A grandes males, grandes remedios
El siglo XXI pareciera presentarse con intenciones de constituirse, para los próximos milenios, como una era con nombre propio; quizás en contrario de lo fue el siglo de oro de Atenas durante la gestión política-militar de Pericles, intente ser reconocido como el siglo de la globalización suicida, subsumida o el siglo del renacimiento tardío o del neorenacimiento o algo así. Bueno, corresponderá a quienes escriban su historia, juzgarlo y calificarlo.
A nuestra manera de percibir su presentación inicial, sí nos parece necesario, reconocerle sus pecados, para de allí en adelante asumir las decisiones que correspondan. Pero esto tiene que ser hoy; no mañana.
Hoy, ante la acertada calificación de "capitalismo salvaje" que diera el Papa de Roma a la asfixiante globalización monetaria con la que, agregamos, predominantemente y con nombre propio, países como Estados Unidos de Norteamérica, algunos de Europa y Japón están llevando a más del ochenta por ciento de la población mundial a la miseria, cada división estatal, tiene por dignidad, que asumir sus propias iniciativas de recuperación.
La inercia, frente al desdibujamiento que de manera muy consciente se efectúa contra las soberanías de los estados pequeños, arrinconándolos hacia una dependencia alterna, por quienes usufructan cuasi coercitivamente la llamada tecnología de punta y sus nuevos megamercados que ya han trastocado la economía mundo con sus esquemas globalizantes, es fatal ahora y lo será mucho más, en la medida en que tales sectores de poder afinen más y mejor sus exigencias trasnacionales.
Por ello, en lo interno, como un nativo de la provincia del Darién, la división territorial provincial más extensa y la menos costosa por su desatención ya histórica, observamos como un buen punto inicial, la idea que debe hacerse realidad, de determinar por ley, la disminución de lo que para las grandes mayorías de personas humildes, representan salarios de fábulas; fabulosos; de cuentos de hadas.
Salarios mensuales de diez mil balboas, deben ser considerados, como la gula, un pecado. Pero un pecado evitable. Y esto es, mediante disposición general de salarios que limite hasta cinco mil balboas (B/5000.00) el máximo ingreso que debe recibir del Estado, el funcionario más encumbrado. De allí hacia abajo, que se sigan haciendo las adecuaciones pertinentes; aunque sin caer en desajustes a personal medio que apenas viven moderadamente; como los educadores, enfermeras, médicos, secretarias y personal medio.
Realmente, entenderíamos mejor la existencia de lo que para muchos es actualmente una pandilla de vividores de las arcas nacionales que amparados bajo el nombre de legisladores se reúnen en asamblea periódicamente para atender sus mejores intereses, si dichas personas aprueban esta legislación de saneamiento de la moral de un funcionariado que en los tres órganos estatales, se destaca más por los ingresos directos e indirectos que reciben, que por la gestión que en beneficio de la colectividad se pueda derivar de ellos. Esto, debe hacerse hoy. Las mayorías nacionales lo percibiríamos muy bien.
Con esa misma urgencia de hoy, y dentro de esa incipiente fase de moralización que pareciera asomarse por el palacio en el que se pretende honrar al doctor Justo Arosemena, -quien en su momento rechazara la presidencia del Estado Federal, siendo él su gestor- invitamos a los miembros de lo que podría ser esa augusta cámara, a que aprueben la limitación a un solo período la conformación de sus miembros; o en otras palabras, que mediante ley se señale que los legisladores no podrán ser reelegidos consecutivamente.
Contribuirían así grandemente a la democratización participativa de la sociedad panameña; al tiempo que se ganaría en una ética política más aceptable; particularmente por el vacío que de ella tenemos ahora en ese campo.
A nuestra manera de percibir su presentación inicial, sí nos parece necesario, reconocerle sus pecados, para de allí en adelante asumir las decisiones que correspondan. Pero esto tiene que ser hoy; no mañana.
Hoy, ante la acertada calificación de "capitalismo salvaje" que diera el Papa de Roma a la asfixiante globalización monetaria con la que, agregamos, predominantemente y con nombre propio, países como Estados Unidos de Norteamérica, algunos de Europa y Japón están llevando a más del ochenta por ciento de la población mundial a la miseria, cada división estatal, tiene por dignidad, que asumir sus propias iniciativas de recuperación.
La inercia, frente al desdibujamiento que de manera muy consciente se efectúa contra las soberanías de los estados pequeños, arrinconándolos hacia una dependencia alterna, por quienes usufructan cuasi coercitivamente la llamada tecnología de punta y sus nuevos megamercados que ya han trastocado la economía mundo con sus esquemas globalizantes, es fatal ahora y lo será mucho más, en la medida en que tales sectores de poder afinen más y mejor sus exigencias trasnacionales.
Por ello, en lo interno, como un nativo de la provincia del Darién, la división territorial provincial más extensa y la menos costosa por su desatención ya histórica, observamos como un buen punto inicial, la idea que debe hacerse realidad, de determinar por ley, la disminución de lo que para las grandes mayorías de personas humildes, representan salarios de fábulas; fabulosos; de cuentos de hadas.
Salarios mensuales de diez mil balboas, deben ser considerados, como la gula, un pecado. Pero un pecado evitable. Y esto es, mediante disposición general de salarios que limite hasta cinco mil balboas (B/5000.00) el máximo ingreso que debe recibir del Estado, el funcionario más encumbrado. De allí hacia abajo, que se sigan haciendo las adecuaciones pertinentes; aunque sin caer en desajustes a personal medio que apenas viven moderadamente; como los educadores, enfermeras, médicos, secretarias y personal medio.
Realmente, entenderíamos mejor la existencia de lo que para muchos es actualmente una pandilla de vividores de las arcas nacionales que amparados bajo el nombre de legisladores se reúnen en asamblea periódicamente para atender sus mejores intereses, si dichas personas aprueban esta legislación de saneamiento de la moral de un funcionariado que en los tres órganos estatales, se destaca más por los ingresos directos e indirectos que reciben, que por la gestión que en beneficio de la colectividad se pueda derivar de ellos. Esto, debe hacerse hoy. Las mayorías nacionales lo percibiríamos muy bien.
Con esa misma urgencia de hoy, y dentro de esa incipiente fase de moralización que pareciera asomarse por el palacio en el que se pretende honrar al doctor Justo Arosemena, -quien en su momento rechazara la presidencia del Estado Federal, siendo él su gestor- invitamos a los miembros de lo que podría ser esa augusta cámara, a que aprueben la limitación a un solo período la conformación de sus miembros; o en otras palabras, que mediante ley se señale que los legisladores no podrán ser reelegidos consecutivamente.
Contribuirían así grandemente a la democratización participativa de la sociedad panameña; al tiempo que se ganaría en una ética política más aceptable; particularmente por el vacío que de ella tenemos ahora en ese campo.