Garzón: sencillo y común
“Es imposible sostener una democracia donde existe irrespeto contra la libertad de protesta, pero tan importante como ella es alimentar la cultura de los pueblos, porque la ignorancia ofrece el campo propicio para que germinen males que terminan por ser destructivos de nuestras instituciones jurídicas; el hombre instruido no se somete jamás a los lazos degradantes de la servidumbre.” Harmodio Arias Madrid
Cuando en el tono de las preguntas que formulan periodistas o cualquier otra persona, percibe algo de sorpresa o admiración por su histórica decisión de cursar orden judicial de detención contra Augusto Pinochet en octubre de 1998, Baltasar Garzón, el magistrado Juez de la Audiencia Nacional de España, repite con toda tranquilidad lo que me parece ha sido su respuesta alrededor del mundo sobre este caso: sólo cumplió con su deber, hizo su trabajo lo mejor que pudo y cumplió con la ley. Eso es todo. Parece que se espera otro tipo de respuesta, pero es así de sencillo. Garzón tiene claro que cumplir con la ley conlleva riesgos y está siempre dispuesto a correrlos. En ese momento, como en otros tantos importantes que ha tenido en su brillante carrera como juez, nunca ha olvidado lo que aprendió del juez Muñiz San Román, persona que se constituyó en su juez modelo a imitar y quien le enseñó su consejo más valioso, de oro: tratar con respeto al ciudadano y nunca doblegarse ante el poder (El Hombre que veía Amanecer, Pilar Urbano, Plaza & Janés Editores, 2000). La grandeza de Garzón radica en no temer, en no rehuir, en no postergar el cumplimiento estricto de la ley.
Durante los cuatro días que lo acompañé en su reciente visita a Panamá, no silencié mis inquietudes ciudadanas y periodísticas propiciando así largas respuestas de Garzón que escuché sobre la corrupción, sobre el valor de la independencia, sobre su amor y preocupación hacia la raza indígena y la ilusión que le produce la puesta en ejecución de su proyecto donde capacitará a 20 jueces indígenas en Colombia para que sean éstos los que apliquen la ley, sobre lo mucho que ama el campo, la tierra y de cómo disfruta de la naturaleza, de la lluvia; sobre lo importante que es inculcarles disciplina y responsabilidad a nuestros hijos y el deber que como padres tenemos de mostrarle la realidad del mundo, de necesidades y desigualdades que están afuera de nuestro entorno; sobre entender que la credibilidad sólo se construye con la coherencia de nuestros actos y lo importante que es la formación humanista e integral; admitió lo importante que es para el juez saberse repleto de conocimientos jurídicos, pues ello le permite un manejo ágil de la ley; confesó sobre la más absoluta soledad que ha sentido y en la que se ha encontrado cuando ha tomado las decisiones jurídicas más importantes de su carrera; sobre lo mucho que ama y recuerda cada segundo y cada día a su padre fallecido de quien sigue recibiendo consejos y protección, sobre la esperanza que debemos tener, pues siempre hay formas para construir y cambiar los rumbos; está convencido de lo valioso y necesario que es para la democracia la crítica firme, constante y bien respaldada por la solidez de los hechos; sabe que el periodismo tiene amenazas adentro y afuera y que se maneja en los medios mucha comunicación y poca información; habló con toda certeza sobre lo importante que es el conocimiento de los demás pues es la mejor defensa que tenemos frente a la manipulación que puedan ejercernos; expresó con pasión su convencimiento sobre la fuerza avasalladora que puede llegar a tener el ciudadano bien informado, así nunca pedirá justicia sino que la exigirá. Garzón no tiene dudas sobre lo nefasto que es la patrimoniolización de la política y conoce bien aquellos que se apropian de los bienes estatales que no le pertenecen, pero que hacen ver como si éstos fueran suyos pues no rinden cuentas, rehuyen la fiscalización y por supuesto, rechazan la transparencia; habló sobre aquellos que dictan normas para combatir la corrupción, pero que a partir de esas leyes fomentan mayor corrupción; comentó sobre la fuerza del Poder Judicial, lo fundamental de la separación de los poderes, su papel para intervenir pero nunca para usurpar; sobre lo fácil que es ser corrupto así jamás nadie lo llamará a uno imbécil; sobre lo mucho que ha aprendido de su trabajo, como por ejemplo, observar con detenimiento el lenguaje corporal de quien tiene enfrente -especialmente- el movimiento de sus manos, pues allí descubre rasgos importantes de la personalidad; advirtió que cuando alguien le habla, además de escucharlo con atención, también está pensando en lo que en ese momento se le oculta y no se le dice; confesó que se siente bien pagado con su salario aproximado de US$3,000 mensuales y que no necesita más para vivir; reveló lo poco que duerme, pues desde hace muchos su rutina lo ha llevado a dormir sólo 3 horas diarias y escribe y trabaja mucho de noche; compartió sobre una de sus grandes pasiones: el cine, actividad que logra sustraerlo completamente de la cotidianidad de su delicado trabajo.
