Gatopardismo a la panameña (III)
La primera víctima de una campaña política, al igual que de toda guerra, es la verdad. Para los candidatos, el fin de salir electos en una votación -y para muchos seguidores, el de procurar influencias, nombramientos y contratos públicos- maquiavélicamente justifica los medios, no importa su costo en mentiras. En campaña todo se compra, todo se vende y todo se promete.
Dos de los candidatos presidenciales, Balbina Herrera y Ricardo Martinelli, han presentado planes de gobierno titulados "El compromiso de un gobierno para la gente" y "Plan de gobierno por el cambio", respectivamente. Ambos se plantean con base en "ejes" estratégicos que resumen no un conjunto de políticas de Estado, sino una lista de tareas de gobierno para el quinquenio 2009-2014. Los de Herrera son cinco -desarrollo humano, crecimiento económico, integración de "las tres Panamá", participación ciudadana y modernización de las instituciones públicas -mientras que los de Martinelli son cuatro: social, económico, ambiente y recursos naturales e institucional.
Tras el análisis de estos planes es fácil concluir, de encontrarse creíbles, que a ambos les aquejan las mismas debilidades. La principal es la persistente intromisión gubernamental en demasiados aspectos de la vida del panameño, más allá de los temas comunes de interés nacional. En vez de servir de agente facilitador, el Estado que visualizan los dos candidatos es una entidad omnipresente e intervencionista que sigue fomentando dependencia y clientelismo. Ambos incorporan propuestas limitadas de autogestión frente a un pesado burocratismo que se extiende a cada ámbito de la sociedad panameña.
Aunque el plan de Herrera toma nota de mecanismos de consulta como la "Concertación Nacional para el Desarrollo", una instancia que el de Martinelli ignora, es probable que este proceso, convocado de manera esporádica a conveniencia del gobierno, siga anulado en la práctica. Aportes de la sociedad civil como las "Propuestas de Políticas Públicas" de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá (FUDESPA) fueron desconocidos. El paternalismo autoritario que caracteriza a nuestro exagerado presidencialismo se mantiene intacto.
Los planes son superficiales en política exterior; el de Herrera no ve la necesidad de reformas constitucionales ni tributarias, en el de Martinelli no se apoya a la administración de justicia ni existe la cultura.
Este último plan, luego complementado por un "Plan Martinelli" de bolsillo, trae la novedad del impuesto único sobre la renta, o "flat tax", que sin embargo se enreda en la tupida maraña de subsidios y privilegios empresariales que de forma bastante subjetiva proyecta reducir, pero no eliminar.
Como siempre, a los ciudadanos nos corresponde asegurar que los cambios políticos y socioeconómicos que Panamá necesita trasciendan al papel donde quizás se impriman. De otro modo las promesas electorales pronto descubrirán una bien escondida etiqueta que dice: "Expira a la medianoche del 3 de mayo de 2009".