Global Trends 2015 (IV)
En las primeras tres entregas seleccioné del reporte aquellos datos que -sea por fuerza, tecnología, geopolítica o una compleja interrelación entre estos elementos- conformarán las características del mundo para el año 2015. Hemos visto cómo los Estados Unidos de América mantendrá su rol de primera potencia mundial, el surgimiento de China e India como los grandes motores asiáticos de desarrollo, los problemas de mano de obra en Japón y ciertas regiones europeas, las calamidades que seguirán azotando a las naciones africanas inmediatamente al sur del Sahara y la constante disminución de Rusia como polo de poder en el planeta. ¿Y qué pasará en nuestro continente, particularmente en Latinoamérica?
Lo primero que hay que mencionar es el nuevo papel que ejercerá Canadá durante el período en referencia. Su influencia dentro del área, similar a la que tendrán México y Brasil, será superada sólo por los Estados Unidos de América. A pesar de su marcada tendencia como socio natural de dicho país, el gobierno de Ottawa buscará ampliar sus oportunidades dentro del NAFTA, de manera particular impulsando la creación del ALCA. Por todo lo antes dicho, Latinoamérica desplazará a Europa como objetivo principal dentro de las estrategias y políticas económicas canadienses.
En términos generales, los países latinoamericanos gozarán de cierto grado de prosperidad gracias a las alianzas económicas hemisféricas y globales, la revolución informática y una baja dentro de la tasa de nacimientos en la región. Brasil y México se perfilan como los principales actores de la zona. Sin embargo, todo el territorio hispanoamericano será vulnerable a crisis mercantiles producto de su marcada dependencia a fuentes externas de financiamiento, además de la delicada sustentación de sus economías sobre la base de un producto central de exportación masiva.
Latinoamérica - especialmente Venezuela, México y Brasil - seguirá aumentando su producción de petróleo hasta convertirse en un componente vital dentro de la emergente Cuenca Energética del Atlántico. Sus reservas de crudo sólo serán superadas por aquellas que existen en el Medio Oriente.
La liberación dentro de la política de inversiones y la expansión de los tratados de libre comercio - ya sea dentro o fuera del área que nos ocupa - se convertirán en un catalizador de crecimiento para Latinoamérica en general. Organizaciones como el MERCOSUR, además de otros mercados regionales y la propuesta ALCA, revitalizarán la generación de empleos y apuntalarán a aquellos gobiernos que decidan llevar a cabo importantes reformas políticas dentro del deficiente contexto socioeconómico que aún prevalece en la región entera.
¿Cómo encajará la República de Panamá dentro de esta irrefrenable mutación global? En la medida que nuestros gobernantes analicen, entiendan y apliquen rápidamente los correctivos, reformas y transformaciones necesarias para amoldarse a esta poderosa dinámica que cambiará al mundo durante los próximos 15 años, podremos ocupar un puesto importante a escala regional.
Sin embargo, y con mucho pesar, tengo que reconocer la ausencia de un genuino esquema nacional que se amolde a lo antes dicho. Seguimos dando tumbos erráticos - afectados por ese peligroso trastorno generalizado que nos hace comportarnos permanentemente como si de verdad fuéramos "puente del mundo y corazón del universo" - sin que se vislumbre a corto plazo una política de Estado que combine - de manera productiva y sin añoranzas de tiempos pasados -lo que somos y tenemos para saber, entonces, qué hacer y dónde queremos ir.
Las transformaciones dentro de nuestra área de influencia -especialmente la experimentada por la hermana república de Costa Rica- debieran ser revisadas exhaustivamente y con la seriedad que la situación amerita. De lo contrario seguiremos empantanándonos, cada día más, en ese lodazal de mediocridad en que se ha convertido el andar de la nación panameña.
Lo primero que hay que mencionar es el nuevo papel que ejercerá Canadá durante el período en referencia. Su influencia dentro del área, similar a la que tendrán México y Brasil, será superada sólo por los Estados Unidos de América. A pesar de su marcada tendencia como socio natural de dicho país, el gobierno de Ottawa buscará ampliar sus oportunidades dentro del NAFTA, de manera particular impulsando la creación del ALCA. Por todo lo antes dicho, Latinoamérica desplazará a Europa como objetivo principal dentro de las estrategias y políticas económicas canadienses.
En términos generales, los países latinoamericanos gozarán de cierto grado de prosperidad gracias a las alianzas económicas hemisféricas y globales, la revolución informática y una baja dentro de la tasa de nacimientos en la región. Brasil y México se perfilan como los principales actores de la zona. Sin embargo, todo el territorio hispanoamericano será vulnerable a crisis mercantiles producto de su marcada dependencia a fuentes externas de financiamiento, además de la delicada sustentación de sus economías sobre la base de un producto central de exportación masiva.
Latinoamérica - especialmente Venezuela, México y Brasil - seguirá aumentando su producción de petróleo hasta convertirse en un componente vital dentro de la emergente Cuenca Energética del Atlántico. Sus reservas de crudo sólo serán superadas por aquellas que existen en el Medio Oriente.
La liberación dentro de la política de inversiones y la expansión de los tratados de libre comercio - ya sea dentro o fuera del área que nos ocupa - se convertirán en un catalizador de crecimiento para Latinoamérica en general. Organizaciones como el MERCOSUR, además de otros mercados regionales y la propuesta ALCA, revitalizarán la generación de empleos y apuntalarán a aquellos gobiernos que decidan llevar a cabo importantes reformas políticas dentro del deficiente contexto socioeconómico que aún prevalece en la región entera.
¿Cómo encajará la República de Panamá dentro de esta irrefrenable mutación global? En la medida que nuestros gobernantes analicen, entiendan y apliquen rápidamente los correctivos, reformas y transformaciones necesarias para amoldarse a esta poderosa dinámica que cambiará al mundo durante los próximos 15 años, podremos ocupar un puesto importante a escala regional.
Sin embargo, y con mucho pesar, tengo que reconocer la ausencia de un genuino esquema nacional que se amolde a lo antes dicho. Seguimos dando tumbos erráticos - afectados por ese peligroso trastorno generalizado que nos hace comportarnos permanentemente como si de verdad fuéramos "puente del mundo y corazón del universo" - sin que se vislumbre a corto plazo una política de Estado que combine - de manera productiva y sin añoranzas de tiempos pasados -lo que somos y tenemos para saber, entonces, qué hacer y dónde queremos ir.
Las transformaciones dentro de nuestra área de influencia -especialmente la experimentada por la hermana república de Costa Rica- debieran ser revisadas exhaustivamente y con la seriedad que la situación amerita. De lo contrario seguiremos empantanándonos, cada día más, en ese lodazal de mediocridad en que se ha convertido el andar de la nación panameña.