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Globalización y moral en el capitalismo neoliberal


En los últimos años, algunas revistas especializadas en temas financieros y bursátiles, se han dedicado a diario, revelar y publicar informaciones sobre quiénes son las personalidades que concentran las más grandes fortunas capitalistas y paquetes financieros, al igual que destacar las tendencias de las mismas, al crecer y reproducirse a un nivel cada vez más concentrado en pocas manos. Algunos de estos datos, resaltan las cualidades que rodean al individuo-capitalista. Evidentemente, contienen mensajes subliminales, dirigidos a vender la ilusa y vana idea, de que el éxito y el poder económico, para cualquier mortal de nuestro planeta, puede ser posible en el capitalismo neoliberal. Sólo bastaría, según estas publicaciones un poco de talento, creatividad y un sentido para desafiar los riesgos.
En lo particular, tales publicaciones me producen malestar, dado que omiten y pierden de vista (no es casual tal omisión), que las citadas mega-fortunas, son el resultado del trabajo de millones de seres pensantes, que no son justamente retribuidos. Además, imposible separar los procesos crecientes de desempleo y pobreza en que vive la humanidad, de la realidad caracterizada por esa esquizofrenia y megamanía del capital financiero, de llevar los términos de acumulación y reproducción de capital a estudios jamás conocidos en la historia de los modelos económicos.
Comparo tales publicaciones, con aquel personaje que llegó a la casa de una familia que vivían en una completa indigencia y lo único que se le ocurrió hablar fue de su buena vida y fortuna, sin percatarse, de que estaba lastimando brutalmente los sentimientos y la dignidad de aquella, revelando una inaudita insensibilidad humana; como lo es también hacer un elogio a esa locura de concentración de fortunas capitalistas, cuando la mitad de la población mundial vive en la pobreza, con menos de dos dólares diarios o que un solo individuo, tenga ingresos diarios, a razón de 2.5 millones por hora ¿esta es la herencia que le deja el milenio que está por terminar al próximo? No me cabe duda, esta realidad es inmoral, violadora de los principios de equidad y solidaridad humanas.
Creemos en el desarrollo de la ciencia y la tecnología, como condiciones ineludibles para un mundo más justo y humanizado. No aceptamos, que el avance de las fuerzas productivas se pongan al servicio de un modelo de acumulación, sustentado socialmente por los grandes centros del poder financiero, en perjuicio de las grandes mayorías planetarias.
No se puede seguir aceptando el cinismo de estos grupos y agencias internacionales que ejecutan el neoliberalismo, que por un lado, hablan de erradicar la pobreza, de equidad y democracia, sin embargo nada hacen para revertir la esquizofrénica lógica de acumulación salvaje, que ha producido la más grande bomba social que ha conocido la historia mundial. No nos equivoquemos, esta bomba existe y no es un invento de alguno u otro anarquista, reformador social o revolucionario.
Dentro de toda esta realidad, que promedia los treinta años, (de acuerdo con algunos economistas, la existencia de un período de acumulación dentro del capitalismo, han durado aproximadamente 25 años), meritoria y heroica ha sido la posición de la Iglesia Católica y la de su máximo dirigente, el papa Juan Pablo II, quienes se atrevieron a desafiar al rampante capitalismo salvaje. Han sido la voz del disenso y la antítesis, predicando la humanización del mercado. No han arado en el mar. La disidencia a una modernización mal llevada, ha venido creciendo. Hoy, prestigiosas organizaciones, instituciones y personalidades internacionales, alzan su voz para protestar contra el neoliberalismo. Recientemente lo hizo Koffi Annan, quien criticó a los organismos rectores del capital financiero. Los acusó de "descuidar los puestos de trabajo e incluso generar desempleos con algunos de sus programas económicos. Han perdido de vista las necesidades de la gente y no puede ser que la mitad de los jóvenes en los países pobres, 450 millones, no están en las escuelas, ni en el trabajo", terminó acotando en la Reunión Anual (1999) del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Tenemos el siguiente dilema: ¿o continuamos por los senderos de una mundialización sectaria o nada solidaria, ampliando la capacidad expansiva de la bomba social o nos abocamos a encontrar salidas pacíficas y negociables? Mucho dependerá de la capacidad y de la actitud que asuman los detentadores del capital financiero. Dan la impresión que no están dispuestos a ceder, lo que eventualmente pudieran dar cauces a coyunturas de masas moviéndose en un escenario de profundas reformas sociales y políticas. De acuerdo con George Soros, uno de los grandes beneficiados del capitalismo financiero, no está lejano el tiempo en que pudieran surgir movimientos políticos planteándose como objetivo "Expropiar a las empresas multinacionales y recapturar la riqueza nacional".
Dentro de esta realidad, muy oportunas han sido las ideas y proposiciones del Dr. Federico Mayor, director del Fondo de las Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y también de Jerome Bindé, responsable del análisis e investigación de dicha organización, quienes sugieren la necesidad de recomponer los correlatos actuales, a partir de lo que ellos denominan "Los Cuatro Contratos Sociales".
El primero, dirigido a erradicar la pobreza y el desempleo. Según los autores citados se requiere "regular la tercera revolución industrial y retribuir mejor los dividendos de la mundialización".
El segundo, debe estar encaminado a la preservación del planeta; el tercero, como tema central, deberá abordar la cuestión educacional y el cuarto, la dimensión ética. ¡Ojalá el mundo, le tomara la palabra! Todas las naciones y sobre todo los que hemos estado a merced de las políticas neoliberales, debemos aunar esfuerzos de cara a la firma de un pacto internacional, que contenga los contenidos citados. La otra acera, inevitablemente nos conducirá a un nuevo milenio saturado de contradicciones sociales radicales, con consecuencias impredecibles.

101 años de Panamá América

 
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