222 “Confío aparezca ese Garzón panameño que rompa con el secuestro del miedo y emplace a quienes nos gobiernan, por la complicidad que mantienen con aquellos que diseñan, fomentan, nutren y costean la corrupción...”
Garzón es un hombre idealista. Tal como lo señala el epílogo de su libro Cuentos de Navidad - es posible un mundo diferente (Ediciones de la Tierra, junio 2002) confiesa sus sueños por un mundo diferente, donde la fuerza del Derecho sea la única que se imponga desde la legalidad como firme y eficaz instrumento de Paz. Allí también revela que la forma de lograr este cambio en el mundo, se produciría si ...los ciudadanos nos creamos todo aquello que hacemos y por lo que luchamos.
Garzón, a sus casi 47 años, sigue siendo un estudioso del derecho, sabe que por sí mismo no es nadie, pero entiende que la ley le manda, le ordena; admite con humildad que es un mandadero de la ley, por eso entiende que el Poder Judicial, y todo poder recibido, o se usa rectamente o es un abuso abyecto (El Hombre que veía Amanecer, Pilar Urbano).
Después de observarlo por cuatro días, de escucharlo, de compartir con él tantas horas, de preguntarle sobre distintos temas y nutrirme con sus respuestas y hoy después de su partida y ya de regreso a mi realidad nacional, llegan a mi mente las mismas preguntas que me formulé hace unos meses atrás y que plasmé en el artículo de opinión “En busca del Garzón Panameño” publicado el 17 de mayo del 2002 en el diario La Prensa: “¿en el corazón de cuál funcionario late el Garzón panameño? ¿Quién es el juez que tiene el mismo tipo de sangre de justicia que Garzón? ¿Quién es el funcionario que no tiene conflictos íntimos con distinguir entre el país y el partido al cual pertenece y rechaza la celestinidad del silencio por el chantaje de un nombramiento? ¿Por qué demora tanto que se escuche, como una esperanza, la voz independiente del Garzón panameño que revienta y no resiste ser cómplice de quienes hunden con su desgobierno y corrupción nuestro país? Ansío encontrar a ese patriótico administrador de justicia quien, desde adentro, sabe, sufre y olfatea las presiones que ejercen los poderes del Estado y conoce las rutas, grietas y actores de la corrupción. Confío aparezca ese Garzón panameño que rompa con el secuestro del miedo y emplace a quienes nos gobiernan, por la complicidad que mantienen con aquellos que diseñan, fomentan, nutren y costean la corrupción en nuestro país. Estoy segura que en Panamá, como en España, merecemos un Garzón. Estoy en su búsqueda.”
Estoy segura que después de la inolvidable noche del miércoles, 7 de agosto, cuando Garzón ante una nutrida concurrencia compartió con nosotros sus reflexiones y pensamientos con la Conferencia Periodismo e Internacionalización de la Justicia, a muchos se nos fortaleció la esperanza, pues las respuestas de Garzón confirman que no podemos claudicar ante las presiones del poder, ni mucho menos dejarnos seducir por el poder. Así de sencillo.
