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Gobernabilidad


Quiero referirme a un tema llevado y traído, y que cada quien le otorga un significado a veces rebuscado. Para mí, la gobernabilidad, que no es otra cosa que tener desde el poder la mejor posibilidad para gobernar y hacer un buen gobierno, a través de todos los mecanismos legales que se requieran, no puede significar acomodos políticos de ocasión.

Mientras vivamos en un régimen presidencialista -no estoy defendiéndolo y creo que hay que variarlo-, la gobernabilidad se construye bajo el liderazgo del Presidente. Para ello, el entendimiento de todas las fuerzas políticas debe estar claro y saber distinguir los temas nacionales respecto de aquellos que puedan considerarse temas de gobierno. Para ello se requiere seriedad política desde el gobierno y comunicación constante entre todas las fuerzas políticas, incluyendo en esto a la oposición de turno. No estoy diciendo componendas, estoy valorando mucho el normal y natural diálogo que debe existir entre gobierno y oposición para avanzar como Nación en aquellas cosas que nos unen y que requieren continuidad por exceder los cinco años de un quinquenio.

No entiendo la gobernabilidad en el sentido de que un grupo determinado -de gobierno u oposición- tenga en sus manos el secuestro político del gobierno. Por allí no van los tiros, como dicen. Si en eso consiste una alianza política la veo pronto condenada al fracaso. Las vivencias de lo que fue la alianza en el período 90-94 hablan por sí solas. Por ello insisto en la importancia que tiene la identificación clara de la visión que del gobierno se tiene y de la agenda que en función de tal se comparte.

Con justificada razón la mayoría del país invoca un cambio. No sólo de gobernantes o de partidos en el poder, sino en el método de hacer las cosas y dejar atrás nefastas prácticas políticas que han deteriorado mucho la institucionalidad democrática y han hecho decaer a grados muy bajos la fe en las dirigencias políticas. Se trata, a mi juicio, de acercarse a un nuevo estilo y hacer entender a todos los partidos que tenemos y debemos hablar, no para repartimos el poder ni para adoptar decisiones forzadas en base a corruptelas, sino para darle modernidad a la conducción política y continuidad al desarrollo del país en aquellos temas, reitero, que siempre serán de gran prioridad.

Creo oportuno estas reflexiones por las enormes distorsiones que se han generado en razón de una eventual gran alianza opositora. Los ataques desesperados del oficialismo apuntan a desvirtuar el compromiso con el CAMBIO que ha sido y será el norte de Ricardo Martinelli y toda su alianza. No se equivoquen en esto. Esa gran alianza, por lo menos desde nuestro partido Unión Patriótica, siempre ha sido un objetivo y hoy estamos a punto de lograrlo. Me siento muy orgulloso de la disposición mostrada por nosotros para concretarla. De igual modo, seguimos comprometidos, y ahora más que nunca, con darle a Panamá el gobierno que todos esperamos sea el mejor. Veremos qué sucede finalmente, pero de que seguimos avanzando hacia el triunfo, no les quepa la menor duda.

101 años de Panamá América

 
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