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Gobierno venezolano: Cuba sí, yanquis no


Caracas (AIPE) - Dos barcos de transporte de la marina de Estados Unidos, el "Tortuga" y el "Nashville", zarparon de la base naval de Norfolk, el 11 de enero, con destino a La Guaira, Venezuela. Venían cargados con un formidable equipo de tractores "bulldozers", niveladoras y maquinaria pesada para movimiento de tierra. A bordo venían 450 ingenieros de los "Marines" y la Armada, con la misión de remover las miles de toneladas de barro y piedras que entre el 15 y el 16 de diciembre habían tapiado las vías de comunicación, las calles y avenidas de los pueblos ubicados a lo largo de la costa vecina a Caracas.
Los dos barcos venían cargados con carpas, equipos de purificación de agua, alimentos, médicos, medicinas y todo lo necesario para que los ingenieros y operadores militares americanos vivieran y trabajaran sobre el terreno, y así pudieran realizar su misión sin demora por las carencias propias de una región devastada. Mientras el "Tortuga" proseguía su curso, el "Nashville" hizo escala en un puerto de Carolina del Norte para cargar maquinaria pesada. Cuando el miércoles 12 se preparaba para zarpar, recibió la orden de regresar a su base. ¿Qué había sucedido? El presidente Hugo Chávez había prohibido el desembarco en Venezuela de lo que llamó "tropas" de Estados Unidos.
Adoptando la pose de nacionalista furibundo ante una agresión extranjera, Chávez rechazó la ayuda humanitaria que el pueblo americano le ofrecía al pueblo de Venezuela, para abrir las vías de comunicación vitales a la supervivencia de las poblaciones aisladas del litoral. El hecho es incomprensible. Una operación de esa magnitud no se monta de la noche a la mañana. Requiere tiempo para la planificación, coordinación y transporte de hombres y máquinas. Cuesta mucho dinero. Un portavoz del Departamento de Estado aseguró que la ayuda había sido específicamente solicitada por escrito el 24 de diciembre por el general Raúl Salazar, ministro de Defensa de Venezuela. Afirmó que todos los detalles sobre la fecha, composición, equipos y tarea de la misión, habían sido coordinados minuciosamente con las autoridades militares venezolanas.
¿Pugna de poder? No es la primera vez que el procubano ministro de Relaciones Exteriores, José Vicente Rangel, y el Ministro de Defensa chocan y se contradicen. Y tampoco es la primera vez que el presidente Chávez se contradice y da una orden que implica una merma a la autoridad de sus mandos militares.
Lo que es indudable es el daño que se le ha hecho a los venezolanos por la suspensión de todo lo que esa necesaria misión pudo haber logrado para rehabilitar la comunicación terrestre del litoral y a ello se añade el insulto de Chávez al pueblo de Estados Unidos, al rechazar su ayuda.
Este es el último de una serie de incidentes reveladores de una política que, además de absurda y criminal, es inhumana. Se sabe que en los primeros días de la tragedia, Estados Unidos ofreció el envío inmediato de 30 helicópteros que podían volar desde Puerto Rico, a lo cual le seguirían uno o dos navíos portahelicópteros. El ministro de Relaciones Exteriores los rechazó, diciendo que tres o cuatro helicópteros eran suficientes. No lo eran. Caraballeda y otros pueblos de la costa quedaron sin agua ni víveres y un mes más tarde están todavía aislados. En lugar de ser rescatados por los helicópteros, los habitantes del litoral tuvieron que sufrir días y noches de penurias a la intemperie y padecer saqueos y agresiones. El culpable es Rangel y la política cubanófila que él personifica. l fue quien rechazó una oferta que hubiese permitido un eficaz y rápido auxilio. Por ello, la ayuda de Estados Unidos ha sido comparativamente escuálida, y por eso el sufrimiento de quienes necesitaban ser evacuados se acentuó y se prolongó. A todo esto se le añade un detalle: Chávez ha saludado a las tropas mexicanas, dominicanas, brasileñas y cubanas que han venido a prestar su auxilio. Pero no ha saludado a las americanas.
El rechazo de ayuda militar americana podría entenderse y hasta aplaudirse si se tratase del envío de tropas o de "asesores" para operaciones intervencionistas. Pero ese no es el caso. El envío de un batallón de ingenieros para restablecer una vital vía de comunicación terrestre sólo puede ser interpretada como una encubierta maniobra intervencionista por una mente fanatizada por el odio y minimizada por algún complejo de inferioridad. De no ser esta su causa, hay que pensar que semejante disparate ha sido motivado por un proyecto político suicida y perverso como el que visiblemente está en marcha en Venezuela, combinado con una maniobra para descalificar al alto mando militar, como la que se vislumbra con todo lo que se está viendo con la alharaca de los derechos humanos.

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