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Globalización de la intolerancia


Europa se ha lanzado a un proceso de integración política y económica sin precedentes. La arrolladora Unión Europea (UE), surgida del entendimiento de postguerra entre franceses y alemanes, continúa sumando naciones. Para el año 2004, a los 15 miembros actuales se agregarán otros 10 países de Europa del Este y la antigua Unión Soviética, llevando la población total de la unión a 450 millones de personas. La dimensión del mercado creado, su extensión geográfica (desde el Atlántico hasta el Báltico y desde Escandinavia hasta el Mediterráneo) y su peso poblacional anuncian el surgimiento de un indiscutido polo de poder.
Sin embargo, otras tendencias asoman en el horizonte europeo. Paralelamente a la integración se va consolidando un desarrollo social y político con serias implicancias para el futuro de los europeos. Se trata del auge de expresiones anti-inmigrantes, antisemitas y xenófobas, y del crecimiento de los partidos políticos de extrema derecha. En países como Dinamarca, Bélgica, Austria, Holanda, Noruega e Italia, el electorado se muestra cada vez más dispuesto a respaldar la prédica anti-inmigrante. Para una parte de la opinión pública los extranjeros constituyen una amenaza a la seguridad, los empleos y las mismas formas de vida de cada país. Incluso aquellas sociedades que han sido tradicionalmente hospitalarias empiezan a renegar de su diversidad cultural y étnica, expresando un marcado fastidio por la presencia de los "recién llegados". El hecho de que muchos de estos inmigrantes lleven viviendo en el país adoptivo por varias generaciones (como los trabajadores de origen turco en Alemania) se convierte en un d detalle de escasa importancia.
En este contexto, Francia genera particular preocupación. Allí residen las comunidades judía y musulmana más grandes del continente. A lo largo del 2002 los franceses experimentaron la peor oleada antisemita desde la II Guerra Mundial. Por primera vez, desde la caída del Nazismo, una sinagoga fue arrasada completamente por el fuego a causa de un ataque deliberado. Al incidente, ocurrido en Marsella, debe sumarse todo tipo de actos de vandalismo, agresiones físicas contra judíos, pintadas antisemitas y expresiones de odio racial que marcaron la geografía francesa. Hechos de agresión similares, dirigidos contra integrantes de minorías, también se produjeron en la vecina Bélgica, Inglaterra, Italia, Alemania, Europa del Este y en la misma Rusia. Esta situación se produce al mismo tiempo que las agrupaciones neonazis y racistas amplían su capacidad de difusión. A través de una utilización eficaz de la internet divulgan sus "posiciones" en círculos cada vez más extendidos, saliendo de los ámbitos marginales. La creación de redes cibernéticas ha permitido a estos grupos interactuar con mayor fluidez, atraer nuevos miembros, diseminar sus publicaciones y establecer estrategias de acciones conjuntas.
En el plano electoral, el populismo de extrema derecha se posiciona como un actor político cada vez más gravitante, llegando incluso a formar coaliciones gobernantes o a liderar la oposición. Este ascenso político se produce simplificando las complejas problemáticas sociales y responsabilizando por todos los males sociales a los refugiados, desplazados, inmigrantes y demás grupos minoritarios. Todo parece indicar que asistimos a una progresiva globalización de la intolerancia, un efecto no deseado del irremediable proceso globalizador. Resulta imperativo que estas tendencias sean reconocidas a tiempo por las sociedades que las padecen. Ese reconocimiento por parte de las autoridades, la sociedad civil y la prensa constituirá el primer paso para desarticular a los cada vez más eficaces voceros del odio.
*Director de la Ciudadela Jesús y María
Según la dirigente no había necesidad de una invasión para sacar a Noriega del poder y culpa al procurador Rogelio Cruz de ser el responsable de que muchos de la camarilla de Noriega quedaran en libertad o salieran del país.
Para Koster la invasión norteamericana de Estados Unidos a Panamá fue un acto programado en el que participaron sectores políticos y económicos de los Estados Unidos y Panamá.
De acuerdo con Edna Gioconda Davis la lucha emprendida por los panameños contra la dictadura de Noriega fue "justa" , aunque siempre ella estuvo de acuerdo con una transición democrática del poder sin llegar a la violencia. "La invasión fue un final muy triste que nos causó mucho dolor", indica la ex activista.
Destaca que el pueblo sí aprendió la lección de lo que fue la dictadura y posteriormente la invasión, pero no así los políticos que como no participaron en la lucha no valoran el costo que tuvo la democracia para Panamá.
Según Davis, los políticos vivieron en el exilio y llegaron después de la invasión a beneficiarse de la lucha del pueblo, lo que ha ocasionado que muchos de ellos no tengan conciencia de lo costó la democracia y aprueban acciones que han hecho que el sistema democrático retroceda en Panamá.
"el pueblo sí aprendió la lección, pero los políticos parecen que no", asegura Davis, quien no descarta que los panameños tengan que volver a las calles a defender la democracia.

101 años de Panamá América

 
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