Global Trends 2015 (II)
Terminé la semana pasada mencionando el rol que tendrán los estados, y el grado de gobernabilidad que podrán lograr, si crean sociedades con protagonistas importantes fuera del ámbito oficial. Sin embargo, los conflictos bélicos futuros, además del papel preponderante que seguirá manteniendo los Estados Unidos de América, durante el período que nos ocupa, son temas de obligada revisión para entender la nueva dinámica que conformará el paisaje sociopolítico en el ámbito mundial.
El riesgo de guerra entre países desarrollados será bajo. Las situaciones más delicadas se producirán en Asia, especialmente por un posible incremento de las rivalidades existentes entre India y Pakistán, además de un deterioro abrupto dentro del proceso de fusión entre China y Taiwán. Las luchas internas que se produzcan, ya sean por posiciones religiosas, étnicas, económicas o políticas, mantendrán el mismo nivel que registran hoy día.
El agua será el mayor causante individual de guerras durante estos 15 años. Más de 3 billones de seres humanos vivirán en países con limitaciones del preciado líquido. En las naciones en vías de desarrollo, el 80% del agua dulce se destina aún a la producción agrícola, situación insostenible a corto plazo, dado el dato estadístico que indica la necesidad de emplear 1,000 toneladas de dicho elemento para producir 1 tonelada de grano alimenticio.
Cerca de la mitad de la masa terráquea está conformada por cuencas fluviales compartidas por varios países simultáneamente. Más de 30 naciones reciben 1/3 del agua que emplean a diario de fuentes ajenas a sus territorios. Turquía está construyendo presas en los ríos Eufrates y Tigris que afectarán, sin duda alguna, las necesidades de Siria e Irak. Igual condición se da en el Nilo, luego que Egipto decidió reestructurar su uso, especialmente si consideramos que mucho del caudal involucrado se genera en las zonas de Sudán y Etiopía.
Los Estados Unidos de América continuará siendo la mayor fuerza dentro de la comunidad internacional. Su sola injerencia - cualquiera sea dentro de este escenario globalizado - será un motor importante dentro del sistema operativo internacional. Sin embargo, la diplomacia que emanará de Washington será más complicada, particularmente, porque la meta principal del sector privado norteamericano será mantener la hegemonía financiera y tecnológica del país, y no el establecimiento de planes de política exterior para consolidar la cada vez más pequeña y débil influencia de dicho gobierno a escala mundial.
Otros importantes actores entrarán en escena -China, Rusia, India, México y Brasil - para fortalecer y retar, simultáneamente, el liderazgo estadounidense. Igual se puede decir sobre la Unión Europea, además de muchas corporaciones multinacionales poderosas y organizaciones sin fines de lucro interesadas en defender sus patrimonios en el mundo.
Sobre este juego de poderes e influencias dentro de un tablero tan complejo como lo es la realidad proyectada, aflorará la ciencia y la tecnología como un factor denominador común a todos los jugadores, y que ejercerá una atribución extraordinaria - tanto para bien como para mal - dentro del resultado con el cual tendremos que vivir en los próximos 15 años.
Sabemos que esta revolución de la ciencia y la tecnología bien pudiera mejorar sustancialmente la calidad de vida en el planeta. Los avances en la agricultura, salud y comunicaciones globales, entre otros, contribuirán - en teoría - para que el ser humano pueda compartir una coexistencia mejor con el entorno que lo rodea. Lo que no sabemos, es si la humanidad está preparada para controlar que estas maravillosas herramientas no sean empleadas para alienar poblaciones por razones étnicas o religiosas. No podemos vaticinar que estos logros se tornen en contra de los países menos desarrollados, como tampoco que los mismos sean utilizados por grupos radicales dentro de ellos para llevar a cabo propósitos mezquinos, y que afecten grandes zonas desarrollo en el mundo entero.
El riesgo de guerra entre países desarrollados será bajo. Las situaciones más delicadas se producirán en Asia, especialmente por un posible incremento de las rivalidades existentes entre India y Pakistán, además de un deterioro abrupto dentro del proceso de fusión entre China y Taiwán. Las luchas internas que se produzcan, ya sean por posiciones religiosas, étnicas, económicas o políticas, mantendrán el mismo nivel que registran hoy día.
El agua será el mayor causante individual de guerras durante estos 15 años. Más de 3 billones de seres humanos vivirán en países con limitaciones del preciado líquido. En las naciones en vías de desarrollo, el 80% del agua dulce se destina aún a la producción agrícola, situación insostenible a corto plazo, dado el dato estadístico que indica la necesidad de emplear 1,000 toneladas de dicho elemento para producir 1 tonelada de grano alimenticio.
Cerca de la mitad de la masa terráquea está conformada por cuencas fluviales compartidas por varios países simultáneamente. Más de 30 naciones reciben 1/3 del agua que emplean a diario de fuentes ajenas a sus territorios. Turquía está construyendo presas en los ríos Eufrates y Tigris que afectarán, sin duda alguna, las necesidades de Siria e Irak. Igual condición se da en el Nilo, luego que Egipto decidió reestructurar su uso, especialmente si consideramos que mucho del caudal involucrado se genera en las zonas de Sudán y Etiopía.
Los Estados Unidos de América continuará siendo la mayor fuerza dentro de la comunidad internacional. Su sola injerencia - cualquiera sea dentro de este escenario globalizado - será un motor importante dentro del sistema operativo internacional. Sin embargo, la diplomacia que emanará de Washington será más complicada, particularmente, porque la meta principal del sector privado norteamericano será mantener la hegemonía financiera y tecnológica del país, y no el establecimiento de planes de política exterior para consolidar la cada vez más pequeña y débil influencia de dicho gobierno a escala mundial.
Otros importantes actores entrarán en escena -China, Rusia, India, México y Brasil - para fortalecer y retar, simultáneamente, el liderazgo estadounidense. Igual se puede decir sobre la Unión Europea, además de muchas corporaciones multinacionales poderosas y organizaciones sin fines de lucro interesadas en defender sus patrimonios en el mundo.
Sobre este juego de poderes e influencias dentro de un tablero tan complejo como lo es la realidad proyectada, aflorará la ciencia y la tecnología como un factor denominador común a todos los jugadores, y que ejercerá una atribución extraordinaria - tanto para bien como para mal - dentro del resultado con el cual tendremos que vivir en los próximos 15 años.
Sabemos que esta revolución de la ciencia y la tecnología bien pudiera mejorar sustancialmente la calidad de vida en el planeta. Los avances en la agricultura, salud y comunicaciones globales, entre otros, contribuirán - en teoría - para que el ser humano pueda compartir una coexistencia mejor con el entorno que lo rodea. Lo que no sabemos, es si la humanidad está preparada para controlar que estas maravillosas herramientas no sean empleadas para alienar poblaciones por razones étnicas o religiosas. No podemos vaticinar que estos logros se tornen en contra de los países menos desarrollados, como tampoco que los mismos sean utilizados por grupos radicales dentro de ellos para llevar a cabo propósitos mezquinos, y que afecten grandes zonas desarrollo en el mundo entero.