Golazo en el Ministerio de Educación
Alguien, en el Ministerio de Educación, trató de congraciarse con el negro pasado de Panamá, y en un vídeo alusivo a la Patria, en plena democracia, incluyó bellísimas piezas patrióticas, pero también el himno marcial de las fenecidas “fuerzas de defensa”, pieza de apertura y cierre del programa “Todo por la Patria”, orientado a la exaltación de las ejecutorias de los amos del poder mal habido y que tanto luto, lágrimas, frustración y dolor arrancó a la familia panameña.
¿Cómo pudo ocurrírsele a esta persona, o las esas personas, si es que fueron varias, confundir un momento eminentemente patriótico con una pieza de corte militar hecha a la medida de quien en los aciagos años de la dictadura la pidió, la vivió y la disfrutó, seguramente, mientras los derechos humanos eran pisoteados en nuestro país? Debió tratarse del algún nostálgico que, como muchos, añoran los tiempos en que se hacía riqueza fácil y pagaba la lisonja.
No es posible que no se hayan dado cuenta de que en “Semilla de Cantores” , en “Canta Conmigo” y en el álbum de la Patria de Ricardo Miró, de Santiago Anguizola Delgado, de Amelia Denis de Icaza, de María Olimpia De Obaldía, de Gaspar Octavio Hernández, de Alberto Galimany, y de tantos otros hijos meritorios de nuestro querido Panamá, existe abundante riqueza espiritual, material y musical para rendir homenaje a la Patria, no solamente elevándola al sitial de honor y amor que nos inspira, sino reconociendo a quienes la honraron con hidalguía y profundo fervor patriótico, como a quienes representan la fecunda simiente del futuro inmediato, y que deben cultivar también los valores de la nacionalidad panameña.
Bien hizo la titular del ramo educativo al suspender la publicidad del vídeo “patriótico” que nos ocupa, y que pudo involucrarla en una intención desafortunada que, afortunadamente, no siguió en el aire restándole mérito a la cotidiana lucha por la consolidación de la civilidad, la institucionalidad, la equidad y la vida democrática que todos debemos promover y defender.
Estamos de acuerdo en que los panameños debemos entendernos en el amplio marco del respeto, la decencia, la pulcritud y la tolerancia, pero ello no significa que debemos doblar la página que contiene lacerantes agravios contra la sociedad y contra el honor mismo de la República. Si la justicia y el tiempo no han estado a la altura de la reivindicación moral de la colectividad panameña, la memoria histórica debe ser el antídoto contra la repetición de formas y modalidades que esquilmaron la dignidad nacional.
Ojala que en el Ministerio de Educación, guía y norte en la enseñanza de la historia; forjador del desarrollo armónico e ilustrativo del panameño y guardián del promisorio porvenir de la nación, las notas de homenaje a Panamá alcancen el espíritu de unidad, de conciencia colectiva y de sentimiento nacional, sin retorno a los signos que marcaron las huellas ingratas de un pasado indeseable y humillante.