Grandes oportunidades en terceras posiciones
Existen situaciones o lugares en donde encontramos algo o alguien de más; igual los hallamos en donde falta algo o alguien. En ambos casos se dificulta el bienestar, el equilibrio o la convivencia pacífica. Fíjense que cuando existe una pareja, faltan los hijos; es decir que más de dos es un número aceptable.
Si esto es correcto, no es conveniente la existencia de sólo dos partidos políticos grandes que se alternen en el poder, se entiendan arriba, encima de las bases o de los partidos chicos, y se repartan los haberes del país. Sinceramente pienso que es contraproducente para una democracia la alternabilidad de sólo dos partidos fuertes. ¿Qué sucede en países como Colombia? Existe un desgaste de liberales y conservadores que los está llevando al despeñadero político y social. ¿Qué sucede en Venezuela? Tuvieron una alternabilidad de poder y facciones políticas hasta que el desgaste apareció y no encontraron relevo político que permitiera la conservación de ese sistema. Dios quiera que el personaje que salió como salvador de la negatividad representada en los grandes partidos, no resulte un dictador que se perpetúe en el poder.
Esto quisiera evitar para Panamá. Si los ejemplos son varios, si los tenemos palpables en nuestros hermanos, ¿por qué repetirlos o permitir que sucedan? Sería una estupidez imperdonable, una falta de visión política que nos castigaría llevándonos irremediablemente a la corrupción, al abuso de poder, a la pérdida de liderazgo.
Los peligros del bipartidismo no terminan allí. Si ustedes, queridos lectores, no son arnulfistas o PRD y quieren incursionar en política, qué harían. ¿Entrar a un partido pequeño sin futuro, sin posibilidades de ser alguien, de ser un líder político? Es difícil alcanzar posiciones cuando no se es más que una manchita. ¿Saben a qué puede llevar esta relegación? Tal vez a venderse al mejor postor, a tomar algo de poder por la toma en sí, no por convicción o por méritos.
Sin un porvenir político, sin vislumbrar un camino abierto para el tránsito político, viene la frustración de generaciones, la pérdida de posibilidades como sucedió durante la dictadura militar. Aquellos que hubieran deseado ser políticos se abstienen de participar por no vislumbrar expectativas que permitan el acceso al poder.
Soy fiel creyente del pluralismo, de la multiparticipación, pero en igualdad de condiciones. Si vamos a un encuentro, que sea frente a frente. Tres o cuatro grandes partidos capaces de encontrarse como iguales. Por esto creo en la creación de nuevas fuerzas que se las vea con las ya existentes. Evitaría la corrupción, el aprovechamiento de la gente; habría más respeto a los derechos humanos, permitiría a los independientes escoger entre más opciones sin que se sientan obligados por una o por la otra; sería el equilibrio de la balanza.
Nuestros países no están todavía formados para el bipartidismo. La libertad de elección no debe estar limitada a dos posibilidades. Quien quita que en la tercera o cuarta agrupación encontremos los líderes, los estadistas que enrumben correctamente al país. Los nuevos políticos no quieren entrar donde ya no encuentren sitios que están ocupados por quienes tienen años de militancia.
Demos pues, esa oportunidad, esa libertad, ese derecho a los panameños.
Si esto es correcto, no es conveniente la existencia de sólo dos partidos políticos grandes que se alternen en el poder, se entiendan arriba, encima de las bases o de los partidos chicos, y se repartan los haberes del país. Sinceramente pienso que es contraproducente para una democracia la alternabilidad de sólo dos partidos fuertes. ¿Qué sucede en países como Colombia? Existe un desgaste de liberales y conservadores que los está llevando al despeñadero político y social. ¿Qué sucede en Venezuela? Tuvieron una alternabilidad de poder y facciones políticas hasta que el desgaste apareció y no encontraron relevo político que permitiera la conservación de ese sistema. Dios quiera que el personaje que salió como salvador de la negatividad representada en los grandes partidos, no resulte un dictador que se perpetúe en el poder.
Esto quisiera evitar para Panamá. Si los ejemplos son varios, si los tenemos palpables en nuestros hermanos, ¿por qué repetirlos o permitir que sucedan? Sería una estupidez imperdonable, una falta de visión política que nos castigaría llevándonos irremediablemente a la corrupción, al abuso de poder, a la pérdida de liderazgo.
Los peligros del bipartidismo no terminan allí. Si ustedes, queridos lectores, no son arnulfistas o PRD y quieren incursionar en política, qué harían. ¿Entrar a un partido pequeño sin futuro, sin posibilidades de ser alguien, de ser un líder político? Es difícil alcanzar posiciones cuando no se es más que una manchita. ¿Saben a qué puede llevar esta relegación? Tal vez a venderse al mejor postor, a tomar algo de poder por la toma en sí, no por convicción o por méritos.
Sin un porvenir político, sin vislumbrar un camino abierto para el tránsito político, viene la frustración de generaciones, la pérdida de posibilidades como sucedió durante la dictadura militar. Aquellos que hubieran deseado ser políticos se abstienen de participar por no vislumbrar expectativas que permitan el acceso al poder.
Soy fiel creyente del pluralismo, de la multiparticipación, pero en igualdad de condiciones. Si vamos a un encuentro, que sea frente a frente. Tres o cuatro grandes partidos capaces de encontrarse como iguales. Por esto creo en la creación de nuevas fuerzas que se las vea con las ya existentes. Evitaría la corrupción, el aprovechamiento de la gente; habría más respeto a los derechos humanos, permitiría a los independientes escoger entre más opciones sin que se sientan obligados por una o por la otra; sería el equilibrio de la balanza.
Nuestros países no están todavía formados para el bipartidismo. La libertad de elección no debe estar limitada a dos posibilidades. Quien quita que en la tercera o cuarta agrupación encontremos los líderes, los estadistas que enrumben correctamente al país. Los nuevos políticos no quieren entrar donde ya no encuentren sitios que están ocupados por quienes tienen años de militancia.
Demos pues, esa oportunidad, esa libertad, ese derecho a los panameños.