Gobierno, transporte y tráfico vehicular
Poca gente dedicada a la política, y muchos menos los gobernados, hemos caído en la cuenta de que la entidad pública más cardinal de todas es la que tiene entre sus manos el control del transporte público y el tráfico vehicular. Esa es la única oficina estatal que tiene que ver con todos los habitantes, todo el tiempo. En algún momento del día alguien está en la calle en su auto, en un bus, un taxi, en moto o en bicicleta, o está cruzando la vía a pie, o en la oficina aguardando un paquete urgente, o en el Centro de Salud, confiando que pronto llegará el mensajero con las vacunas que se tienen que poner los niños.
La Autoridad de Transporte y Tránsito Terrestre (ATTT) es, sin duda, un punto luminoso en permanente parpadeo en el engranaje gubernamental. El que no veamos esto con claridad provoca que desatendamos la institución con más grave misión en la gestión pública. Pocos nos preocupamos por saber quién la dirige, cuánta gente trabaja allí, qué preparación técnica tienen, cuáles son sus retos diarios, ni qué errores están cometiendo segundo a segundo. Sólo sabemos de ella cuando estalla algún escándalo.
Resulta fatal que nuestra ATTT en todo el tiempo desde 1990, para hablar sólo de esta nueva era democrática, haya estado a la deriva, cuando no a ciegas, sin saber nada de nada del tráfico vehicular y el transporte público en el país entero. Sólo se entera de los hechos después de consumados. No tiene control previo, no regula, no tiene poder real, y mucho menos ascendencia sobre la gente que está bajo su raída tutela. Ha sido, apenas, un tugurio donde se reparten cupos y la corrupción resulta caldo donde todos flotan.
Para poder cambiar las cosas, pues, el gobierno debe poner a sus mejores hombres y mujeres en la ATTT, darles el poder legal que se requiere para sus graves funciones, y blindarlos de las presiones que grupejos de todo tipo intentarán aplicarles para que siga reinando el desorden actual.
Un país sin el control de sus calles, carreteras y vehículos, está perdido.
La noche empezó a caer y el río estaba a la orden para darnos un buen baño en la oscuridad. Las guarichas ya estaban encendidas y el vallenato resonaba desde las emisoras de Apartadó en Colombia, otros preferían escuchar Voz Sin Fronteras del Darién para enterarse de las noticias.
Amaneció y nos despedimos de este pueblo acogedor, respetando su cultura y a su gente.
Panamá América publica a partir de hoy la primera de tres entregas sobre la realidad en Darién.
La Autoridad de Transporte y Tránsito Terrestre (ATTT) es, sin duda, un punto luminoso en permanente parpadeo en el engranaje gubernamental. El que no veamos esto con claridad provoca que desatendamos la institución con más grave misión en la gestión pública. Pocos nos preocupamos por saber quién la dirige, cuánta gente trabaja allí, qué preparación técnica tienen, cuáles son sus retos diarios, ni qué errores están cometiendo segundo a segundo. Sólo sabemos de ella cuando estalla algún escándalo.
Resulta fatal que nuestra ATTT en todo el tiempo desde 1990, para hablar sólo de esta nueva era democrática, haya estado a la deriva, cuando no a ciegas, sin saber nada de nada del tráfico vehicular y el transporte público en el país entero. Sólo se entera de los hechos después de consumados. No tiene control previo, no regula, no tiene poder real, y mucho menos ascendencia sobre la gente que está bajo su raída tutela. Ha sido, apenas, un tugurio donde se reparten cupos y la corrupción resulta caldo donde todos flotan.
Para poder cambiar las cosas, pues, el gobierno debe poner a sus mejores hombres y mujeres en la ATTT, darles el poder legal que se requiere para sus graves funciones, y blindarlos de las presiones que grupejos de todo tipo intentarán aplicarles para que siga reinando el desorden actual.
Un país sin el control de sus calles, carreteras y vehículos, está perdido.
La noche empezó a caer y el río estaba a la orden para darnos un buen baño en la oscuridad. Las guarichas ya estaban encendidas y el vallenato resonaba desde las emisoras de Apartadó en Colombia, otros preferían escuchar Voz Sin Fronteras del Darién para enterarse de las noticias.
Amaneció y nos despedimos de este pueblo acogedor, respetando su cultura y a su gente.
Panamá América publica a partir de hoy la primera de tres entregas sobre la realidad en Darién.