Golpe de Estado a lo Teribe
A finales de enero se reanunció que a inicios del nuevo año había sido derrocado, por quinta ocasión, el Rey (el "Pru") Tito Santana, uno más en la lista de todos los "Santanas" que se han venido turnando como gobernantes de los Teribes, pueblo indígena sentado en la sección noroccidental de la República, provincia de Bocas del Toro. Y para respeto de la tradición familiar, se señala a Valentín Santana, tío de Tito, como jefe visible de los conspiradores.
A juzgar por la desgranada información publicada en torno a este golpe de Estado, el trasfondo del asunto tiene relación con intereses económicos poderosos y con la injerencia siniestra de extranjeros, tal y como ocurre en los golpes de Palacio en las ciudades urbanizadas y modernas.
Los teribes o nasos, como igual suelen ser reconocidos, forman parte de ese submundo de connacionales que para el resto de los panameños apenas son lecturas obligadas en cursos escolares, sujetos para las vitrinas turísticas de exportación y objetos de curiosidades y atención sólo para relleno de discursos grandilocuentes y de "mea culpa" que no se traducen en simples y concretos actos de solidaridad humana, efectivos y contables.
Este grupo de panameños primarios deriva su nombre del río Teribe, que con su larga lengua de 75 Kms. baña, junto con otros, los más de 8 mil Kms. cuadrados que tiene reservada para sí la provincia bocatoreña. Todo indica que del río no sólo obtuvieron su título, sino también su carácter torrentoso si tomamos en cuenta la forma violenta y sagaz con que los teribes expulsaron al tirano español Don Diego Sojo hace ya, para este año, exactamente, cuatro siglos.
Los teribes se dispersan en una veintena de aldeas que se norman por la administración de unas seis comunidades principales. Su organización política es de tipo monárquica hereditaria en donde el apellido "Santana" predomina como "Rey" y representante del pueblo. Le sigue a éste en el orden jerárquico y para ocupar el cargo del "Pru" cuando aquél se ausente, el denominado "Segundo del Rey", posición que alguna vez ocupó Manuel Aguilar y en otra la teribe Rufina Santana, quebrándose en ambos casos la tradición del apellido y lo de la masculinidad.
Para reestablecer o recomponer al próximo beneficiario del poder monárquico, se prevé una elección para el 3 de abril, por lo que las autoridades deben levantar un censo actualizado de la población a mediados de este mes. Salvo que se haga público lo que hoy aparece en el anonimato, nada sabe la comunidad nacional sobre cómo y quiénes están decidiendo la suerte de la monarquía teribe panameña. Y si resultan atendibles las quejas del monarca defenestrado sobre intereses económicos en el área, el panorama se ensombrece aún más.
Estudios levantados por el entonces IRHE y las Naciones Unidas señalaron la viabilidad de once proyectos hidroeléctricos en los ríos Changuinola y Teribe, los cuales alcanzaban una inversión de más de $1,500 millones, de este dinero, un poco menos de 700 millones corresponderían a los seis proyectos previstos para el Teribe. No estamos al tanto de cuáles sí y cuáles proyectos no se ejecutaron, ni sobre los que están en lista para ser emprendidos. Según la prensa, Tito Santana apoya el proyecto sobre el río Bonyic, pero su tío Valentín lo desaprueba.
Convendría, para los fines de la Patria Nueva, romper el cerco del silencio sobre nuestros indígenas y, de alguna manera, preguntarle a las "abuelitas" o a los "sukias" sobre los peligros que corre el pueblo teribe o ponerle atención al canto del "pecho amarillo y picua" porque estos pájaros, en la tradición indígena, anuncian la presencia del enemigo, según nos enseña Leonardo Muñoz.
Y si el anterior consejo no resulta o se desatiende, entonces que el gobierno y sus autoridades empiecen a actuar y a rendir cuentas antes de que suene la hora para los lamentos oficiales.
A juzgar por la desgranada información publicada en torno a este golpe de Estado, el trasfondo del asunto tiene relación con intereses económicos poderosos y con la injerencia siniestra de extranjeros, tal y como ocurre en los golpes de Palacio en las ciudades urbanizadas y modernas.
Los teribes o nasos, como igual suelen ser reconocidos, forman parte de ese submundo de connacionales que para el resto de los panameños apenas son lecturas obligadas en cursos escolares, sujetos para las vitrinas turísticas de exportación y objetos de curiosidades y atención sólo para relleno de discursos grandilocuentes y de "mea culpa" que no se traducen en simples y concretos actos de solidaridad humana, efectivos y contables.
Este grupo de panameños primarios deriva su nombre del río Teribe, que con su larga lengua de 75 Kms. baña, junto con otros, los más de 8 mil Kms. cuadrados que tiene reservada para sí la provincia bocatoreña. Todo indica que del río no sólo obtuvieron su título, sino también su carácter torrentoso si tomamos en cuenta la forma violenta y sagaz con que los teribes expulsaron al tirano español Don Diego Sojo hace ya, para este año, exactamente, cuatro siglos.
Los teribes se dispersan en una veintena de aldeas que se norman por la administración de unas seis comunidades principales. Su organización política es de tipo monárquica hereditaria en donde el apellido "Santana" predomina como "Rey" y representante del pueblo. Le sigue a éste en el orden jerárquico y para ocupar el cargo del "Pru" cuando aquél se ausente, el denominado "Segundo del Rey", posición que alguna vez ocupó Manuel Aguilar y en otra la teribe Rufina Santana, quebrándose en ambos casos la tradición del apellido y lo de la masculinidad.
Para reestablecer o recomponer al próximo beneficiario del poder monárquico, se prevé una elección para el 3 de abril, por lo que las autoridades deben levantar un censo actualizado de la población a mediados de este mes. Salvo que se haga público lo que hoy aparece en el anonimato, nada sabe la comunidad nacional sobre cómo y quiénes están decidiendo la suerte de la monarquía teribe panameña. Y si resultan atendibles las quejas del monarca defenestrado sobre intereses económicos en el área, el panorama se ensombrece aún más.
Estudios levantados por el entonces IRHE y las Naciones Unidas señalaron la viabilidad de once proyectos hidroeléctricos en los ríos Changuinola y Teribe, los cuales alcanzaban una inversión de más de $1,500 millones, de este dinero, un poco menos de 700 millones corresponderían a los seis proyectos previstos para el Teribe. No estamos al tanto de cuáles sí y cuáles proyectos no se ejecutaron, ni sobre los que están en lista para ser emprendidos. Según la prensa, Tito Santana apoya el proyecto sobre el río Bonyic, pero su tío Valentín lo desaprueba.
Convendría, para los fines de la Patria Nueva, romper el cerco del silencio sobre nuestros indígenas y, de alguna manera, preguntarle a las "abuelitas" o a los "sukias" sobre los peligros que corre el pueblo teribe o ponerle atención al canto del "pecho amarillo y picua" porque estos pájaros, en la tradición indígena, anuncian la presencia del enemigo, según nos enseña Leonardo Muñoz.
Y si el anterior consejo no resulta o se desatiende, entonces que el gobierno y sus autoridades empiecen a actuar y a rendir cuentas antes de que suene la hora para los lamentos oficiales.