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Grandes problemas en el país


Todos los días nos despertamos los panameños con un nuevo problema que empuja al país al centro de la tierra, porque nos hundimos tanto que llegará el momento en que nadie quedará exento de culpabilidad en los casos de corrupción. El caso CEMIS, que tanto dio que hablar en el momento que debía ser aprobado, que envolvió a muchas personas y quedaron sucios muchos, aunque crean que salieron ilesos, ha desatado un nuevo dolor de cabeza con la decisión de la Corte Suprema de Justicia de archivar ese caso y el de los magistrados que fueron nombrados últimamente.
Desde la época de la dictadura militar, y hay quienes no quieren escuchar nada que los envuelva, se entronizó la corrupción, el juega vivo, el paternalismo, el populismo y muchas otras cosas negativas. Se ha arraigado en tal forma que todo mundo se siente con derecho a robar, a desfalcar al fisco, a girar cheques falsos y sin fondo como lo hizo Luis Lescure contra mi persona. Pero lo peor es cuando la justicia los exime de culpabilidad porque son tan corruptos como los delincuentes. Estamos acostumbrados a que aquí no pasa nada y la impunidad priva sobre los valores cívicos y morales y, lo peor es que nos hemos acostumbrado a que así sea, de forma tal que todo sigue igual y la sociedad acepta a aquellos que delinquen con sus defectos sin importar lo que han hecho. ¿Hasta cuándo seguiremos con esta situación en perjuicio del país entero y de las personas decentes?
Pero, es que este gobierno no sale de una metida de pata para entrar en otra; es que es imperdonable que no nos quede ni un Organo del Estado limpio de asperezas ni que pueda levantar la cabeza en alto. Si bien es cierto que tres magistrados salvaron su voto, no quita el mal nombre que ha adquirido la Corte y todos sus componentes. No crean que la negación los exime del todo de culpabilidad; ellos son parte de una institución que está enferma y no podemos separarla de ellos. ¿Será necesaria la renuncia de algunos magistrados, aunque ni así se limpiaría? El Organo Legislativo ha caído en tal forma que ya se generaliza en sus actuaciones. El Ejecutivo es, tal vez, el más golpeado. Recuerdo cuando conocer a un magistrado de la Corte era algo grandioso porque eran personas casi superiores. Ahora son seres humanos iguales que nosotros y que, si se portan mal, se comprende que así sea. Cuando un ministro de Estado llegaba a Las Tablas, era un acontecimiento en el poblado porque, en general eran hombres respetados y serios. Hoy no se respeta a nadie porque ellos no se hacen respetar. Hace unos días escuché a Astrid Wolf decir que unos inversionistas se alejaron de Panamá sin invertir ni medio por las coimas que algunas personas de este gobierno le cobraban. ¿Cómo queremos que venga dinero fresco? ¿Es que no existen personas probas que lleguen al gobierno sin embarrarse de porquería?
Pienso si el escándalo que el contralor ha sacado sobre Hugo Torrijos lo hizo para ocultar lo del CEMIS pues, desde que ese señor trabajaba en la Portuaria se decía que tenía cosas obscuras. ¿Han esperado cuatro años para descubrir el agua tibia o lo sabían y lo ocultaban para chantaje y en espera de reciprocidad? Pero, poco se ha hablado de Torrijos y se continúa con el proyecto de Colón. ¿Tendrán de veras pruebas o buscan dar más circo al pueblo donde mueran más gladiadores?
Todo es una vergüenza, todo es un bochorno, una bofetada a los panameños decentes que ahora estamos en la duda en cuanto a lo que se nos dice y se nos quiere hacer creer. Lo peor es que gritamos hasta enronquecer porque la embajadora dijo la verdad. No es la persona sino lo que dijo que nos dolió. Pero es la realidad y es hora de encontrar gobernantes que respondan de sus hechos con dignidad y honestidad sin que los miremos como la implantación de la corrupción.

101 años de Panamá América

 
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