Como no soy experto en nada, lo único que puedo sugerir, una vez más, es que se luche denodadamente contra la corrupción, que se invierta como se ha prometido, que se contengan los gastos obviamente innecesarios...y así sucesivamente.
Dejo de último uno de los puntos más importantes: ¡Echenle tierra a los maleantes políticos! Por Dios, Panamá es inmortal.
Estos desplazados no pueden trasladarse de un pueblo a otro, pasando por retenes, pues son devueltos por la Policía fronteriza debido a su estatus como tales. En consecuencia, viven teniendo el poblado por cárcel. Han salvado la vida, pero han perdido su libertad, al menos por el momento.
En ese entorno conviven desplazados e indígenas. Los primeros, después de haber cruzado trochas y ríos, jugándose la vida.
Y no es una exageración. El Panamá América penetró una de esas trochas, aunque no en su totalidad, ubicada cerca de la boca del río Punusa. Esta serpentea el río Tuira arriba, para llegar a Susugantí (en la cabecera del Tuira) aún en territorio darienita. Luego se llega al poblado de Agua Fría y de allí a los límites con Colombia, cordillera adentro. Desde ahí en adelante son sólo montañas y selva.
Al pasar Susugantí, se hacen 18 cruces del río del mismo nombre para llegar a Palo de la Letra, en plena cordillera. En esa área, cualquier grupo insurgente puede atacar.
Al principio del recorrido, aunque casi intransitable a pie, los árboles no eran tan grandes ni la vegetación tan espesa.
Pero a medida que se avanzaba, los árboles se hacían tan gigantescos que cerraban el paso a la luz del sol. Aunque era temprano en la mañana, parecía que se acercaba el ocaso.
Por esas trochas caminan familias enteras, con niños de meses en los brazos de los adultos. También son usadas por paramilitares, guerrilleros y aventureros suramericanos.
Cada cierto tiempo, hay que cruzar ríos sobre "puentes", que en realidad son troncos de árboles, que deben cruzarse manteniendo el equilibrio, para no caer al agua.
Según narraron los guías que condujeron al equipo por esos "caminos", ningún desplazado pernocta en el estrecho sendero, que generalmente ha sido abierto a punta de machete. Todos lo hacen introduciéndose en la selva, tratando de no dejar huellas ni ramas partidas, a fin de que los guerrilleros y paramilitares no encuentren su rastro, lo que podría significar una muerte segura y de la manera más horrenda.
En ocasiones, los guerrilleros encuentran a familias enteras en plena selva. Estas llevan algunos enseres para sobrevivir en ella. Entonces, los insurgentes les advierten que les dan media hora para que "desaparezcan" del lugar, o de lo contrario, los matan.
A los desplazados no les queda otra que dejar comida, zapatos, ropa o cualquier utensilio que llevaban, para salir en estampida por las trochas.
Muchos se arriesgan a tratar de llegar a su destino por el río, en balsas construidas con troncos de "balso", muy rudimentarias y mal amarradas.
¿Resultado? La destrucción de las precarias embarcaciones en los rápidos (chorros) de los ríos y, muchas veces, una muerte segura, de acuerdo con los guías.
Por esta trocha, en particular, un caminante adiestrado puede durar tres días en llegar a Colombia, especialmente ahora que la trocha se ha hecho más ancha, conforme pasan desplazados, guerrilleros y paramilitares.
Sin embargo, una familia con niños y mujeres demora entre ocho y 15 días para atravesarla.
"Los hombres lloran por el dolor de dejar sus tierras, los niños porque se pullan los pies con las espinas, y las mujeres por ver el sufrimiento de su familia", aseguró un guía. "Yo lo he visto", resaltó.
De esa manera han llegado decenas de colombianos que prefieren morir por la mordedura de una serpiente, de hambre o de sed en la selva, antes que ser masacrados por grupos irregulares de su país, que se enfrentan en una guerra que ha dejado de buscar ideales para saciar el hambre de violencia y genocidio que parece no satisfacerse nunca.
