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Gatopardismo a la panameña (II)


Cualquiera que sea el "cambio" prometido por los candidatos presidenciales, este habrá de venir, como siempre, "desde arriba". Una característica propia de la sociedad panameña es su legendaria inhabilidad para transformarse a sí misma. Las innovaciones que su desarrollo político y socioeconómico requiere continúan dependiendo por tradición de la aquiescencia, o mejor de la magnanimidad, del gobernante de turno. Esta figura mesiánica, casi redentora de los intereses nacionales, se convierte por razón del poder que ostenta en el principal agente de "cambio", uno que sin mayores obstáculos suele actuar a su entera discrecionalidad.

La historia demuestra que las fuerzas sociales, cuando operan, han tenido poca efectividad frente a esa voluntad paternalista del Organo Ejecutivo. No se registran movimientos populares que, por ejemplo, hayan exigido un sistema de seguridad social en Panamá. Pero todos recuerdan que Arnulfo Arías, además del voto condicionado a la mujer, del banco agropecuario y del patrimonio familiar, "nos dio" la Caja de Seguro Social. Tampoco se registran movimientos que exigieran una legislación laboral más favorable al trabajador. Pero todos recuerdan que Omar Torrijos, además de una constitución autoritaria y de nuevos tratados del Canal, "nos dio" el actual Código de Trabajo.

Nuestro sistema de gobierno se ha convertido en la práctica en uno mucho más presidencialista que aquel establecido en la Constitución. Con el tiempo nos hemos acostumbrado a ser espectadores de un Ejecutivo manejado con ficticios controles, que domina a una Asamblea Nacional de diputados emasculados, siempre obedientes a los deseos presidenciales y quienes sólo se interesan en malgastar su abultado presupuesto institucional.

El paternalismo autoritario como forma de gobierno está presente en las campañas de los candidatos. Balbina Herrera despliega de forma prominente el número "11" de la bandera del partido oficialista, en recordación al 11 de octubre de 1968. En esta fecha fue roto el orden constitucional con la instauración, a fuerza de bayonetas, de un régimen militar que terminaría con la invasión norteamericana 21 años después. La glorificación de ese pasado dictatorial, del que Herrera fue parte relevante, mantiene grandes dudas sobre la pretendida vocación democrática de la candidata.

El equipo de campaña de Ricardo Martinelli descuida también a la simbología histórica. Sus miembros, uniformados con camisas azules, exhortan al electorado a unirse a un "movimiento" nacional en respaldo del candidato. Sin embargo, con semejante imagen, ese equipo pareciera evocar accidentalmente a las "Camisas Azules" de la Falange Española, una organización de militantes que con el brazo en alto saludaban al líder del "Movimiento Nacional" español, el "Caudillo" Francisco Franco (1892-1975).

No se espera que nadie de esa campaña salga a la calle a cantar "Cara al Sol", el himno de la Falange, ni a gritar "FRANCO, FRANCO, FRANCO" en homenaje a quien cambió la República Española por su régimen autoritario, pero sería preferible que estas analogías de obediencia ciega a un líder quedaran claramente despejadas.

Estos dos candidatos han publicado sendos planes de gobierno, cuyo "cambio" real o imaginario será analizado en la tercera y última parte del artículo.

101 años de Panamá América

 
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