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Graciosa sorpresa


Un poco antes de la Primera Guerra Mundial, y en tiempo de verano, un atleta español, campeón de triple salto cuyo nombre ignoramos, se entrenaba en la playa de San Sebastián al norte de la península.

Lo observaba con mucha atención un turista, quien tras varios saltos del campeón, se le acercó en un momento de descanso.

Una vez frente a él, le preguntó, en francés, para qué hacía eso. El atleta, quien afortunadamente hablaba también ese idioma, le dijo que para defender su título en las próximas competencias.

-“¿Me permite probar a mí?”, le preguntó.

-“Desde luego, señor. Salte usted”.

El hombre se colocó en posición de partida, emprendió la carrera y saltó. Sobrepasó en medio metro el alcance del último salto del campeón, quien sorprendido, lo felicitó por la proeza.

El otro le dio la gracias, y al despedirse, deseándole buena suerte, le dijo:

-“Soy Nijinsky, bailarín ruso”.

Era Vaslav Nijinsky, el famoso bailarín ruso de origen polaco.

101 años de Panamá América

 
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