Gobierno de concordia nacional
Luego de la crisis nacional de mayo de 1951, provocada por la derogación de la Constitución Política de 1946, por el entonces presidente Arnulfo Arias Madrid, y de su posterior destitución por la honorable Asamblea Nacional, hubo consenso político y social para la conformación de un gobierno de "Concordia Nacional", lo que contribuyó, en gran medida, a superar la crisis nacional que padecíamos entonces. Sin alterar el orden constitucional, se encargó de la Presidencia Don Alcibiades Arosemena, quien fungía de primer vicepresidente del Dr. Arnulfo Arias M.. El gobierno de "Concordia Nacional" funcionó de la mejor manera hasta la nueva contienda política electoral del año 1952.
Aunque se percibe alguna diferencia en la actual crisis nacional que, por incapacidad, enfrenta el gobierno de la señora Mireya Moscoso (50 años después de la segunda caída del gobierno de Arnulfo Arias Madrid), en el ambiente nacional (político, cívico, cultural y social) se levantan voces patrióticas en demanda de un nuevo esfuerzo hacia la conformación de un gobierno de "Concordia Nacional" para el rescate y afirmación de la República y poder salvar al país, otra vez, de la improvisación, la incapacidad administrativa, la corrupción y el fanatismo enfermizo.
En Panamá, desde hace 21 meses (en función de gobierno), cada autoridad obra por cuenta propia; cada sector oficial y cada grupo de panameños se constituye en un régimen autónomo. Así resulta que todo anda disperso, separado por "clanes familiares", enconos, ambiciones desmedidas, codicia, nepotismo, actos de corrupción, escándalos públicos e incomprensiones. Así sucede que todo conflicto deriva hacia cauces violentos, y lo que es peor, hacia movimientos anárquicos y únicamente destructores.
A nuestro juicio, y de muchos panameños preocupados por la suerte del país, ya es hora de que la presidenta Moscoso cambie de rumbo; esto es, dar por terminado su compromiso con los partidos coaligados que forman parte de su gobierno. Además, ya no los necesita, pues ha perdido hasta el apoyo mayoritario de la Asamblea Legislativa. Ya es más que suficiente lo que han logrado en beneficio propio y de los "clanes familiares", no así en beneficio del pueblo panameño que depositó su confianza en ellos.
Panamá necesita cambiar de políticos y de política. Los nuevos problemas necesitan nuevas capacidades, o cuando menos, nuevos pensamientos. Nuestra fe, no entibiada, en la necesidad de un gobierno de "Concordia Nacional", de "Concertación" o de "Unidad Nacional", nos obliga a advertir hoy, pues la ocasión se ofrece, que para salvar el nombre de la presidenta Moscoso, de su propio partido y lo que es más importante, de nuestro país, harán falta dos cosas: prescindir de su compromiso político con sus aliados de hoy y llamar a las fuerzas vivas de la Nación para conformar un gobierno de "Concordia Nacional" con personas verdaderamente capaces, con profundo sentido humano, con visión de patria, que puedan ayudarla a terminar normalmente su período presidencial para el cual fue elegida, lo mismo que a forjar "un Panamá mejor" para todos. Sólo así podrán desaparecer lo dos grandes fantasmas que hoy revolotean sobre el horizonte panameño: el de la violencia o la revolución, agitado por las injusticias sociales, y el de la represión posible, por parte del actual régimen político y social, tan desprestigiado como impopular, que linda en la anarquía. Nos parece igual peligrosa y revolucionaria la masa alzada en rebeldía que el poder de un gobierno erigido en violento aniquilador de movimientos ciudadanos por medio de represiones sangrientas o violatorias de los sagrados derechos humanos.
Aunque se percibe alguna diferencia en la actual crisis nacional que, por incapacidad, enfrenta el gobierno de la señora Mireya Moscoso (50 años después de la segunda caída del gobierno de Arnulfo Arias Madrid), en el ambiente nacional (político, cívico, cultural y social) se levantan voces patrióticas en demanda de un nuevo esfuerzo hacia la conformación de un gobierno de "Concordia Nacional" para el rescate y afirmación de la República y poder salvar al país, otra vez, de la improvisación, la incapacidad administrativa, la corrupción y el fanatismo enfermizo.
En Panamá, desde hace 21 meses (en función de gobierno), cada autoridad obra por cuenta propia; cada sector oficial y cada grupo de panameños se constituye en un régimen autónomo. Así resulta que todo anda disperso, separado por "clanes familiares", enconos, ambiciones desmedidas, codicia, nepotismo, actos de corrupción, escándalos públicos e incomprensiones. Así sucede que todo conflicto deriva hacia cauces violentos, y lo que es peor, hacia movimientos anárquicos y únicamente destructores.
A nuestro juicio, y de muchos panameños preocupados por la suerte del país, ya es hora de que la presidenta Moscoso cambie de rumbo; esto es, dar por terminado su compromiso con los partidos coaligados que forman parte de su gobierno. Además, ya no los necesita, pues ha perdido hasta el apoyo mayoritario de la Asamblea Legislativa. Ya es más que suficiente lo que han logrado en beneficio propio y de los "clanes familiares", no así en beneficio del pueblo panameño que depositó su confianza en ellos.
Panamá necesita cambiar de políticos y de política. Los nuevos problemas necesitan nuevas capacidades, o cuando menos, nuevos pensamientos. Nuestra fe, no entibiada, en la necesidad de un gobierno de "Concordia Nacional", de "Concertación" o de "Unidad Nacional", nos obliga a advertir hoy, pues la ocasión se ofrece, que para salvar el nombre de la presidenta Moscoso, de su propio partido y lo que es más importante, de nuestro país, harán falta dos cosas: prescindir de su compromiso político con sus aliados de hoy y llamar a las fuerzas vivas de la Nación para conformar un gobierno de "Concordia Nacional" con personas verdaderamente capaces, con profundo sentido humano, con visión de patria, que puedan ayudarla a terminar normalmente su período presidencial para el cual fue elegida, lo mismo que a forjar "un Panamá mejor" para todos. Sólo así podrán desaparecer lo dos grandes fantasmas que hoy revolotean sobre el horizonte panameño: el de la violencia o la revolución, agitado por las injusticias sociales, y el de la represión posible, por parte del actual régimen político y social, tan desprestigiado como impopular, que linda en la anarquía. Nos parece igual peligrosa y revolucionaria la masa alzada en rebeldía que el poder de un gobierno erigido en violento aniquilador de movimientos ciudadanos por medio de represiones sangrientas o violatorias de los sagrados derechos humanos.