Muchos han llegado con Leshmaniasis, deshidratados, con parasitosis y otras enfermedades tropicales, incluso la malaria. Esos han tenido suerte, porque otros han quedado enterrados en la selva, sin una lápida que indique que allí está su cuerpo, ni un familiar que visite su tumba.
Cuando en el tono de las preguntas que formulan periodistas o cualquier otra persona, percibe algo de sorpresa o admiración por su histórica decisión de cursar orden judicial de detención contra Augusto Pinochet en octubre de 1998, Baltasar Garzón, el magistrado Juez de la Audiencia Nacional de España, repite con toda tranquilidad lo que me parece ha sido su respuesta alrededor del mundo sobre este caso: sólo cumplió con su deber, hizo su trabajo lo mejor que pudo y cumplió con la ley. Eso es todo. Parece que se espera otro tipo de respuesta, pero es así de sencillo. Garzón tiene claro que cumplir con la ley conlleva riesgos y está siempre dispuesto a correrlos. En ese momento, como en otros tantos importantes que ha tenido en su brillante carrera como juez, nunca ha olvidado lo que aprendió del juez Muñiz San Román, persona que se constituyó en su juez modelo a imitar y quien le enseñó su consejo más valioso, de oro: tratar con respeto al ciudadano y nunca doblegarse ante el poder (El Hombre que veía Amanecer, Pilar Urbano, Plaza & Janés Editores, 2000). La grandeza de Garzón radica en no temer, en no rehuir, en no postergar el cumplimiento estricto de la ley.
Durante los cuatro días que lo acompañé en su reciente visita a Panamá, no silencié mis inquietudes ciudadanas y periodísticas propiciando así largas respuestas de Garzón que escuché sobre la corrupción, sobre el valor de la independencia, sobre su amor y preocupación hacia la raza indígena y la ilusión que le produce la puesta en ejecución de su proyecto donde capacitará a 20 jueces indígenas en Colombia para que sean éstos los que apliquen la ley, sobre lo mucho que ama el campo, la tierra y de cómo disfruta de la naturaleza, de la lluvia; sobre lo importante que es inculcarles disciplina y responsabilidad a nuestros hijos y el deber que como padres tenemos de mostrarle la realidad del mundo, de necesidades y desigualdades que están afuera de nuestro entorno; sobre entender que la credibilidad sólo se construye con la coherencia de nuestros actos y lo importante que es la formación humanista e integral; admitió lo importante que es para el juez saberse repleto de conocimientos jurídicos, pues ello le permite un manejo ágil de la ley; confesó sobre la más absoluta soledad que ha sentido y en la que se ha encontrado cuando ha tomado las decisiones jurídicas más importantes de su carrera; sobre lo mucho que ama y recuerda cada segundo y cada día a su padre fallecido de quien sigue recibiendo consejos y protección, sobre la esperanza que debemos tener, pues siempre hay formas para construir y cambiar los rumbos; está convencido de lo valioso y necesario que es para la democracia la crítica firme, constante y bien respaldada por la solidez de los hechos; sabe que el periodismo tiene amenazas adentro y afuera y que se maneja en los medios mucha comunicación y poca información; habló con toda certeza sobre lo importante que es el conocimiento de los demás pues es la mejor defensa que tenemos frente a la manipulación que puedan ejercernos; expresó con pasión su convencimiento sobre la fuerza avasalladora que puede llegar a tener el ciudadano bien informado, así nunca pedirá justicia sino que la exigirá. Garzón no tiene dudas sobre lo nefasto que es la patrimoniolización de la política y conoce bien aquellos que se apropian de los bienes estatales que no le pertenecen, pero que hacen ver como si éstos fueran suyos pues no rinden cuentas, rehuyen la fiscalización y por supuesto, rechazan la transparencia; habló sobre aquellos que dictan normas para combatir la corrupción, pero que a partir de esas leyes fomentan mayor corrupción; comentó sobre la fuerza del Poder Judicial, lo fundamental de la separación de los poderes, su papel para intervenir pero nunca para usurpar; sobre lo fácil que es ser corrupto así jamás nadie lo llamará a uno imbécil; sobre lo mucho que ha aprendido de su trabajo, como por ejemplo, observar con detenimiento el lenguaje corporal de quien tiene enfrente -especialmente- el movimiento de sus manos, pues allí descubre rasgos importantes de la personalidad; advirtió que cuando alguien le habla, además de escucharlo con atención, también está pensando en lo que en ese momento se le oculta y no se le dice; confesó que se siente bien pagado con su salario aproximado de US$3,000 mensuales y que no necesita más para vivir; reveló lo poco que duerme, pues desde hace muchos su rutina lo ha llevado a dormir sólo 3 horas diarias y escribe y trabaja mucho de noche; compartió sobre una de sus grandes pasiones: el cine, actividad que logra sustraerlo completamente de la cotidianidad de su delicado trabajo.
