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Gobernar con la multitud


Hace unos pocos meses el gobierno hizo manifiesto su rechazo a la idea de co-gobernar con la sociedad civil, cuando en realidad la exigencia de grupos ciudadanos era sobre la observancia de los principios de transparencia y rendición de cuentas que debe exornar a toda gestión pública moderna y democrática. El talante autoritario que ya asomaba su cabeza en aquella manifestación ha quedado confirmado con la más reciente declaración del Ejecutivo de llevar a consulta una serie de temas nacionales que podrían incluir, por ejemplo, algunos cambios en la educación. Aunque la idea está en borrador, y será afinada en las próximas semanas cuando la Asamblea regule expresamente la materia mediante ley, la idea de que decisiones de gobierno serán sometidas al aplauso o rechazo electoral, se presta a malos usos. El recurso al diálogo invita a llegar a acuerdos con actores sociales relevantes; la imposición de la opinión de la mayoría es, por el contrario, un instrumento muy delicado. En manos de un gobierno cuya convicción democrática parece reducirse al porcentaje de votos obtenidos en las elecciones, la confección de mayorías para uso inmediato se presta a la manipulación. Un plebiscito podría convertirse en una herramienta contra las minorías étnicas o culturales, contra gremios profesionales o sindicatos, cuando del resultado de las urnas emerja un resultado que afecte los derechos fundamentales de esas personas. De la democracia plebiscitaria al “cesarismo democrático” hay un paso muy corto: Hugo Chávez es el gobernante que ha convocado la mayor cantidad de consultas y ha salido triunfante en casi todas.

101 años de Panamá América

 
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