"A grandes males, grandes remedios"
Siempre nuestros antepasados nos guiaban con máximas como la que he usado para titular mi artículo de hoy. A pesar de la situación de desasosiego en que vivimos, a pesar de lo que a diario vemos que no solamente se vive en nuestro país, sino que la nación más poderosa del mundo se estremece por la ola de desaciertos financieros, es tiempo de que los que tienen a su cargo las riendas del Estado comiencen a mirar el futuro, y no crean que lo que viene aconteciendo no les alcanzará y vivirán en la opulencia por toda la vida.
He visto personas que se han caracterizado por sus éxitos que de la noche a la mañana se derrumban, porque sus cimientos nos son lo suficiente fuertes para sostenerlos, por haber vivido en la opulencia y no tuvieron la previsión de hacer sus reservas para los tiempos malos.
Conocí de primera mano a los bananeros independientes de Chiriquí. Eran los nuevos ricos, que ostentaban viviendas y automóviles de primera, y muchos de ellos hoy están en la ruina y, lo que es peor, dejaron de cumplir con los compromisos de prestaciones sociales de sus empleados, que a la postre siempre resultan los más perjudicados cuando colapsan las empresas.
Se habla de que la crisis que envuelve a la nación norteña es similar a la de 1929 y esto por añadidura nos incluye a todos los países nuestros, pequeños capitalistas que dependemos en gran parte de la economía norteamericana, pero no podemos cruzarnos de brazos.
Nuestro país va rumbo al despeñadero. Por más que se diga que la economía está en franca recuperación, hasta la fecha nada de esto se puede dar como cierto.
Es necesario que surja un líder, que sea exitoso y honesto, que se encargue de sacarnos del marasmo en que vivimos. No creo que lo encontremos dentro de los partidos políticos, altamente corrompidos. Se necesita sangre no comprometida, que a la hora de tomar las riendas no tenga la obligación de tapar faltas, sino de proceder de acuerdo con nuestras leyes y que los que hayan delinquido, que les caiga el peso de la ley.
Es posible que se me tilde de iluso, porque siempre se ha dicho que a nuestro país no lo compone nadie, mas esto no es una realidad.
Si ponemos en una balanza los honestos y los deshonestos, ésta se caerá a favor de los primeros, porque la gran mayoría de la población no comulga con actos delictivos.
La historia de nuestra nación no la podemos cambiar. Con todos los defectos y virtudes, siempre hemos sido un pueblo de avanzada y no es el gobierno de turno quien nos puede sacar a flote, son los ciudadanos de valía que los hay muchos y que están dispuestos a no permitir que colapsemos.
De nuestra empresa privada, donde hay mayoría de gente sin tacha, saldrá el líder salvador de la nación, llamado a llevarnos por el camino del bien. No es necesario que éste camine el país para ser conocido. "Por sus hechos los conoceréis", reza el sabio refrán y el pueblo, que es igual de sabio, sabrá respaldarlo.
He visto personas que se han caracterizado por sus éxitos que de la noche a la mañana se derrumban, porque sus cimientos nos son lo suficiente fuertes para sostenerlos, por haber vivido en la opulencia y no tuvieron la previsión de hacer sus reservas para los tiempos malos.
Conocí de primera mano a los bananeros independientes de Chiriquí. Eran los nuevos ricos, que ostentaban viviendas y automóviles de primera, y muchos de ellos hoy están en la ruina y, lo que es peor, dejaron de cumplir con los compromisos de prestaciones sociales de sus empleados, que a la postre siempre resultan los más perjudicados cuando colapsan las empresas.
Se habla de que la crisis que envuelve a la nación norteña es similar a la de 1929 y esto por añadidura nos incluye a todos los países nuestros, pequeños capitalistas que dependemos en gran parte de la economía norteamericana, pero no podemos cruzarnos de brazos.
Nuestro país va rumbo al despeñadero. Por más que se diga que la economía está en franca recuperación, hasta la fecha nada de esto se puede dar como cierto.
Es necesario que surja un líder, que sea exitoso y honesto, que se encargue de sacarnos del marasmo en que vivimos. No creo que lo encontremos dentro de los partidos políticos, altamente corrompidos. Se necesita sangre no comprometida, que a la hora de tomar las riendas no tenga la obligación de tapar faltas, sino de proceder de acuerdo con nuestras leyes y que los que hayan delinquido, que les caiga el peso de la ley.
Es posible que se me tilde de iluso, porque siempre se ha dicho que a nuestro país no lo compone nadie, mas esto no es una realidad.
Si ponemos en una balanza los honestos y los deshonestos, ésta se caerá a favor de los primeros, porque la gran mayoría de la población no comulga con actos delictivos.
La historia de nuestra nación no la podemos cambiar. Con todos los defectos y virtudes, siempre hemos sido un pueblo de avanzada y no es el gobierno de turno quien nos puede sacar a flote, son los ciudadanos de valía que los hay muchos y que están dispuestos a no permitir que colapsemos.
De nuestra empresa privada, donde hay mayoría de gente sin tacha, saldrá el líder salvador de la nación, llamado a llevarnos por el camino del bien. No es necesario que éste camine el país para ser conocido. "Por sus hechos los conoceréis", reza el sabio refrán y el pueblo, que es igual de sabio, sabrá respaldarlo.