222 “Confío aparezca ese Garzón panameño que rompa con el secuestro del miedo y emplace a quienes nos gobiernan, por la complicidad que mantienen con aquellos que diseñan, fomentan, nutren y costean la corrupción...”
Garzón es un hombre idealista. Tal como lo señala el epílogo de su libro Cuentos de Navidad - es posible un mundo diferente (Ediciones de la Tierra, junio 2002) confiesa sus sueños por un mundo diferente, donde la fuerza del Derecho sea la única que se imponga desde la legalidad como firme y eficaz instrumento de Paz. Allí también revela que la forma de lograr este cambio en el mundo, se produciría si ...los ciudadanos nos creamos todo aquello que hacemos y por lo que luchamos.
Garzón, a sus casi 47 años, sigue siendo un estudioso del derecho, sabe que por sí mismo no es nadie, pero entiende que la ley le manda, le ordena; admite con humildad que es un mandadero de la ley, por eso entiende que el Poder Judicial, y todo poder recibido, o se usa rectamente o es un abuso abyecto (El Hombre que veía Amanecer, Pilar Urbano).
Después de observarlo por cuatro días, de escucharlo, de compartir con él tantas horas, de preguntarle sobre distintos temas y nutrirme con sus respuestas y hoy después de su partida y ya de regreso a mi realidad nacional, llegan a mi mente las mismas preguntas que me formulé hace unos meses atrás y que plasmé en el artículo de opinión “En busca del Garzón Panameño” publicado el 17 de mayo del 2002 en el diario La Prensa: “¿en el corazón de cuál funcionario late el Garzón panameño? ¿Quién es el juez que tiene el mismo tipo de sangre de justicia que Garzón? ¿Quién es el funcionario que no tiene conflictos íntimos con distinguir entre el país y el partido al cual pertenece y rechaza la celestinidad del silencio por el chantaje de un nombramiento? ¿Por qué demora tanto que se escuche, como una esperanza, la voz independiente del Garzón panameño que revienta y no resiste ser cómplice de quienes hunden con su desgobierno y corrupción nuestro país? Ansío encontrar a ese patriótico administrador de justicia quien, desde adentro, sabe, sufre y olfatea las presiones que ejercen los poderes del Estado y conoce las rutas, grietas y actores de la corrupción. Confío aparezca ese Garzón panameño que rompa con el secuestro del miedo y emplace a quienes nos gobiernan, por la complicidad que mantienen con aquellos que diseñan, fomentan, nutren y costean la corrupción en nuestro país. Estoy segura que en Panamá, como en España, merecemos un Garzón. Estoy en su búsqueda.”
Estoy segura que después de la inolvidable noche del miércoles, 7 de agosto, cuando Garzón ante una nutrida concurrencia compartió con nosotros sus reflexiones y pensamientos con la Conferencia Periodismo e Internacionalización de la Justicia, a muchos se nos fortaleció la esperanza, pues las respuestas de Garzón confirman que no podemos claudicar ante las presiones del poder, ni mucho menos dejarnos seducir por el poder. Así de sencillo.
Como no soy experto en nada, lo único que puedo sugerir, una vez más, es que se luche denodadamente contra la corrupción, que se invierta como se ha prometido, que se contengan los gastos obviamente innecesarios...y así sucesivamente.
