"Greenhouse effect"
En los últimos cien años, la temperatura en este planeta Tierra ha aumentado un grado Fahrenheit. Aunque la cantidad no es apreciable, su efecto lo es. Por ejemplo, un cambio similar causó que agricultores en Europa abandonaran sus sembradíos desde el año 1570 hasta 1730. El Efecto Invernadero o Greenhouse Effect es el proceso que ha permitido que los humanos hayan aprovechado un nicho en los cuatro mil millones de años en que se conoce ha existido vida en este planeta. El problema radica en que ese mismo desarrollo es el que hoy en día pareciera estar amenazando la eficiencia de este proceso climatológico y por ende la sobrevivencia de nuestra especie.
En general, el Efecto Invernadero es el que permite que este planeta capture la energía solar después que rebota contra nuestro suelo. Sin la atmósfera, el promedio de la temperatura en el globo terráqueo sería cero grados Fahrenheit en vez de 59 grados. Sin la atmósfera, la luz del sol y su energía rebotarían contra la tierra sin impedimento hacia el espacio.
Con la atmósfera, sólo una fracción de dicha energía escapa al espacio y el resto es capturado por los gases en el aire, incluyendo el vapor, dióxido de carbono y metano. A medida que estos gases se calientan, parte del calor recae nuevamente sobre la tierra. El proceso entero se denomina el Efecto Invernadero y su principal motor es el gas que predomina en la atmósfera, el vapor.
Entre más calor hay, más vapor existe en la atmósfera debido a la evaporación del agua de los mares y lagos. Así, el Efecto Invernadero se intensifica provocando un calentamiento de la atmósfera. El ser humano tiene muy poco control sobre el volumen de agua en la atmósfera, pero sí generamos otros gases que intensifican el Efecto Invernadero.
Nuestras actividades en este planeta producen dióxido de carbono y metano, entre otros. Nuestra explotación y uso de recursos naturales como el petróleo y sus derivados producen cantidades apreciables de dióxido de carbono. Se ha estimado que para mediados del próximo Siglo los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera serán el doble que los existentes antes de la Revolución Industrial del Siglo XIX. El segundo de estos gases à el metano - proviene de bacterias en los arrozales, vertederos de basura, ganadería y la producción de combustibles, entre otros.
El Panel Intergubernamental sobre Cambios Climatológicos auspiciado por la Naciones Unidas concluyó en 1995 que el ser humano ha tenido una influencia en el clima global. Ya hay suficiente información y evidencia para aceptar dicha conclusión. Ahora resta tomar las medidas que permitan florecer y permanecer en este planeta a esta generación y las venideras. Aunque nosotros no suframos las consecuencias, nuestras actividades hoy podrían condenar a que nuestros hijos y nietos no vean a los suyos crecer y desarrollarse.
En general, el Efecto Invernadero es el que permite que este planeta capture la energía solar después que rebota contra nuestro suelo. Sin la atmósfera, el promedio de la temperatura en el globo terráqueo sería cero grados Fahrenheit en vez de 59 grados. Sin la atmósfera, la luz del sol y su energía rebotarían contra la tierra sin impedimento hacia el espacio.
Con la atmósfera, sólo una fracción de dicha energía escapa al espacio y el resto es capturado por los gases en el aire, incluyendo el vapor, dióxido de carbono y metano. A medida que estos gases se calientan, parte del calor recae nuevamente sobre la tierra. El proceso entero se denomina el Efecto Invernadero y su principal motor es el gas que predomina en la atmósfera, el vapor.
Entre más calor hay, más vapor existe en la atmósfera debido a la evaporación del agua de los mares y lagos. Así, el Efecto Invernadero se intensifica provocando un calentamiento de la atmósfera. El ser humano tiene muy poco control sobre el volumen de agua en la atmósfera, pero sí generamos otros gases que intensifican el Efecto Invernadero.
Nuestras actividades en este planeta producen dióxido de carbono y metano, entre otros. Nuestra explotación y uso de recursos naturales como el petróleo y sus derivados producen cantidades apreciables de dióxido de carbono. Se ha estimado que para mediados del próximo Siglo los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera serán el doble que los existentes antes de la Revolución Industrial del Siglo XIX. El segundo de estos gases à el metano - proviene de bacterias en los arrozales, vertederos de basura, ganadería y la producción de combustibles, entre otros.
El Panel Intergubernamental sobre Cambios Climatológicos auspiciado por la Naciones Unidas concluyó en 1995 que el ser humano ha tenido una influencia en el clima global. Ya hay suficiente información y evidencia para aceptar dicha conclusión. Ahora resta tomar las medidas que permitan florecer y permanecer en este planeta a esta generación y las venideras. Aunque nosotros no suframos las consecuencias, nuestras actividades hoy podrían condenar a que nuestros hijos y nietos no vean a los suyos crecer y desarrollarse.