¿Gobierno de Unidad Nacional?
La unidad nacional de Panamá, el mejoramiento de sus condiciones de vida, la adquisición de mejores costumbres, la solidaridad de los hombres y mujeres, y el aumento de su riqueza bajo la dirección de un buen gobierno, tendrán sin duda, por denominador común un dinamismo a prueba de embates. Un gobierno que quiera ganar en cinco años para el pueblo panameño lo que éste había perdido en varias décadas. Tan gran aspiración engendra la necesidad de multiplicar sus actividades. Deben los dirigentes del nuevo gobierno demostrar ser verdaderamente ejecutivos, y en cada una de sus funciones rendidas dejar como evidencia el testimonio de una labor cabal.
El servicio exterior no se debe limitar a cumplir prácticas rutinarias: con la diplomacia se debe manifestar el país conciliador, de paz, de respeto a los derechos humanos, un país cuya voz se escuche en los escenarios políticos internacionales. A lo interno, desde el Palacio de las Garzas, será necesario realizar trabajos ciclópeos, desde dirigir los destinos nacionales en medio de conmociones extremas hasta enviar mensajes a la población para la participación ciudadana, siempre en pro de la rectificación y la práctica de “justicia igual para todos”. Que comprenda que su destino lo debe conducir a matar egoísmos, codicia, ignorancia cívica y científica y políticas coloniales. Un gobierno que demuestre no estar ocioso y que actúe en función de una sentencia contra los mantenedores de los hábitos regresivos y de corrupción; y pueda establecer un sistema educativo para enseñarle al pueblo a empezar por el principio: a ser pueblo, nación y república.
El pueblo panameño está consciente de que necesita y pide gobierno y trabajo: no palabras, sino hechos; no el fruto maduro del árbol que nadie sembró, sino el de la planta regada con sudor. Un gobierno que levante la voz y los brazos, más que para sí en función politiquera y culto a la personalidad, en demanda de justicia para sus semejantes, seguro de que con ello ganarían terreno en el pueblo sus ideas y prestigio sus procederes.
Con noble pasión de producir un verdadero cambio en Panamá, soterrando agravios y mirando hacia el provenir ampliamente, es menester un Gobierno moral que sienta las bases de una conducta humana que, por estar exenta de odios y bastardas miras, tenga por objetivo elevar la calidad de vida de los pueblos de la República. Un gobierno que combata el crimen y levante trincheras de comprensión y de amor; que denuncie el servilismo y se mantenga inmutable frente a la amenaza y al halago. En conclusión, necesitamos un gobierno que promueva la unidad nacional, cuyo trabajo lo ponga al servicio de empresas de dimensión nacional e internacional, y que fomente la convivencia pacífica entre los panameños.