Dejo de último uno de los puntos más importantes: ¡Echenle tierra a los maleantes políticos! Por Dios, Panamá es inmortal.
Estos desplazados no pueden trasladarse de un pueblo a otro, pasando por retenes, pues son devueltos por la Policía fronteriza debido a su estatus como tales. En consecuencia, viven teniendo el poblado por cárcel. Han salvado la vida, pero han perdido su libertad, al menos por el momento.
En ese entorno conviven desplazados e indígenas. Los primeros, después de haber cruzado trochas y ríos, jugándose la vida.
Y no es una exageración. El Panamá América penetró una de esas trochas, aunque no en su totalidad, ubicada cerca de la boca del río Punusa. Esta serpentea el río Tuira arriba, para llegar a Susugantí (en la cabecera del Tuira) aún en territorio darienita. Luego se llega al poblado de Agua Fría y de allí a los límites con Colombia, cordillera adentro. Desde ahí en adelante son sólo montañas y selva.
Al pasar Susugantí, se hacen 18 cruces del río del mismo nombre para llegar a Palo de la Letra, en plena cordillera. En esa área, cualquier grupo insurgente puede atacar.
Al principio del recorrido, aunque casi intransitable a pie, los árboles no eran tan grandes ni la vegetación tan espesa.
Pero a medida que se avanzaba, los árboles se hacían tan gigantescos que cerraban el paso a la luz del sol. Aunque era temprano en la mañana, parecía que se acercaba el ocaso.
Por esas trochas caminan familias enteras, con niños de meses en los brazos de los adultos. También son usadas por paramilitares, guerrilleros y aventureros suramericanos.
Cada cierto tiempo, hay que cruzar ríos sobre "puentes", que en realidad son troncos de árboles, que deben cruzarse manteniendo el equilibrio, para no caer al agua.
Según narraron los guías que condujeron al equipo por esos "caminos", ningún desplazado pernocta en el estrecho sendero, que generalmente ha sido abierto a punta de machete. Todos lo hacen introduciéndose en la selva, tratando de no dejar huellas ni ramas partidas, a fin de que los guerrilleros y paramilitares no encuentren su rastro, lo que podría significar una muerte segura y de la manera más horrenda.
En ocasiones, los guerrilleros encuentran a familias enteras en plena selva. Estas llevan algunos enseres para sobrevivir en ella. Entonces, los insurgentes les advierten que les dan media hora para que "desaparezcan" del lugar, o de lo contrario, los matan.
A los desplazados no les queda otra que dejar comida, zapatos, ropa o cualquier utensilio que llevaban, para salir en estampida por las trochas.
Muchos se arriesgan a tratar de llegar a su destino por el río, en balsas construidas con troncos de "balso", muy rudimentarias y mal amarradas.
¿Resultado? La destrucción de las precarias embarcaciones en los rápidos (chorros) de los ríos y, muchas veces, una muerte segura, de acuerdo con los guías.
Por esta trocha, en particular, un caminante adiestrado puede durar tres días en llegar a Colombia, especialmente ahora que la trocha se ha hecho más ancha, conforme pasan desplazados, guerrilleros y paramilitares.
Sin embargo, una familia con niños y mujeres demora entre ocho y 15 días para atravesarla.
"Los hombres lloran por el dolor de dejar sus tierras, los niños porque se pullan los pies con las espinas, y las mujeres por ver el sufrimiento de su familia", aseguró un guía. "Yo lo he visto", resaltó.
De esa manera han llegado decenas de colombianos que prefieren morir por la mordedura de una serpiente, de hambre o de sed en la selva, antes que ser masacrados por grupos irregulares de su país, que se enfrentan en una guerra que ha dejado de buscar ideales para saciar el hambre de violencia y genocidio que parece no satisfacerse nunca.
Muchos han llegado con Leshmaniasis, deshidratados, con parasitosis y otras enfermedades tropicales, incluso la malaria. Esos han tenido suerte, porque otros han quedado enterrados en la selva, sin una lápida que indique que allí está su cuerpo, ni un familiar que visite su tumba.