban el desempleo, la seguridad y la corrupción. Y quienes, con buen juicio, tomaron oportuna nota de la información gratuita que aparecía en las encuestas serias, enfilaron hacia allá sus baterías y cosecharon abundantes y jugosos frutos. Los demás, están recogiendo lamentos tardíos.
Por eso, las elecciones generales del domingo tuvieron también el efecto de enterrar el mito de las "encuestas de carne y hueso", aquellas basadas en la impresión no científica de quien recoge una lisonja aquí o allá, o se deja impresionar por una multitudinaria y ruidosa concentración popular. Los ignorantes confundieron la natural adulación y la actitud reverencial de las masas hacia el poder con respaldo irrestricto, sin advertir el sentir íntimo oculto tras uno y otro fenómeno, en sentido diametralmente opuesto.
Las encuestas serias, en cambio, desnudaron al entrevistado, de cuerpo y alma, reflejando en cada respuesta su querer inconfesado y oculto. Y cuando ello se recoge con calidad técnica de una buena muestra, y se proyecta al universo de los demás ciudadanos no entrevistados, los resultados que arrojan de la opinión ciudadana raras veces se equivocan, y mucho menos en casos de amplio margen de diferencia, tratándose de votaciones.
Por eso ganaron las encuestas serias, porque anticiparon el resultado con precisión matemática, aún teniendo en contra las odiosas restricciones legales que les impide divulgar datos durante los diez días previos al evento. Y al hacerlo, ganaron el respeto que muchos ignorantes les negaron. Se hundieron, en cambio, con sus promotores, otras que prostituyeron su oficio y sacrificaron su credibilidad para arrojar resultados falsos. En fin, subsisten y se fortalecen las serias de siempre, las que madurando en experiencia, a la par con nuestra democracia, se superaran en cada elección hasta alcanzar grados de exactitud indiscutible que los medios compartimos con los ciudadanos.
Un punto que debe ser reconocido por tirios y troyanos es que la cantidad de dinero que se gastó en el proselitismo político fue altísima. Debe buscarse la manera de que se divulguen las donaciones partidistas y que tales sumas extraordinarias se apliquen a la solución de los problemas de los más necesitados, aunque sea en parte.
Como ya lo ha dicho nuestro Arzobispo, los políticos deben servir al pueblo antes que servirse de los recursos del Estado.
Las donaciones políticas en nuestra caricatura de democracia, con frecuencia, se han hecho a guisa de donaciones por las cuales se esperan réditos.
Martín alega que lidera un grupo nuevo de dirigentes que tiene su mirada fija en el presente y el futuro y que ha dejado atrás el pasado. Pues bien, debemos no sólo exigirle que cumpla ese objetivo, sino también cooperar con él en ese empeño, lo cual implica que le toquemos el hombro toda vez que parezca renegar de sus promesas y metas. Las palabras se las lleva el viento, las obras perduran.
Estamos en una etapa incipiente de un nuevo gobierno que se posesionará en escasos cuatro meses. Le deseamos la mejor de las actuaciones porque así lo exigen los ciudadanos que queremos lo mejor para Panamá. Valga la redundancia. Agregamos nuestras palabras de aliento para que los políticos que cuentan cumplan dinámicamente con sus acciones de oposición vertical y apoyo a la gobernabilidad porque Panamá es inmortal y es lo que merece.
Ellas venían repitiendo que, a la cabeza de las preocupaciones ciudadanas, se ubicaban el desempleo, la seguridad y la corrupción. Y quienes, con buen juicio, tomaron oportuna nota de la información gratuita que aparecía en las encuestas serias, enfilaron hacia allá sus baterías y cosecharon abundantes y jugosos frutos. Los demás, están recogiendo lamentos tardíos.
Por eso, las elecciones generales del domingo tuvieron también el efecto de enterrar el mito de las "encuestas de carne y hueso", aquellas basadas en la impresión no científica de quien recoge una lisonja aquí o allá, o se deja impresionar por una multitudinaria y ruidosa concentración popular. Los ignorantes confundieron la natural adulación y la actitud reverencial de las masas hacia el poder con respaldo irrestricto, sin advertir el sentir íntimo oculto tras uno y otro fenómeno, en sentido diametralmente opuesto.
Las encuestas serias, en cambio, desnudaron al entrevistado, de cuerpo y alma, reflejando en cada respuesta su querer inconfesado y oculto. Y cuando ello se recoge con calidad técnica de una buena muestra, y se proyecta al universo de los demás ciudadanos no entrevistados, los resultados que arrojan de la opinión ciudadana raras veces se equivocan, y mucho menos en casos de amplio margen de diferencia, tratándose de votaciones.
Por eso ganaron las encuestas serias, porque anticiparon el resultado con precisión matemática, aún teniendo en contra las odiosas restricciones legales que les impide divulgar datos durante los diez días previos al evento. Y al hacerlo, ganaron el respeto que muchos ignorantes les negaron. Se hundieron, en cambio, con sus promotores, otras que prostituyeron su oficio y sacrificaron su credibilidad para arrojar resultados falsos. En fin, subsisten y se fortalecen las serias de siempre, las que madurando en experiencia, a la par con nuestra democracia, se superaran en cada elección hasta alcanzar grados de exactitud indiscutible que los medios compartimos con los ciudadanos.
Un punto que debe ser reconocido por tirios y troyanos es que la cantidad de dinero que se gastó en el proselitismo político fue altísima. Debe buscarse la manera de que se divulguen las donaciones partidistas y que tales sumas extraordinarias se apliquen a la solución de los problemas de los más necesitados, aunque sea en parte.
Como ya lo ha dicho nuestro Arzobispo, los políticos deben servir al pueblo antes que servirse de los recursos del Estado.
Las donaciones políticas en nuestra caricatura de democracia, con frecuencia, se han hecho a guisa de donaciones por las cuales se esperan réditos.
Martín alega que lidera un grupo nuevo de dirigentes que tiene su mirada fija en el presente y el futuro y que ha dejado atrás el pasado. Pues bien, debemos no sólo exigirle que cumpla ese objetivo, sino también cooperar con él en ese empeño, lo cual implica que le toquemos el hombro toda vez que parezca renegar de sus promesas y metas. Las palabras se las lleva el viento, las obras perduran.
Estamos en una etapa incipiente de un nuevo gobierno que se posesionará en escasos cuatro meses. Le deseamos la mejor de las actuaciones porque así lo exigen los ciudadanos que queremos lo mejor para Panamá. Valga la redundancia. Agregamos nuestras palabras de aliento para que los políticos que cuentan cumplan dinámicamente con sus acciones de oposición vertical y apoyo a la gobernabilidad porque Panamá es inmortal y es lo que merece.