Gracias a Dios
Hoy inicia una serie de reportajes sobre el caso Franklin Brewster. Esta intrigante historia captó mi atención el día que se intoxicó el inspector, hace más de un año.
Desde ese instante me dediqué a recabar información de lo que pudo ocurrir detrás de este macabro crimen. No ha sido fácil, lo espinoso del tema y el silencio de cómplice trataron de impedir que llegara al meollo del asunto.
Pero como siempre digo: ¡Gracias a Dios! por haber puesto en mi camino a expertos, documentos, fuentes de información y la sabiduría para entregar un trabajo objetivo y lo más cercano a los hechos.
Apasionada por la investigación e inquieta por conocer la verdad, pasé noches enteras sin dormir y días sentada frente al computador, escena que recriminó mi familia con frecuencia.
El fruto de esta averiguación debo compartirlo con mis grandes maestros del periodismo son ellos: Gerardo Reyes, Guillermo Fernández y todo el equipo humano del diario Panamá América que creyó en mi trabajo y aportó sus conocimientos para encausarme en el periodismo escrito.
Volví locos a varios expertos. El criminólogo Octavio Calderón fue uno de ellos. Químicos analistas, médicos y abogados me dieron las herramientas necesarias para comprender los hechos.
No sería objetivo afirmar que las personas acusadas por esta acción son inocentes, y están injustamente detenidas. Pero estoy convencida de eso.
Este trabajo tiene la intención de replantearnos la forma en que se imparte justicia en el país y en mejorar la investigación criminal, de lo contrario, seguiremos cayendo en el mismo círculo vicioso.
Gracias a Dios por la abundancia en Panamá.