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Gobierno dividido o gobierno compartido


"Cuando el tigre y el búfalo se pelean, las cañas son aplastadas".
Proverbio hindú.
El dos de mayo de 1999 el pueblo a través del voto escogió su gobierno, es decir el conjunto de los órganos de un Estado que determinan la orientación política de un país. El Ejecutivo lo obtuvo la nómina presidencial de la alianza Unión por Panamá y el Legislativo logra la mayoría la Alianza Nueva Nación.
Si bien en la teoría democrática es positiva la independencia de los órganos de gobierno, también es verdad que existe temor en muchos ciudadanos de que dicha separación produzca inestabilidad política y hasta situaciones de ingobernabilidad.
Definitivamente lo que va a ocurrir a partir del primero de septiembre va a constituirse en una prueba para la madurez de la joven democracia panameña. Lo cierto es que en los sistemas presidenciales latinoamericanos frecuentemente la oposición asume una función obstruccionista, que se puede resumir en la frase "no dejar gobernar" en la creencia que ésta es la manera de garantizar el triunfo en la próxima elección presidencial. Esta forma de actuar ha sido en muchas ocasiones la causa de ruptura democrática, pues la confrontación innecesaria contra el Ejecutivo erosiona la credibilidad y la legitimidad del sistema democrático, percibiendo los ciudadanos que la forma de actuar de la oposición es una proyección de cómo serían cuando llegaran al gobierno.
"La exigencia de la oposición puede ser maximalista o sea exigir más allá de lo que conscientemente se sabe que puede satisfacer, o ideologista que prioriza los fines de la política por sobre sus instrumentos o medios. Esta mezcla de ingredientes contribuye por una parte a la desconfianza frente a la oposición y por otra parte, a la frustración una vez que la oposición se invierte en gobierno, en la medida en que no puede hacerse responsable de sus propias exigencias". (Diccionario Electoral).
Esto también va con el Ejecutivo, pues un gobierno excluyente o convertido en solo sede de espacios políticos partidistas disminuye la capacidad de convocatoria nacional y de representación ciudadana, convirtiéndose en justificación de la aparición de la oposición obstruccionista.
Es decir, todos están subidos en el mismo barco, unos en el Gobierno Ejecutivo y otros en el Gobierno-Legislativo, si se torpedean unos a otros el resultado es que se hunde la nave y todos se ahogan, perdón, nos ahogamos.
Dicen que el optimista mira a un vaso a la mitad de agua y lo ve medio lleno, y en cambio para el pesimista está medio vacío. Igualmente podemos ver al nuevo gobierno como gobierno compartido o como gobierno dividido. La diferencia entre ambas opciones no se encuentra en las componendas políticas, sino en tomar como eje de la acción gubernamental los acuerdos y pactos firmados por todos los candidatos en la campaña electoral con los jóvenes, mujeres, municipios y comarcas, ambientalistas, la sociedad civil y la provincia de Colón. Estos pactos comprometen a las tres alianzas a cumplirlos estén donde estén (Ejecutivo o Legislativo, oficialismo u oposición), y poseen la presencia de numerosos interlocutores que plantean su cumplimiento a cabalidad y que de seguro no se quedarán con los brazos cruzados.
Esto no es nuevo, pues el Plan Mujer y Desarrollo surgido del Pacto de la Mujer en 1994 fue apoyado por todos los partidos, que luego fueron parte junto a la sociedad civil de los Encuentros Panamá 2000 y de la Visión Nacional 2020. Es decir ya existen antecedentes de que es posible trabajar juntos por el bien común.
De cierta forma estamos frente a unas nuevas elecciones, donde vota la conciencia y la cultura política. Si gana la tesis del gobierno compartido podremos encontrar un terreno común donde la elite política actúa responsablemente anteponiendo los intereses de la Nación sobre los intereses particulares. Si triunfa la tesis del gobierno dividido en una lucha estéril sin cuartel, iniciaremos el nuevo siglo de la mano de la zozobra, la crisis y el desgaste de la democracia.
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