default

Gobernantes y medios


No hace mucho, la señora presidenta señaló a la Comisión Presidencial para el Combate a la Corrupción (cuyas recomendaciones, por cierto, en su mayoría ha ignorado) que “vivimos en un mundo de incredulidad, desconfianza en las instituciones, irreverencia ante la autoridad y exaltación de los antivalores so pretexto del ejercicio y defensa de la libertad de expresión”. En otras palabras, el gobierno insiste en culpar a los medios de comunicación por sus embates y por todos los males del país.
Obviamente, los medios no tienen tal poder ni injerencia sobre nuestra suerte; por ello, esas palabras pueden ser rápidamente descartadas como retórica típica de todo gobernante que no acepta estar diariamente bajo la lupa de la opinión pública a través de la televisión, la radio y los medios escritos. Sin embargo, esa actitud resulta preocupante porque puede constituir una evidente distracción que niegue la responsabilidad que le es propia o peor aún, porque sea el preludio de la peor ola represiva contra los medios que ha de recordar la historia del país en el albor de celebrar su centenario.
De hecho, conocemos de la situación actual sobre analfabetismo, desnutrición, desempleo, inseguridad, insalubridad, desatención, corrupción, etc., por el ejercicio de la libertad de expresión, por y a través de los medios. Ello, sin embargo, no debe ser justificación para criticarlos ni reprimirlos. El conocimiento de esa realidad nos permite enfrentarla; ignorándola o amordazando su divulgación la mantendría desatendida hasta que empeore o provoque crisis peores.
Lo insólito es que a estas alturas del Siglo XXI la administración actual persista en culpar a los medios por las consecuencias de sus propios actos. La responsabilidad de las miserias sociales, políticas y económicas no es de los medios sino del entorno. Que haya más actos cuestionados que constructivos no es nuestra invención, sino que es lógico resultado del pésimo desempeño de los que dirigen el país, quienes en vez de asumir su responsabilidad de administrar el país parecen concentrados tan solo en hacer baja política, mientras las instituciones que nos legaron los padres de la Patria y que perfeccionaron las generaciones que les sucedieron se deshacen en sus manos ineptas.
La misión ciudadana de los medios de comunicación es auscultar y fiscalizar el ejercicio del poder para desenmascarar y prevenir sus abusos. No es criticar por criticar, sino aportar elementos que sirvan para formular soluciones. No es intercambiar insultos para satisfacer egos, sino llamar las cosas como son. Durante el ejercicio de cada quinquenio, los gobernantes deberían prestar atención a lo que publican los medios, en vez de atacarlos, ya que son portadores de mensajes legítimos de la sociedad; o ¿es que prefieren que se acumule la insatisfacción ciudadana para que explote de tiempo en tiempo a través de medios violentos? Y si el mensaje que reciben por los medios de comunicación es adverso, entonces deben asumir su responsabilidad y tomar los correctivos que consideren en los mejores intereses del país. Al final de cada quinquenio, los gobiernos pasan y los medios quedan.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América