Garzón
Querido Director,
Usted, como medio mundo ha oído hablar muchas veces del Juez Garzón, Baltasar Garzón, titular del Juzgado de Instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional en Madrid.
Recuerde cómo este juez estrella o súper estrella lleva más de 25 años instruyendo los más famosos casos nacionales e internacionales.
Al principio el entonces joven juez se enfrentó de cara con la mafia de ETA, asestó importantes golpes al narcotráfico e incluso consiguió meter en la cárcel a ministros y altos dirigentes del PSOE por corrupción y asesinato de Estado (GAL).
Felipe González, al que el propio Garzón señaló como Míster X, viendo cómo él mismo estaba en peligro, le hizo a Garzón una jugada maestra: le propuso ir de número dos en la candidatura de Madrid en las Elecciones Generales de 1993 y además le prometió hacerle ministro de Interior y Justicia.
Ya sabe usted que las promesas de Felipe González tienen poco valor y al pobre Garzón (ya no Juez) no le dio el doble ministerio y como diputado, le arrinconó.
Un año más tarde Garzón dimitió como diputado y se reintegró en la carrera judicial, intentando, sin éxito, procesar a Felipe González.
Nuestro juez procesó a Pinochet, ha intervenido directamente en asuntos de la represión argentina y chilena, ha pedido explicaciones a gobiernos como Guatemala, Honduras y El Salvador sobre la llamada “Guerra Sucia” y un sinfín de actuaciones internacionales, algunas de ellas muy cuestionadas, que le convirtieron en el Justiciero Universal.
A partir de este momento, todo eran loas y adulación hacia el juez, que era reclamado por universidades e instituciones de todo tipo para que dictase sus aleccionadoras conferencias.
Ha sido investido Doctor Honoris Causa por varias universidades, es incluso es admirado por miles de mujeres que le consideran muy atractivo.
Pero fíjese si la gloria es efímera, que un día en un rincón de la penúltima página de un modesto diario español se publica una reseña en el sentido de que el juez Garzón ha recibido del Banco de Santander, presidido por el Sr. Botín 1 millón de dólares para pagarle los gastos originados y la estancia de un año en Nueva York, supuestamente ocupado en cursos de perfeccionamiento y conferencias.
Este pago, bastante extraño, pero sin ribetes delictivos, coincidió con el sobreseimiento y archivo de una causa penal que por estafa tenía abierta el Sr. Botín en el juzgado del Sr. Garzón.
Salta el escándalo, pero todavía el juez se defiende y lo que es más importante, es defendido y arropado por las altas instancias judiciales (Consejo General del Poder Judicial y Tribunal Supremo).
Endiosado y creyéndose impune inicia un procedimiento sobre los asesinados republicanos y comunistas por parte de las tropas de Franco y así ordena excavar centenares de fosas comunes, a la vez que dicta auto de procesamiento contra cien altos cargos políticos y militares de los años 40 y 50 del S.XX.
Llega incluso a pedir el acta de defunción de Franco por desconocer, según él, si en el año 2009 estaba muerto.