Gestión del cambio en educación
La confrontación en torno a la transformación curricular puesta en práctica por el gobierno y rechazada por los gremios de educadores solo dejará un saldo negativo para el país y es hasta probable que ambos contendientes registren más pérdidas que logros. Si los dirigentes gremiales antepusieran el bien público de la educación a los intereses de sus grupos particulares, tendrían que reconocer que el nuevo paradigma curricular es positivo para los estudiantes hoy y para el futuro de la educación. Si las mezquindades de la politiquería no se atravesaran en el camino, los líderes de maestros y profesores tendrían que mostrar el más genuino entusiasmo por acometer este enorme reto que significa el cambio del currículo. Se trata de un proceso colectivo que requiere el esfuerzo de los mejores, y el respaldo de todos, pues tomará varios años en completarse a nivel nacional y no está decidido de antemano la forma definitiva que tendrá el currículo al final de este proceso. El Ministerio de Educación debe abandonar las actitudes confrontacionistas y llevar adelante acciones concretas que le granjeen una mejor relación con la masa de educadores. ¿Por qué? Por una razón sencilla: no habrá transformación curricular sin educadores que la pongan en práctica. La ausencia de una estrategia amigable de acercamiento a los gremios es el talón de Aquiles del actual proceso. Una gestión del cambio en educación debe estar dirigida a ganarse a los educadores para el proceso de transformación, y no al revés.