Good bye, torazo
Según mi diccionario manual de la lengua, soberbia es desvanecimiento en contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás; desvanecimiento es flaqueza, perturbación de la cabeza o del sentido; prenda es cada una de las buenas partes, cualidades o perfecciones, así del cuerpo como del alma, con que la naturaleza adorna a un sujeto.
Nos fijamos en las anteriores acepciones al observar el desdén con que el presidente saliente censuraba a sus pinches detractores porque, según su inteligencia privilegiada, las críticas a sus visibles ejecutorias camineras carecían de lógica y contenido. Se mofaba de algunas, como las de que el concreto no se come y las obras las paga el pueblo. Nosotros queríamos que el saliente no descuidara al pueblo que tiene hambre, muchas necesidades. El hacía nada al respecto. A la vez, gastaba el dinero de los contribuyentes sin importarle el endeudamiento. Prueba palmaria de su falta de empatía hacia los desposeídos es que hoy día las mayorías con inadecuada calidad de vida pagan un nuevo, alto impuesto en los corredores norte y sur.
Lo que es evidente para todos es que el saliente cumplió al pie de la letra las recetas de las IFI. No tuvo un programa de desarrollo económico propio, fue un calco, ni más ni menos. Es obvio, también para todos, que el saliente gastó los dineros de los contribuyentes porque su sabiduría imperial es lo máximo. Así vimos cómo se compró avión y helicóptero, aumentó salarios a sus altos funcionarios (para que no robaran), nombró a parientes con demasiada frecuencia, y algunos parientes también se beneficiaron de las privatizaciones. Y todos estos gastos los hizo con el mayor desprecio por la opinión de los que somos meros mortales. No consultó. Simplemente imperó. Pero aceptamos, sus obras están ahí, harto visibles, lo cual, dicho sea de paso, también se cantaleteó de "prendas" como Leonidas Trujillo y Marcos Pérez (su tocayo).
¿Y todo el dinero y recursos del Estado que despilfarró en su aventura reelectorera? Nos imaginamos que hay que ser bien bruto para traer esto a colación ante la enorme "visibilidad" de sus obras. Su calidad de erudito se comprueba con todo lo que ha "dictado" después de las elecciones del 2 de mayo de 1999 que ha sido interpretado como su deseo de entorpecer la labor de la dama que lo sucederá en el Palacio de las Garzas. Todos nos preguntamos qué le pasó a esa "luminaria". Es difícil no llegar a la conclusión de que se "ñampió" porque no consiguió todo lo que quería. Ahí está su trato hacia el Partido Solidaridad cuando la primera vez que en cinco años discrepó con él "ordenó" que todos sus miembros en puestos públicos renunciaran.
La verdad es que de momento pensamos, tiene razón, mira el ensanche de la Panamericana (aunque poco beneficia a los que no tienen automóvil y a los campesinos sin caminos de penetración). Mira los tremendos corredores (que tienen nada de baratos). Pero, hete aquí que la soberbia hace perder los sentidos, hasta a los eruditos. Mete la patota indultando al gobernador que ordenó la violación de la autonomía universitaria. Esto confirmó nuestra opinión original de que el gobernador sólo cumplió una orden imperial. El saliente aparentemente cree que muchos panameños debemos pedir perdón por no haber sufrido desvanecimiento antes las "prendas" que le son propias. Lo sentimos. Concluímos que el infalible es una prenda. Nunca, jamás. Adiós, good bye, y buena suerte. Si te vimos, ni nos acordamos.
Nos fijamos en las anteriores acepciones al observar el desdén con que el presidente saliente censuraba a sus pinches detractores porque, según su inteligencia privilegiada, las críticas a sus visibles ejecutorias camineras carecían de lógica y contenido. Se mofaba de algunas, como las de que el concreto no se come y las obras las paga el pueblo. Nosotros queríamos que el saliente no descuidara al pueblo que tiene hambre, muchas necesidades. El hacía nada al respecto. A la vez, gastaba el dinero de los contribuyentes sin importarle el endeudamiento. Prueba palmaria de su falta de empatía hacia los desposeídos es que hoy día las mayorías con inadecuada calidad de vida pagan un nuevo, alto impuesto en los corredores norte y sur.
Lo que es evidente para todos es que el saliente cumplió al pie de la letra las recetas de las IFI. No tuvo un programa de desarrollo económico propio, fue un calco, ni más ni menos. Es obvio, también para todos, que el saliente gastó los dineros de los contribuyentes porque su sabiduría imperial es lo máximo. Así vimos cómo se compró avión y helicóptero, aumentó salarios a sus altos funcionarios (para que no robaran), nombró a parientes con demasiada frecuencia, y algunos parientes también se beneficiaron de las privatizaciones. Y todos estos gastos los hizo con el mayor desprecio por la opinión de los que somos meros mortales. No consultó. Simplemente imperó. Pero aceptamos, sus obras están ahí, harto visibles, lo cual, dicho sea de paso, también se cantaleteó de "prendas" como Leonidas Trujillo y Marcos Pérez (su tocayo).
¿Y todo el dinero y recursos del Estado que despilfarró en su aventura reelectorera? Nos imaginamos que hay que ser bien bruto para traer esto a colación ante la enorme "visibilidad" de sus obras. Su calidad de erudito se comprueba con todo lo que ha "dictado" después de las elecciones del 2 de mayo de 1999 que ha sido interpretado como su deseo de entorpecer la labor de la dama que lo sucederá en el Palacio de las Garzas. Todos nos preguntamos qué le pasó a esa "luminaria". Es difícil no llegar a la conclusión de que se "ñampió" porque no consiguió todo lo que quería. Ahí está su trato hacia el Partido Solidaridad cuando la primera vez que en cinco años discrepó con él "ordenó" que todos sus miembros en puestos públicos renunciaran.
La verdad es que de momento pensamos, tiene razón, mira el ensanche de la Panamericana (aunque poco beneficia a los que no tienen automóvil y a los campesinos sin caminos de penetración). Mira los tremendos corredores (que tienen nada de baratos). Pero, hete aquí que la soberbia hace perder los sentidos, hasta a los eruditos. Mete la patota indultando al gobernador que ordenó la violación de la autonomía universitaria. Esto confirmó nuestra opinión original de que el gobernador sólo cumplió una orden imperial. El saliente aparentemente cree que muchos panameños debemos pedir perdón por no haber sufrido desvanecimiento antes las "prendas" que le son propias. Lo sentimos. Concluímos que el infalible es una prenda. Nunca, jamás. Adiós, good bye, y buena suerte. Si te vimos, ni nos acordamos.