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George Bush: dudas más que certezas


El mensaje del mandatario estadounidense George W. Bush a la nación norteña sobre el tema migratorio dejó abierta varias interrogantes. La primera de ellas es ¿le creo, o no? Para muchos se trató de una clara maniobra política del Partido Republicano en momentos cuando cae en picada la popularidad del Presidente, y en medio de las estancadas negociaciones en el Senado para lograr una ley sobre el controvertido tema de la inmigración ilegal. La estrategia es, dicen algunos, ponernos duros contra los inmigrantes para ganar votos. Líderes demócratas de ambas cámaras en el Congreso criticaron lo dicho por Bush, pues estiman que endurecía su discurso para favorecer el ala más radical del Partido Republicano en el Senado, que busca encarnizar la lucha contra los indocumentados.
Además, no todo está claro sobre la función de la Guardia Nacional en la frontera. Se dice que será temporal y no muy activa, pero el sentido común hace vaticinar, ojalá no ocurran, barbaridades.
Pero el presidente de Estados Unidos dejó claras algunas cosas. En primer lugar dijo: "ya están aquí", refiriéndose a los millones de indocumentados que permanecen ilegalmente trabajando en su país y sobre los que agregó categóricamente "no habrá amnistía". Y anunció el endurecimiento de las sanciones contra las empresas que "alimentan" la inmigración ilegal. Para los escépticos todo está por verse y dudan de la capacidad del presidente para hacer efectivo varias medidas.
Bush le ha pasado la bola al Senado y esto le da un respiro, aunque no se sabe por cuánto tiempo. Por otro lado está pendiente la reacción de su mensaje entre el lobby del mandatario mexicano Vicente Fox en Washington, y que podría generar conflictos no deseados por la propia Casa Blanca, ya que no sólo el Partido Republicano se encuentra en un período electoral, sino también México, donde lo actuado por Estados Unidos podría inclinar la balanza por el candidato de la oposición López Obrador. Aunque todo está ciertamente por verse, lo que resultó evidente es que la credibilidad de Bush seguirá cuestionada mientras navega con dificultad por las turbulentas aguas a ambos lados del Río Grande.

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