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Género, ciencia y tecnología


Estando en pleno siglo XXI, es un hecho innegable que todavía existen mecanismos, prejuicios y actitudes de discriminación hacia las mujeres. Ello es así porque a pesar de los avances y las leyes obtenidas para dar más igualdad de derechos y oportunidades a éstas, aún no hemos podido alcanzar la plena igualdad, tanto desde el punto de vista de las profesiones como desde la perspectiva del rendimiento económico y el status que se puede obtener de ellas.
El ejemplo más práctico lo podemos apreciar en las profesiones vinculadas con la investigación, la generación o la transmisión de la ciencia y la tecnología, pues a pesar de los grandes esfuerzos realizados por los movimientos feministas y los cambios introducidos en los sistemas educativos en una gran cantidad de países, no han sido lo suficientemente efectivos para modificar de manera sustancial esta situación de desigualdad y discriminación.
Esto en parte se debe a que aún se mantienen en el inconsciente colectivo, patrones culturales y mitos relacionados con el lugar que se piensa las mujeres ocupan en el mundo; prejuicios que inciden directamente en el concepto y en la opinión que las sociedades tienen respecto a la capacidad de las mujeres.
Lo anterior explica que en el ámbito de la ciencia y la tecnología, el discurso científico siga siendo androcéntrico; situación que tiene efectos perjudiciales no solamente para las mujeres, sino también para los hombres y para la propia ciencia, porque ello:
1). Afecta a las mujeres porque las obliga a tener que trabajar duramente para superar el llamado "techo de cristal" empleando la inteligencia y las energías que deberían utilizar en la creación y en la producción científica.
2). Afecta a los hombres, ya que no serán verdaderamente libres para vivir y para crear, mientras no compartan esa libertad con las mujeres.
3). Afecta a la ciencia, porque al negar y rechazar a las mujeres, que son la mitad de la humanidad, está rechazando un conjunto de valores fundamentales para la creación científica y por ende para el desarrollo humano.
No resulta fácil cambiar esta situación; hacerlo exige transformaciones profundas, empezando desde las propias mujeres que tenemos que cambiar de actitudes, aprendiendo a valorarnos, a tener seguridad y autoestima. Tener conciencia que lo masculino no es algo inherente a la ciencia, sino el resultado de una apropiación injusta del hombre en la lucha que dividió el trabajo social e intelectual.
Se requieren cambios estructurales en la organización patriarcal de la ciencia, haciéndola más transparente, más participativa e incorporando la democracia genérica. Pero el cambio mayor debe producirse en las mentes y en los corazones, para terminar de manera definitiva con las costumbres, los prejuicios y los mitos que durante más de veinte siglos, han excluido a las mujeres del conocimiento y la creación científica.
Tal como plantea la escritora Charlotte Bunch: El presente estado del mundo exige que las mujeres se tornen menos sumisas y sueñen/planeen/actúen/se arriesguen.
Quiero informarles que ya existe un gran adelanto en esta parte, y si la nueva administración presta la atención que se necesita, todo esto se podrá tener a fines del próximo año.
Estos dos consensos podrán llevarse a cabo tan pronto las nuevas autoridades así lo deseen, ya que hay una comisión técnica conformada por miembros de la Mesa del Diálogo y representantes de ambas instituciones de salud, quienes hace un año están trabajando en torno al otro punto del consenso de la Mesa, sobre el sistema único de salud, del cual me referí la semana pasada.
Los lineamientos están sobre la mesa, únicamente se necesita la voluntad política efectuarlos.
"Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar". Gandhi.
(cdabadia@cwpanama.net)

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