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Golpe de Estado, ¡qué vergüenza!


Es una vergüenza que a estas alturas todavía se justifiquen golpes de Estado gestado por militares y otras especies de acuartelados. Lo último que queremos escuchar es algo someramente parecido al triste recuerdo de aquel que dijo “Arnulfo Arias se lo buscó”, o que en el caso de Honduras, alguno exprese que porque el presidente constitucional Manuel Zelaya destituyó a un general del ejército, “él también se lo buscó”.

No hay golpe de Estado bueno, ni justificable, venga de la derecha o de la izquierda. Cualquier situación que rompa con el régimen constitucional y la institucionalidad de un país es algo vergonzoso e irracional, que ningún gobierno de nuestros países, que se precie en llamarse demócrata, debe apoyar o reconocer.

Lo que pasó en Honduras es algo tan indigno como aquella época que asolaron nuestra América Latina, regímenes militares al costo de la miseria de nuestros pueblos y con miles de muertos en su entorno. No debemos olvidar tragedias como la famosa Operación Cóndor, la cual les permitió a los militares latinoamericanos perseguir y aniquilar al “enemigo” en cada uno de nuestros países.

Aceptemos que dado el caso, Zelaya quería hacer un referéndum y en una cuarta urna incluir una consulta para su reelección. Hasta allí el pueblo tenía la potestad para decirle en la cara que NO, como nosotros le dijimos en su momento al “Toro” Balladares. Imagínese que le hubiésemos dado un golpe de Estado, porque en aquel momento nos plantó un referéndum reeleccionista casado con la permanencia de los norteamericanos en suelo patrio. Me pregunto, ¿eso es suficiente razón para tumbar a un presidente?

Cualquiera con dos dedos de frente sabe que en nuestros regímenes presidencialistas, una acción inadecuada de un presidente de la República, cuando más, lo único que acarrearía sería un voto de censura de la Asamblea de diputados o Congreso Nacional, pero jamás una sentencia de destitución.

Como están las cosas, negros nubarrones penden sobre el hermano país que necesita manifestemos nuestra más enérgica protesta.

No me cabe duda que nuestro estrenado gobierno, en su momento, hará un valioso aporte para una salida democrática a tan terrible acontecimiento. Y nosotros pensábamos que mandones militares eran cosa del pasado. ¡Válgame Dios!

101 años de Panamá América

 
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