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Gobernabilidad y fraude electoral


Incluso el actual titular, Bill Clinton chisteó con su homólogo vietnamés hace algunos días, cuando al despedirse le dijo: "Tengo que apurarme a ver si por fin tenemos nuevo presidente". Pero pasaron dos semanas y nada.
Es evidente que las cortes en sus distintas instancias se están inclinando por buscar una rápida definición, tras la larga demora de interminables recuentos manuales, interrumpidos por un aluvión de acciones legales de parte y parte. Ahora se sabe que el sistema de escrutinio nunca dio resultados ni siquiera medianamente correctos, en ninguna elección presente o pasada, lo cual se pone particularmente de manifiesto en torneos con márgenes estrechos.
También ha emergido otra penosa realidad, de la que antes se creía ausente a la gran nación del norte, y es que en Florida hubo un fraude que alteró, hizo anular y desvió la voluntad expresada en miles de votos.
Ahora se sabe que las televisoras que adelantaron el resultado en Florida, declarando la victoria de Al Gore, tras encuestas a boca de urna, no se equivocaron. Es un hecho que si el juez de circuito que declaró la victoria de George Bush, no hubiera excluido del conteo los miles de votos recibidos del exterior, Gore habría ganado en Florida por cerca de cinco mil sufragios.
Bush será proclamado presidente de Estados Unidos sin haber "oficialmente" obtenido la mayoría de votos en el recuento de todos los estados y sin haber ganado realmente en Florida. En este ultimo su triunfo fue técnico, determinado por decisiones judiciales, que forzaron un punto final a costo de la voluntad de la mayoría cuyos votos determinantes no se contaron.
El resultado de lo ocurrido lo pagará el país en términos de gobernabilidad. El nuevo mandatario carecerá de autoridad política para tomar decisiones de relevancia; y se verá precisado a buscar más consenso de lo normal. En este sentido, el Congreso se verá fortalecido, pero con el inconveniente de que el torcido recuento ha dado por resultado casi una paridad en su seno, con apenas uno o dos votos republicanos de ventaja, lo cual es grave en una nación donde la disciplina partidaria o parlamentaria es de lo más laxa.
Acá en Panamá podemos tener secuela, por nuestra dependencia total de la economía norteamericana, a la que estamos atados a través del dólar y su sistema financiero. Ojalá que cualquiera que ocupe la silla presidencial sepa encontrar consenso con los perdedores, sobre todo si sabe que no ganó o que a lo sumo su triunfo fue peor que pírrico.

101 años de Panamá América

 
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