Gobernar con oposición
Panamá, en democracia, presenta hoy día una situación política particular que se da en muy pocos países. La forma cómo la manejemos puede resultarnos beneficiosa al ubicarnos la comunidad internacional como una nación que da prioridad a sus intereses por encima de los sectores de partido o personales; pero, también, puede causarnos serios perjuicios si no logramos juiciosamente superar estas difíciles coyunturas. En las elecciones del 2 de mayo triunfó la oposición. Doña Mireya Moscoso ganó ampliamente. A esos votos hay que agregarles los casi 250,000 sufragios que obtuvo el Ing. Alberto Vallarino quien también representaba en esos comicios a grupos que propugnaban un cambio en la jefatura del Estado. Para ponerlo más claro la inmensa mayoría ciudadana -794,967 vs 483,501- estuvo en oposición. Por otro lado, gran parte de esa misma mayoría -62.18% de los electores del 2 de mayo- que ayer fue oposicionista votó en buen número de los candidatos a legisladores de la "Alianza Nueva Nación", que son gobierno y mañana serán oposición.
Una situación política única en nuestro medio: un nuevo gobierno con sólido respaldo popular y una asamblea constituida mayoritariamente de oposición que también cuenta con un numeroso apoyo ciudadano.
El país espera y confía en que se podrán unificar ambos criterios -gobierno y asamblea- para lograr con desprendimiento de unos y de otros una agenda de las prioridades nacionales, de los intereses del país, para lo cual todos debemos dirigir nuestros esfuerzos. De no lograrse estas aspiraciones ciudadanas vendrán para Panamá confrontaciones estériles entre dos organismos del Estado y divisiones lamentables en la familia istmeña.
Esa agenda nacional que es el objetivo de los distintos partidos políticos que se agitan en el escenario nacional, debe ser el punto de unión de nuestras metas y de las luchas para lograrlo. ¿Qué quiere el pueblo panameño?; ¿qué buscan y qué aspiran los siete partidos que se agitan en el escenario nacional?; ¿cuáles eran los objetivos en sus planes de gobierno que tenían los candidatos presidenciales Moscoso, Vallarino y Torrijos? Las diferencias entre unos y otros eran más bien de forma y de estilo de hacer las cosas. No había, afortunadamente, diferencias ideológicas entre ellos.
Todos sabemos muy bien los problemas del país y buscamos en una unión de todos su solución. Es ahora, hoy, cuando lo podremos lograr, luchando frontalmente contra el desempleo, la miseria y el crimen; buscando una justicia transparente y expedita; exigiendo una administración de la vía interoceánica eficiente y al margen de la política.
En fin, queremos una nación más próspera en la cual sus habitantes tengan trabajo, viviendas adecuadas, buena educación y sobre todo una mejor salud. Un Panamá en el cual sus autoridades muestren preocupación permanente por el individuo y sus necesidades.
La nueva Presidenta recibió un mandato del pueblo panameño y tiene el derecho que se ganó el 2 de mayo de hacer una realidad sus promesas electorales. Quienes perdimos tenemos que darle la oportunidad de hacerlo. Corresponderá al pueblo en su momento premiarla por sus éxitos o castigarla con su repudio si fracasa. No puede ningún partido o grupo de partidos obstaculizar o dificultar su gobernabilidad, puede y debe, eso sí, ser freno que evite desmanes, abusos y transgresiones a la ley.
Una situación política única en nuestro medio: un nuevo gobierno con sólido respaldo popular y una asamblea constituida mayoritariamente de oposición que también cuenta con un numeroso apoyo ciudadano.
El país espera y confía en que se podrán unificar ambos criterios -gobierno y asamblea- para lograr con desprendimiento de unos y de otros una agenda de las prioridades nacionales, de los intereses del país, para lo cual todos debemos dirigir nuestros esfuerzos. De no lograrse estas aspiraciones ciudadanas vendrán para Panamá confrontaciones estériles entre dos organismos del Estado y divisiones lamentables en la familia istmeña.
Esa agenda nacional que es el objetivo de los distintos partidos políticos que se agitan en el escenario nacional, debe ser el punto de unión de nuestras metas y de las luchas para lograrlo. ¿Qué quiere el pueblo panameño?; ¿qué buscan y qué aspiran los siete partidos que se agitan en el escenario nacional?; ¿cuáles eran los objetivos en sus planes de gobierno que tenían los candidatos presidenciales Moscoso, Vallarino y Torrijos? Las diferencias entre unos y otros eran más bien de forma y de estilo de hacer las cosas. No había, afortunadamente, diferencias ideológicas entre ellos.
Todos sabemos muy bien los problemas del país y buscamos en una unión de todos su solución. Es ahora, hoy, cuando lo podremos lograr, luchando frontalmente contra el desempleo, la miseria y el crimen; buscando una justicia transparente y expedita; exigiendo una administración de la vía interoceánica eficiente y al margen de la política.
En fin, queremos una nación más próspera en la cual sus habitantes tengan trabajo, viviendas adecuadas, buena educación y sobre todo una mejor salud. Un Panamá en el cual sus autoridades muestren preocupación permanente por el individuo y sus necesidades.
La nueva Presidenta recibió un mandato del pueblo panameño y tiene el derecho que se ganó el 2 de mayo de hacer una realidad sus promesas electorales. Quienes perdimos tenemos que darle la oportunidad de hacerlo. Corresponderá al pueblo en su momento premiarla por sus éxitos o castigarla con su repudio si fracasa. No puede ningún partido o grupo de partidos obstaculizar o dificultar su gobernabilidad, puede y debe, eso sí, ser freno que evite desmanes, abusos y transgresiones a la ley.