Globalización y narcotráfico
El Grupo de Observadores Latinoamericanos ( GOL) labora en dieciocho países y está integrado por personajes de la intelectualidad y la política del continente. En el marco de la defensa de la libertad, los derechos humanos, la libertad y la democracia, sin deberse a ideología partidista alguna, desenvuelve sus objetivos con el propósito de alcanzar el bienestar y el desarrollo de América Latina y el Caribe.
Como lo viene haciendo en otras latitudes, llevó a cabo en Ecuador, precisamente en Quito, un importante acto académico que contó con numerosa asistencia de las autoridades civiles, eclesiásticas, militares y de Policía, del Cuerpo Diplomático acreditado en este país, de rectores y catedráticos universitarios, de académicos y magistrados, de la prensa nacional y extranjera.
El evento en referencia, que estuvo presidido por el Dr. César Lepervanche, Director Ejecutivo Internacional del GOL y que vino desde Venezuela a la capital ecuatoriana con este exclusivo fin, se desarrolló bajo el título "Narcotráfico, globalización, crimen organizado, ante el milenio". Participaron como expositores el embajador Emilio Izquierdo Miño, Director General de la Academia Diplomática "Antonio J. Quevedo" del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ing. Alfredo Santoro Donoso, Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (CONSEP) y el Coronel de Policía de E.M. Oswaldo Montalvo Cózar, Director Nacional Antinarcóticos. Como puede apreciarse, se trata de elementos de alto nivel y profundamente conocedores de la materia, tanto por su formación como por las funciones que actualmente cumplen. Me fue grato participar como moderador en tan memorable y útil coloquio.
La globalización de la criminalidad, a manos del delito organizado, recibe vigoroso impulso con la mundialización de las comunicaciones, las transacciones comerciales, económicas y financieras, el incremento de los transportes transnacionales y el crecimiento de las urbes, por lo cual se vuelve también imprescindible que la justicia se globalice, más aún si se considera la naturaleza y poderío del narcotráfico.
Constituye necesidad incuestionable la plena vigencia de la resolución de las Naciones Unidas, adoptada en mayo de 1996, en Viena, por la que se estableció el compromiso para que los países, mediante la cooperación mutua, protejan el bienestar y la seguridad de todas las personas, con medidas eficaces para combatir el delito internacional.
No hay duda de que la alianza hemisférica antidrogas ha cobrado mayor significado, si se analiza la globalización del narcotráfico que pretende apropiarse de los gobiernos. El caso colombiano es el más expresivo y revelador. A propósito, el Plan Colombia, elaborado por el Presidente Pastrana, requiere el pronto apoyo continental, si en verdad se aspira a combatir en sus raíces a la temible peste social del narcotráfico y a propiciar la paz y el progreso.
La subregión andina, debido al riesgo que entraña a causa de su localización geográfica, tiene obligadamente que cobijarse bajo el escudo de la responsabilidad compartida. El grave problema de las drogas no respeta fronteras ni soberanías, además de ser fuente de corrupción y de violencia, dos de los más difundidos y peligrosos males que, asimismo, agobian a las repúblicas latinoamericanas.
En abril de 1998, los mandatarios de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, al finalizar el Décimo Consejo Presidencial Andino, suscribieron el Acta de Guayaquil, en donde se recomienda acciones de carácter multilateral, en razón de que el narcotráfico tiene funesta incidencia en la Comunidad Andina de Naciones. Tan solo esta puntualización ubica en sus exactas proporciones al fenómeno en referencia. En Colombia, Perú y Bolivia, se asientan miles de hectáreas de plantaciones de coca, con tendencia a ser reemplazadas por la amapola, junto a laboratorios de las prohibidas substancias. De allí las bandas de mafiosos exportan las drogas, utilizando especialmente los territorios de Venezuela, Panamá y Ecuador; produciendo, a su vez, por esta causa, efectos desagradables en la subregión.
