Gatopardismo a la panameña (I)
De noche, nos recuerda un antiquísimo refrán, "todos los gatos son pardos". En la oscuridad de un proceso electoral con pocas luces, que languidece en la penumbra de conceptos vagos, presentaciones triviales y propuestas nada coherentes con la realidad de quienes las exponen, se ha vuelto complejo distinguir los colores de cada candidato. Las tonalidades serán distintas, los ojos más brillantes, los maullidos menos agudos, pero al final todos esos gatos nos parecen grises. A falta de claridad entre lo que ofrecen y están dispuestos a realizar, sus manchas, sus incompetencias y hasta sus defectos nos pueden pasar peligrosamente desapercibidos.
Hace unos cincuenta años vio la luz literaria quien se conoce como el gato político por excelencia. Don Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, es el personaje principal de "El Gatopardo", novela del escritor italiano Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) publicada póstumamente en 1958.
En esta obra extraordinaria, Don Fabrizio y su sobrino Tancredi viven en la atrasada Sicilia de mediados del siglo XIX, donde se ven forzados a enfrentar la inestable situación política del momento. Los retos que una sociedad en transformación imponía a la amenazada aristocracia siciliana requerían de sagacidad. Para sortearlos, ambos coincidieron en un aparente contrasentido plasmado en las célebres palabras citadas en su original: "Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi", es decir, "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
A esta posición se le responde en la novela con otro aparente contrasentido: "E dopo sarà diverso, ma peggiore", es decir, "y después será distinto, pero peor".
Desde la publicación de "El Gatopardo", la expresión "gatopardismo" ha servido "para señalar la actitud de ?cambiar todo? para que las cosas sigan iguales, tal como lo proclama reiteradamente el personaje de la novela, en el marco del pacto con el enemigo político tradicional" (Rodrigo Borja, "Diccionario de la política", 1998). La expresión describe asimismo a quienes en público promueven un "cambio", pero que en realidad se oponen al mismo para que, paradójicamente, nada cambie.
El concepto de "cambio" en Panamá ha sido una vieja constante en campañas electorales. En 1999, Martín Torrijos hablaba de una "Nueva Nación", mientras que su contendiente proclamaba: "Mireya es el Cambio". Cinco años después "Nueva Nación" se convirtió en "Patria Nueva", dando el triunfo a quien prometía "+ empleo, + seguridad, 0 corrupción".
Un electorado desengañado de estas fracasadas promesas mantiene vigente a la constante de "cambio" en 2009. Balbina Herrera dice ser "el Cambio a favor de la gente" en un "gobierno para la gente", porque el actual quizá sea un gobierno para marcianos. Ricardo Martinelli promete un "verdadero Cambio", porque tal vez existan cambios que no lo sean. El candidato a vicepresidente Juan Carlos Varela prometía un "Cambio en que sí puedes confiar", porque quizá haya otros que inspiren suspicacia.
¿Se encontrará entre ellos algún discípulo panameño de Don Fabrizio, El Gatopardo? Muy pronto lo veremos.