Grupo de Río: ausencia inexplicable
Después de haber sido país pionero en la creación del Grupo de Río -primero fue Contadora y después el Grupo de los 8-, la República de Panamá fue expulsada del importante foro de los presidentes latinoamericanos como represalia por las barbaridades de la dictadura militar. Cuando regresó la democracia, mucho trabajo le costó a la Cancillería durante el gobierno de Guillermo Endara gestionar su reingreso al foro. Algunos países, México entre éstos, pretendían que Panamá fuera parte del grupo de países centroamericanos y no tuviera representación como Estado soberano. Afortunadamente, gracias a las gestiones del entonces ministro de Relaciones Exteriores, José Raúl Mulino, Panamá fue aceptada nuevamente en el Grupo de Río. Estos antecedentes diplomáticos se deben tener en cuenta para contrastarlos con la forma en que el gobierno asume su presencia en el Grupo de Río. La presidenta de la República, Mireya Moscoso, prefirió acudir a la toma de posesión del mandatario argentino Néstor Kirchner y no fue a la reunión del Grupo de Río, en Cusco, Perú. En su lugar viajó el primer vicepresidente Arturo Vallarino.
Conjuntamente con las cumbres iberoamericanas, las reuniones del Grupo de Río constituyen los foros más trascendentales de los estadistas del hemisferio. Los mandatarios dialogan en torno a los problemas regionales y adoptan decisiones, después de sopesar con sus asesores los temas relevantes de la agenda hemisférica. En Cusco, los líderes de 19 países suscribieron una declaración en la que se asevera que mientras la pobreza y el terrorismo se aferren en la región, la gobernabilidad de los Estados democráticos correrá riesgos muy serios. Asimismo, el Grupo de Río solicitó al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que formule una nueva exhortación a las fuerzas militares guerrilleras a cesar la lucha armada y que si no obtiene respuesta, se estudien otras alternativas de solución.
Entre esas alternativas no se descarta el envío de Cascos Azules a territorio colombiano, posibilitándose su presencia en la frontera con Panamá. ¿ No justifica el tratamiento de estos temas de incidencia en la seguridad panameña la presencia de la Presidenta de la República? ¿ No es importante el diálogo persona a persona con los jefes de estado del Grupo de Río? La opinión pública desearía conocer las razones diplomáticas y políticas de la ausencia en el Grupo de Río.
Sin embargo, Taiwán no puede compartir provechosamente todos sus éxitos y recursos en materia de salud con el resto de la humanidad porque, a partir de 1972, ha sido marginada de la Organización Mundial de la Salud, cuando fue forzada a abandonar esa organización como resultado de la admisión de la República Popular China a la ONU. Desde entonces, también tiene oficialmente negada la información, cooperación, contribuciones y beneficios del sistema global en políticas de salud, así como el intercambio tecnológico y el monitoreo, la prevención y cura de enfermedades epidémicas.
Semejante situación ha socavado, en ciertos momentos, la salud y bienestar de los taiwaneses. Tal como sucedió en 1998 cuando se impidió que expertos de la OMS ayudaran a Taiwán a combatir un mortal brote de enterovirus. Y al año siguiente, al obstaculizarse el embarque de equipamiento médico de emergencia y la asistencia en el rescate que la Cruz Roja Internacional y la Federación de Rusia ofrecían a los damnificados del devastador terremoto que dejó más de 2,400 muertos y 10,000 heridos.
La exclusión de Taiwán de la OMS es una injusticia internacional no sólo para los 23 millones de habitantes de la isla; sino también para todos los que poblamos la Tierra, porque crea un vacío en la prevención y propagación de enfermedades, como la que nos agobia hoy.
Conjuntamente con las cumbres iberoamericanas, las reuniones del Grupo de Río constituyen los foros más trascendentales de los estadistas del hemisferio. Los mandatarios dialogan en torno a los problemas regionales y adoptan decisiones, después de sopesar con sus asesores los temas relevantes de la agenda hemisférica. En Cusco, los líderes de 19 países suscribieron una declaración en la que se asevera que mientras la pobreza y el terrorismo se aferren en la región, la gobernabilidad de los Estados democráticos correrá riesgos muy serios. Asimismo, el Grupo de Río solicitó al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, que formule una nueva exhortación a las fuerzas militares guerrilleras a cesar la lucha armada y que si no obtiene respuesta, se estudien otras alternativas de solución.
Entre esas alternativas no se descarta el envío de Cascos Azules a territorio colombiano, posibilitándose su presencia en la frontera con Panamá. ¿ No justifica el tratamiento de estos temas de incidencia en la seguridad panameña la presencia de la Presidenta de la República? ¿ No es importante el diálogo persona a persona con los jefes de estado del Grupo de Río? La opinión pública desearía conocer las razones diplomáticas y políticas de la ausencia en el Grupo de Río.
Sin embargo, Taiwán no puede compartir provechosamente todos sus éxitos y recursos en materia de salud con el resto de la humanidad porque, a partir de 1972, ha sido marginada de la Organización Mundial de la Salud, cuando fue forzada a abandonar esa organización como resultado de la admisión de la República Popular China a la ONU. Desde entonces, también tiene oficialmente negada la información, cooperación, contribuciones y beneficios del sistema global en políticas de salud, así como el intercambio tecnológico y el monitoreo, la prevención y cura de enfermedades epidémicas.
Semejante situación ha socavado, en ciertos momentos, la salud y bienestar de los taiwaneses. Tal como sucedió en 1998 cuando se impidió que expertos de la OMS ayudaran a Taiwán a combatir un mortal brote de enterovirus. Y al año siguiente, al obstaculizarse el embarque de equipamiento médico de emergencia y la asistencia en el rescate que la Cruz Roja Internacional y la Federación de Rusia ofrecían a los damnificados del devastador terremoto que dejó más de 2,400 muertos y 10,000 heridos.
La exclusión de Taiwán de la OMS es una injusticia internacional no sólo para los 23 millones de habitantes de la isla; sino también para todos los que poblamos la Tierra, porque crea un vacío en la prevención y propagación de enfermedades, como la que nos agobia hoy.