Los países andinos son los que primero soportan los embates del narcotráfico que no es problema exclusivo de los Estados Unidos y Europa. Defenderse de esta descomunal amenaza constituye prioritaria obligación de los pueblos. La alianza antidrogas, andina y hemisférica, debe tener constante vigencia, si en verdad se quiere atacar a fondo a este flagelo eminentemente internacional que se ha dinamizado con la globalización.
Como lo viene haciendo en otras latitudes, llevó a cabo en Ecuador, precisamente en Quito, un importante acto académico que contó con numerosa asistencia de las autoridades civiles, eclesiásticas, militares y de Policía, del Cuerpo Diplomático acreditado en este país, de rectores y catedráticos universitarios, de académicos y magistrados, de la prensa nacional y extranjera.
El evento en referencia, que estuvo presidido por el Dr. César Lepervanche, Director Ejecutivo Internacional del GOL y que vino desde Venezuela a la capital ecuatoriana con este exclusivo fin, se desarrolló bajo el título "Narcotráfico, globalización, crimen organizado, ante el milenio". Participaron como expositores el embajador Emilio Izquierdo Miño, Director General de la Academia Diplomática "Antonio J. Quevedo" del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ing. Alfredo Santoro Donoso, Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas (CONSEP) y el Coronel de Policía de E.M. Oswaldo Montalvo Cózar, Director Nacional Antinarcóticos. Como puede apreciarse, se trata de elementos de alto nivel y profundamente conocedores de la materia, tanto por su formación como por las funciones que actualmente cumplen. Me fue grato participar como moderador en tan memorable y útil coloquio.
La globalización de la criminalidad, a manos del delito organizado, recibe vigoroso impulso con la mundialización de las comunicaciones, las transacciones comerciales, económicas y financieras, el incremento de los transportes transnacionales y el crecimiento de las urbes, por lo cual se vuelve también imprescindible que la justicia se globalice, más aún si se considera la naturaleza y poderío del narcotráfico.
Constituye necesidad incuestionable la plena vigencia de la resolución de las Naciones Unidas, adoptada en mayo de 1996, en Viena, por la que se estableció el compromiso para que los países, mediante la cooperación mutua, protejan el bienestar y la seguridad de todas las personas, con medidas eficaces para combatir el delito internacional.
No hay duda de que la alianza hemisférica antidrogas ha cobrado mayor significado, si se analiza la globalización del narcotráfico que pretende apropiarse de los gobiernos. El caso colombiano es el más expresivo y revelador. A propósito, el Plan Colombia, elaborado por el Presidente Pastrana, requiere el pronto apoyo continental, si en verdad se aspira a combatir en sus raíces a la temible peste social del narcotráfico y a propiciar la paz y el progreso.
La subregión andina, debido al riesgo que entraña a causa de su localización geográfica, tiene obligadamente que cobijarse bajo el escudo de la responsabilidad compartida. El grave problema de las drogas no respeta fronteras ni soberanías, además de ser fuente de corrupción y de violencia, dos de los más difundidos y peligrosos males que, asimismo, agobian a las repúblicas latinoamericanas.
En abril de 1998, los mandatarios de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, al finalizar el Décimo Consejo Presidencial Andino, suscribieron el Acta de Guayaquil, en donde se recomienda acciones de carácter multilateral, en razón de que el narcotráfico tiene funesta incidencia en la Comunidad Andina de Naciones. Tan solo esta puntualización ubica en sus exactas proporciones al fenómeno en referencia. En Colombia, Perú y Bolivia, se asientan miles de hectáreas de plantaciones de coca, con tendencia a ser reemplazadas por la amapola, junto a laboratorios de las prohibidas substancias. De allí las bandas de mafiosos exportan las drogas, utilizando especialmente los territorios de Venezuela, Panamá y Ecuador; produciendo, a su vez, por esta causa, efectos desagradables en la subregión.
Los países andinos son los que primero soportan los embates del narcotráfico que no es problema exclusivo de los Estados Unidos y Europa. Defenderse de esta descomunal amenaza constituye prioritaria obligación de los pueblos. La alianza antidrogas, andina y hemisférica, debe tener constante vigencia, si en verdad se quiere atacar a fondo a este flagelo eminentemente internacional que se ha dinamizado con la globalización.