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Gastos del gobierno


No sé la razón del por qué cuando hablamos de "gastos del gobierno" muchos son los que se preocupan solamente por los gastos de servicios personales, sueldos y sobresueldos, como si éste fuese el más significativo. El servicio de la deuda de Panamá casi duplica el gasto de los servicios personales. El total comprometido en seis meses, en concepto de salarios y sobresueldos, gastos de representación, décimo tercer mes y otros servicios personales, según cifras proporcionadas por la Contraloría General de la República, es de 302 millones contra 521 millones en concepto del servicio de la deuda pública, en igual período. Es decir, los gastos de la deuda pública sobrepasan a los servicios personales en el 72.52%. Si tomamos en cuenta que el total de la planilla de trabajadores regulares del gobierno es de 89,660 personas, entonces quiere decir que a la misma escala de salarios existentes, con lo que gastamos en deuda pública, habría para contratar 65 mil personas más. ¿Para qué más empleados gubernamentales?, se preguntarán algunos. Bueno...si es para efectuar una labor determinada por la que se pagarán emolumentos que guarden directa relación con el trabajo desempeñado, personalmente no le vemos ninguna objeción. Lo malo es si es para crear "botellas" o mantener "emplanillados" a personas que no desempeñan ninguna función específica o para pagar salarios astronómicos que no guardan relación con el trabajo desempeñado, ni con el nivel económico del país. Existen muchos servicios públicos deficientes y otros inexistentes que el Estado podría proveer a la ciudadanía en retribución del pago de sus impuestos y como ejemplo tenemos el servicio de seguridad pública, inspectores de tránsito vehicular, aseo, correo nacional a domicilio, en fin, muchos otros servicios.
El servicio de la deuda pública panameña, de acuerdo con datos oficiales de la Contraloría General de la República, en sólo seis meses, asciende a 521 millones lo que corresponde a 1,042 millones al año, es decir, el servicio de la deuda pública panameña monta a un escandaloso porcentaje de 50.58% del total general de gastos. ¿Y todavía continuamos endeudándonos?, pregunto yo. La deuda pública mantiene frenado al país a la mitad de lo que debería ser su desarrollo.
No estamos propugnando el no pago de la deuda externa. ¡No! Esos son compromisos que debemos cumplir, independientemente a las sanciones que seríamos objeto por las IFIs en caso de no hacerlo. Lo que acontece es que quienes están pagando esa deuda externa, todo el país, no son los que resultaron beneficiados con dichos empréstitos. Fueron dineros que con el conocimiento de las IFIs, fueron a dar a lugares distintos para los que fueron concedidos los empréstitos. Entonces tenemos que todos estamos pagando el beneficio de unos pocos y ello como que no resulta muy equitativo que digamos. Ojalá que en el nuevo sistema impositivo que se pretende establecer se tome muy en cuenta este factor, a la hora de señalar las diferentes tributaciones.
Ahora bien, en el Informe Comparativo de pagos del Gobierno Central, por Institución, según cifras de la Contraloría General de la República, que corresponden a los seis meses del presente año, se destaca en el primer lugar el pago de la deuda externa con 521 millones de dólares contra 193 millones en educación y 178 millones en salud. En otras palabras, el servicio de la deuda externa, de no existir, nos permitiría doblar los esfuerzos en el suministro de una más eficiente educación e igual en el renglón de salud pública y todavía nos sobraría dinero para cubrir la totalidad de los gastos de inversión.
Las IFIs, con la concesión de empréstitos, más que contribuir con el desarrollo del país lo que hace es frenarlo. Se han convertido en los usureros del Tercer Mundo que sin ningún reparo, desangran a los pueblos. No nos extrañe que muy pronto en su agenda, las IFIs exijan a Panamá la privatización del Canal de Panamá como requisito para la concesión de nuevos empréstitos y la preclasificación como "país apto para la inversión", inversión que llega a cuenta gota y que las mayorías no perciben pues su situación, en vez de mejorar, empeora. El Canal es un "haber" que no pocos ya deben haberle puesto el ojo.
Cómo es posible que un país como Panamá que tiene una deuda cuyo servicio significa más del 50% del total de los gastos generales del Estado, las IFIs todavía le estén concediendo nuevos y mayores empréstitos. La más elemental política de un buen manejo del crédito coloca a Panamá como sujeto no acreedor de empréstitos. Son muchísimos los servicios públicos que el gobierno no puede prever a la ciudadanía, en desacato a normas constitucionales que advierten su obligatoriedad. Los empréstitos de las IFIs en vez de contribuir a nuestro desarrollo nos empobrecen más. Es una manera muy sutil de hacernos cada vez más dependientes de los poderosos.
Para terminar sólo deseamos sugerir al Contralor General de la República que revise las cifras dadas a conocer por la dependencia a su cargo antes de hacer alusión a ellas. No es cierto, como él afirmó en la televisión, que la planilla gubernamental aumentó sin que haya existido un aumento en su valor. Las cifras publicadas por la Contraloría General de la República denotan todo lo contrario a lo afirmado por el Contralor. Esta es la mejor forma de perder credibilidad.

101 años de Panamá América

 
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